Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Los Problemas de B. Obama
Leonardo Girondella Mora
24 marzo 2008
Sección: GOBERNANTES, Sección: Asuntos
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Una situación en los EEUU —y que ha sido muy poco tratada en medios fuera de ese país — merece ser vista desde un panorama amplio para encontrar principios de aplicación universal.

La situación es, en resumen, la siguiente. Primero, B. Obama está compitiendo por la candidatura de los Demócratas y H. Clinton es su rival único. Obama estaba ganando con cierta claridad hasta que sucedió lo inesperado y que es lo más natural que acontezca. Resumo eso inesperado.

Obama pertenece a la una iglesia en Chicago, la Trinity United Church of Christ —que es una con asistentes de raza negra. El pastor de esa iglesia es el reverendo Jeremiah A. Wright Jr., quien ha sido amigo y consejero de Obama por muchos años, unos 20. Hasta aquí, nada de particular. Todo lo contrario, es lo que se esperaría de cualquier candidato.

Pero resulta que Wright da sermones, desde luego —pero algunas de sus ideas son bastante extremas y radicales. Ha dicho que el virus del SIDA fue una creación intencional del gobierno americano para atacar a los de su raza, que los EEUU son los mayores asesinos del mundo, que han bombardeado otros países, que han tratado alterar la opinión pública en contra de Castro y Ghadafi, que han mandado a prisión a Mandela y apoyado al apartheid, que creen en la superioridad blanca más que creer en Dios, que apoyan el sionismo, que mantienen en la pobreza a otros países, que los atentados del 2001 eran merecidos. Más aún, a finales del año pasado, el reverendo dio un premio a Louis Farrakhan, un extremista musulmán.

Me imagino que muchos endosarán con entusiasmo las opiniones del reverendo y que también muchos otros las desecharán —pero ese no es el problema: el problema es que Obama es un candidato a la presidencia de EEUU y está ligado a alguien con el que no precisamente simpatizarían los votantes de ese país. Basta imaginarse la situación en cualquier otro país.

Por ejemplo, las pasadas elecciones en México, o en Argentina, con uno de los candidatos teniendo a un consejero de años que cree las peores cosas de su país —sería un pasivo importante para ese candidato. Al principio, en esta situación, Obama negó haber estado presente en los momentos en los que le reverendo dijo tales cosas y más tarde, reconoció que sí las había oído en un discurso que fue considerado mágico por sus partidarios y no suficientemente claro para el resto.

En resumen, Obama enfrenta una situación seria —una de las peores que puede enfrentar un candidato, el estar asociado con personajes, valores y creencias que son anatema para los votantes o un grupo grande de ellos. En algunos de los resultados de encuestas posteriores a esto, Obama ha sufrido las consecuencias y su victoria no es tan clara como antes. Buena cantidad de votantes independientes se han alejado de él y hay indicaciones de crecimiento en las preferencias por McCain.

Del bochinche que esta situación presenta, hay dos lecciones que deben señalarse.

La primera es la más clara —las elecciones políticas están llenas de sorpresas y esa es su naturaleza, por lo que predecir resultados es un ejercicio inútil pero muy animado en algunas conversaciones. En lo personal fui testigo de algunas de ellas cuando se realizaron las mexicanas: en ninguna de ellas se dijo nada de lo que en realidad sucedió y sólo una persona dijo algo razonable —que había sólo dos candidatos con posibilidades y que predecir quién ganaría era imposible.

La segunda lección es una de tácticas de campaña —lo peor que puede pasar a un candidato es verse asociado con ideas que los electores consideran intolerables. Un candidato puede soportar tener una campaña asentada en un programa malo de acciones —como lo tuvieron todos los candidatos mexicanos en 2006—, pero eso no lo daña tanto como esa asociación con lo rechazado por los electores.

Pero hay otras lecciones a aprender también —si se observan los datos de cobertura de la noticia, en lo general se ve que Obama ha sido tratado con benevolencia —se ha hablado de la Obamamanía de los medios—, aunque aún así, sí ha sufrido los efectos de la situación. Obviamente, coincidir con las creencias políticas de los reporteros tiene sus ventajas. También, se corrobora que la ambigüedad de las promesas electorales y las promesas electorales exageradas no tienen consecuencias negativas —al parecer muy pocos electores reconocen esos defectos.

En total, no es posible predecir quién ganará esas elecciones —un candidato ya está definido y está trabajando con ardor; del otro lado, la candidatura no está definida y uno de los candidatos enfrenta un problema severo, cuyas consecuencias netas tampoco pueden predecirse. Sin embargo, en medio de toda la incertidumbre, sí es posible aprender algo, esas dos lecciones.

Addenda

En mi experiencia, las ideas del reverendo serán como miel en los oídos de la izquierda de América Latina —muchos de sus partidarios han repetido la letanía del reverendo por años y por eso, tal vez, apoyarán la candidatura de Obama.

Por mi parte, esa es una lista de clisés extremistas que suenan muy bien en los discursos simples, pero que impiden analizar la realidad: el simplismo desafortunadamente no es de ayuda en el estudio de la verdad. Pero reitero que el problema no es ése —no interesa si alguien está de acuerdo o no con el pastor— lo que interesa es el efecto que sus ideas tienen en un candidato de ese país.


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