Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Más Miopía Gubernamental
Eduardo García Gaspar
10 diciembre 2008
Sección: EFECTOS NO INTENCIONALES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Los medios trabajan suponiendo algo sobre sus audiencias. Unos piensan que la gente recibe la información sin gran juicio. Otros piensan lo opuesto, que buena parte de la gente sí piensa acerca de la información que contienen los medios. Un buen ejemplo para ilustrar esto fue la noticia del 3 de diciembre pasado (El Universal).

En resumen, el gobierno de la capital mexicana pide una serie de medidas: suspensión de la venta de tragos en establecimientos a las 2:30 am, prohibición de barras libres, la venta de bebida embotellada prohibida después de las 12:00 am, cierre de los after hours, que abrían a las 2:00 am. ¿Suena bien?

Desde luego. Aunque la nota no lo señala, puede suponerse que lo que se desea es reducir el consumo del alcohol, o mejor dicho, su abuso y mucho más en especial las consecuencias que él tiene, como accidentes de tránsito. La meta que se persigue no tiene nada de malo, al contrario. Pero si nos quedamos en aprobar las cosas por la intención que tienen, casi todo sería aconsejable.

Los lectores pasivos aprobarán la medida sin mayor análisis, darán un aplauso a la autoridad y quedarán muy satisfechos. No harán eso los lectores activos, los que con cierta inquietud harán la pregunta lógica que sigue: ¿Será el remedio peor que la enfermedad?

Podría serlo. Un ejemplo: si la hora de cierre de bares es igual para todos, miles de clientes tenderán a beber más en ese momento, tomando “la última antes de que cierren” por sugestión del mesero o iniciativa propia. Y el tránsito de autos con personas con esa copa de más se concentrará en un cierto período de tiempo, en los minutos siguientes a la hora reglamentada de cierre, haciendo más probable un aumento de accidentes automovilísticos.

No son especulaciones. Cosas similares pasaron en Escocia al tenerse una hora fija de cierre. La gente bebía otra copa que quizá no hubiera tomado sin límite de horario y los conductores bebidos se acumulaban en las calles después de esas horas. Por su parte, el cierre de la venta de botella cerrada en comercio da entrada a una oportunidad de negocio bajo el agua: botellas más caras, en lugares menos seguros, financiando el negocio criminal.

Para el lector pasivo, la noticia será seguramente una buena. Sea alegrará de que la autoridad haga algo. Pero el lector activo echará su imaginación al vuelo y quizá llegue a pensar en otros efectos negativos y no intencionales. Por ejemplo, la corrupción de la policía, permitiendo por un cierto precio cerrar después de la hora permitida.

El tema es el de los efectos no intencionales de las buenas intenciones, y bien vale una segunda opinión. Por principio, debe señalarse que el gobierno de la capital mexicana no ha analizado correctamente el problema, por lo menos hasta el día del reporte. Es asombroso que no lo haga porque es su responsabilidad hacerlo: tomar medidas con efectos colaterales mínimos.

Es disculpable que eso no lo haga un lector, porque después de todo, él no tiene ni la decisión ni la responsabilidad. Pero resulta muy digo de ser notado que esas consecuencias imprevistas que puede razonar casi cualquier lector activo, sean ignoradas por quien debía ser el primero en preverlas.

Si el objetivo es disminuir los efectos del abuso del alcohol, la autoridad debe tener la imaginación y el talento suficiente para decidir hacer lo que más efecto logre con las menores consecuencias laterales indeseables. Ya fueron apuntadas algunas de ellas. Lo que queda por hacer es tratar de imaginar las medidas que más convienen.

Es requisito de ellas que estén dirigidas directamente al culpable del abuso, no a terceros. Este requisito es violado por las propuestas mencionadas: castigan a los establecimientos, que son terceros, y no se dirigen a quienes consumen en demasía. Otro requisito es el de elevar los costos del culpable: hacer que él sufra las consecuencias, por ejemplo con penas legales fuertes. Se llaman incentivos negativos y esas prohibiciones no los tienen.

Y ellas necesitan una infraestructura policiaca y judicial razonablemente sana, de lo contrario serían imposibles de implantar. Por lo que se sabe, la capital mexicana no cuenta con esa infraestructura, lo que le impide dirigir los castigos a los culpables. Le queda la única salida: tener chivos expiatorios, terceros.  Total, otra medida miope.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.



No hay comentarios en “Más Miopía Gubernamental”
  1. Salvador Dijo:

    Me parece una excelente exposición del tema.
    No están los más aptos a cargo de buena parte de la nación.





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