Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Más Regla Que Excepción
Eduardo García Gaspar
2 diciembre 2008
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
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La del viernes pasado no fue una noticia de ésas a las que estamos acostumbrados. Fue reportado que un senador del PRD recomendó que se haga un cambio a la constitución mexicana: todos los que aspiren a ocupar puestos de lección popular deben presentar exámenes de salud, física y mental, además de pruebas de consumo de drogas y alcoholismo.

El antecedente de la noticia fue otra, la que afirmó que Fox, el anterior presidente, tenía trastornos de personalidad, lo que sea que ello signifique. Las pruebas por las que deben pasar los candidatos, según Ricardo Monreal, deben ser de aptitudes también, no sólo las mencionadas.

“Tuvimos a un megalómano como jefe de Estado y nadie lo contuvo… No puede seguir con tanta impunidad nuestro país siendo gobernado por gente con trastornos mentales o problemas de personalidad o narcisismo”, dijo Monreal (El Universal, 28 enero 2008).

La sugerencia haría a la constitución mexicana aún más larga y extensa, pero sobre todo, añadiría una dimensión poco frecuente: la posibilidad de encontrar rasgos de personalidad en los gobernantes. Podríamos confirmar de una vez por todas cosas como ansia de poder, sentido ético, niveles de soberbia y, lo más interesante, índices de embrutecimiento.

No sonría, es en serio. El tema del embrutecimiento del gobernante ha sido postulado como un rasgo común en ellos. Fue la historiadora Barbara Tuchman quien lo propuso hace ya varios años. Lo que ella dice es que el poder atonta y hace que los gobernantes tomen decisiones que son erróneas con consistencia.

El mecanismo es, en pocas palabras, el siguiente: la posición del gobernante es una de gran poder, de lo que hay poca duda, pero el poder produce aislamiento de la realidad, lo que genera en el gobernante fantasías que él cree ciertas. Debido al aislamiento, el gobernante crea ideas que él piensa que son reales, aunque no lo sean, y con esas ideas toma decisiones que son equivocadas por diseño.

Tuchman da ejemplos en su libro, y a esos ejemplos la idea de Monreal podría añadir otros. Claro que hay un problema. Antes de tener poder, la persona puede ser la más normal del mundo y el problema aparecerá después, una vez que haya probado el poder. Pero eso puede ser remediado si las pruebas se realizan digamos cada tres años.

Sería maravilloso ver cómo se cambia la personalidad del gobernante y cómo se va embruteciendo. Pero además, se podría generar evidencia tangible sobre otro punto de la personalidad del gobernante. Se ha dicho que el mejor de ellos es el que no quiere serlo, ése a quien no le interesa la política.

Y si eso es cierto, podría llegarse a un principio fundamental para la democracia: seleccionar como candidatos a puestos de elección popular a quienes no quieran serlo. Por ejemplo, Monreal es senador porque en buena parte quiso serlo. Esa sola intención bastaría para rechazar su solicitud (el problema sería que, después de un tiempo, quienes quieran poder, mentirían diciendo que no lo quieren).

Uno de los libros de G. K. Chesterton, El Napoleón de Notting Hill, proyecta esta idea al futuro, la elección por sorteo entre todos los ciudadanos. No hay elecciones, todo lo que se hace es una rifa del puesto de elección popular para el monarca. El sistema podría adaptarse para el resto de los puestos. Desde luego, la “democracia” de Atenas usaba sorteos también.

Son sólo especulaciones, pero no están alejadas de la realidad por una sencilla razón. Todos aquellos que aspiran a ser gobernantes tienen rasgos de personalidad que deben ser mejor conocidos. Los gobernantes afirman que lo que quieren es servir a los demás, pero eso será cierto en un número mínimo.

Es mucho más probable que tengan inclinaciones autoritarias, que quieran tener poder sobre el resto, que quieran realizar en otros sus ambiciones y proyectos, que quieran tener puestos con muy difícil evaluación de desempeño. El punto es válido: los puestos de gobierno debe ser atractivos para quienes tienen cierta personalidad.

Es probable que Monreal tenga razón y que Fox haya sido un megalómano, que el país esté siendo gobernado por narcisistas y gente con problemas de personalidad. ¿Acaso no es ese tipo de personalidades a las que atraen las posiciones de poder sobre la gente? Lo que se reveló de Fox muy seguramente es la regla, no la excepción.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.




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