Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Más Temible Que La Intolerancia
Eduardo García Gaspar
11 marzo 2008
Sección: FALSEDADES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Hay términos que son tabú en el lenguaje de lo políticamente correcto, fanatismo, fundamentalismo e intolerancia, y que son vistos como algunas de las mayores faltas capaces de existir.

Fanatismo está asociado con la creencia fundamentalista en algo, lo que sea, interpretado de manera literal e incontestable. No puede ser dudado, ni puesto en tela de juicio. Debe ser aceptado tal como es, sin condiciones.

La intolerancia tiene algo de fanatismo y de fundamentalismo, pero aplicable al trato con los demás. Es no sólo rechazo de otros considerados diferentes, sino la búsqueda de su desaparición.

No deben existir, al menos cerca de uno, esos que no piensan igual. No hay en esto opción, ni siquiera intentos de comunicación, ni de convivencia.

Sí, creo que la intolerancia y el fanatismo o fundamentalismo sean negativos, que tengan malas consecuencias. Es más, creo que son peores de lo que usualmente se supone. Desde luego, esas cosas desdeñan la razón, causan conflictos e impiden la colaboración entre humanos.

Pero hay más que eso, bastante más. Cuando alguien toma como enemigos a la intolerancia y al fanatismo, la persona corre un peligro de consideración: puede volverse partidaria de todo y perder su sentido de opinión. Me explico.

Cuando se piensa que todo el que tiene posturas definidas con respecto a algo es un fanático fundamentalista intolerante, entonces puede llegarse a pensar que lo mejor que puede suceder es aceptar todo sin límites, sea lo que sea, venga de donde venga, sea bueno o malo, verdadero o falso.

Me parece que es un riesgo grande y que causa aún mayores problemas que el simple ser intolerante o fanático. A lo que me refiero es que el rechazo extremo del fanatismo y de la intolerancia puede llevar al rechazo del uso de la razón.

Cuando las cosas son pensadas y razonadas se generan opiniones razonables y justificadas. Tener opiniones no es ser fundamentalista, ni ser intolerante. Es ser humano y usar la razón. Señalar esto bien vale una segunda opinión porque con frecuencia quien está en desacuerdo con alguien suele acusarlo de ser fundamentalista o de ser intolerante.

Hacer eso está equivocado. A lo que voy es que quizá nuestros tiempos sea unos en los que se valora el aceptar todo, lo que sea, considerando que hacer eso es estar abierto y ser moderno.

El problema, desde luego, es que el ser una persona abierta a todo puede llegar a significar que nada importa, que todo da lo mismo, que no hay nada que merezca la pena defender ni atacar.

Es una postura ilógica, porque quien defiende la apertura irrestricta necesariamente piensa que no todo se vale: ni la intolerancia, ni el fundamentalismo son aceptables. Es una postura ilógica: quien dice que todo se vale, en realidad dice que no todo se vale.

Estas consideraciones suelen ser tomadas como inútiles por las personas que se precian de ser prácticas y que por lo general son lo menos prácticas que hay. Estas consideraciones tienen una alta utilidad porque señalan errores de juicio y, por tanto, previenen errores en las decisiones.

Tome usted, por ejemplo, la letra de una canción de J. Lennon, que fue famosa. Dice ella que imaginemos que nada hay por lo que valga la pena luchar. Es la filosofía del vencido práctico que ha renunciado a ser humano.

Y es que, al final de cuentas, me parece que quien tanto ataca al fundamentalismo, a la intolerancia y al fanatismo, está cometiendo los mismos errores de los que se lamenta: es un tipo que es intolerante con todas las opiniones menos las suyas, que está interpretando todo literalmente y que es un fanático opuesto a todos los que tienen una opinión, la que sea.

Es un tipo que teme definirse, que tiene miedo a comprometerse. Su creencia es que no hay creencias.

Quizá sea que existe algo más extremo que el ser intolerante o fundamentalista, el atreverse a tener opiniones razonablemente fundamentadas y estar dispuestos a discutirlas por amor a la verdad, no por miedo a estar equivocado.

Quien esto haga debe ser un enemigo formidable para todo aquél que tenga pavor a definirse y que prefiera permanecer en esa cómoda posición de aceptar todo sin tomarse el trabajo de pensar.

Post Scriptum

Supongo que una gran obra sobre el tema sea la de Chesterton, G. K (2007). Herejes. Barcelona. El Cobre. 9788496501263, la que recomiendo ampliamente y que ha ejercido influencia en esta columna, especialmente con la idea de que lo más temible es tener opiniones razonadas.

La postura fundamentalista es en si misma criticable por renunciar al uso de la razón y a la búsqueda de la verdad. La postura intolerante es también criticable por negarse a ver lo que otros pueden aportar. Y la postura del que todo quiere aceptar sin limitaciones, es igualmente criticable, porque renuncia a pensar y es ilógica.

Pienso en mi oposición a los socialistas, pero los debo admirar porque ellos, como yo, tenemos ideas, opiniones e ideales. Nos tomamos muy en serio unos a otros. No puedo tener la misma admiración por el ser que se dice preocupado exclusivamente por las cuestiones prácticas y acepta por eso mismo lo que sea.

Fue Tocqueville quien tuvo la intuición de señalar que la libertad sin ideas que la guíen lleva a la esclavitud. Véase Brújulas De La Mente.


ContraPeso.info fue lanzado en enero de 2005 y es un proveedor de ideas e información para el interesado en buscar ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.




esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras