Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Misión: Diseño De Un Gobierno
Leonardo Girondella Mora
22 septiembre 2008
Sección: LIBERTAD POLITICA, Sección: Análisis
Catalogado en:


Si la misión que se le asignara a un grupo de expertos fuera la del diseño de un gobierno partiendo de cero, una de las primeras cosas que ellos tendrían que hacer sería el determinar rasgos del ser humano —debería tenerse una lista de tales características, como el aceptar o no que es un ser libre. Sería muy diferente un gobierno para seres libres que uno para seres sumisos.

Igualmente se tendría que determinar si todas las personas son iguales en dignidad esencial o no —de ser desiguales en su valor, un gobierno podría crear legítimamente castas de esclavos.

Lo que intento hacer a continuación es poner la atención en otro de los rasgos de las personas humanas, su imperfección —y lo que ella implica como consecuencias en la misión de diseñar un gobierno congruente con este rasgo de imperfección humana.

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La primera tarea es definir imperfección en los humanos, algo que todos los días puede constatarse, pero que requiere alguna sistematización. La imperfección puede verse en dos niveles distintos, el de los errores cometidos, por ejemplo, en el cálculo de una fórmula, en la equivocación de un científico, en el mal pronóstico de un hombre de negocios, en la adopción de una mala política fiscal, una mala ley mercantil —son errores del saber.

El otro nivel se refiere a otro tipo de acción imperfecta, al mal obrar intencionalmente con acciones que son dañinas para la persona misma o para otros. Son ejemplos de imperfección de este tipo, las acciones de un criminal que roba, secuestra o asesina, las del que bebe en exceso, que conduce sin precaución, ingiere drogas, trabaja con descuido, abuso de su poder.

El primero de los niveles hace referencia a acciones imperfectas que se cometen sin intención —el segundo a acciones que se cometen intencionalmente. Ambas acciones, intencionales o no, producen situaciones indeseables. No creo necesitar más elaborar sobre esto. Si se reconoce la imperfección humana y se acepta que ningún ser humano está exento de ella, los encargados de diseñar un sistema de gobierno deberán considerar tal naturaleza para decidir alguna posición entre dos opciones extremas de gobierno.

Un gobierno totalmente dependiente del hallazgo de las mejores personas a las que se daría el poder de gobernar —es decir, del monopolio de la fuerza legítima necesaria para esa tarea. Deben ser personas excepcionales en los dos sentidos de la imperfección: muy sabios para evitar errores de en las acciones, y también muy virtuosas, para evitar malas acciones intencionales.

Un gobierno muy escasamente dependiente del hallazgo de esas personas, sino del diseño de mecanismos que eviten hasta donde sea posible las dos manifestaciones de imperfección —un sistema general de controles de poder y de discusión y corrección de acciones.

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Por definición ninguno de los dos sería un gobierno perfecto, lo que es axiomático —no pueden generar un gobierno perfecto seres que son imperfectos. La decisión de los diseñadores del mejor gobierno deberá considerar qué tanto depender del hallazgo de personas excepcionales —definidas como las menos probables de cometer errores de razonamiento y de realizar acciones indebidas que dañen.

Si optan por la alternativa de depender altamente de la selección de personas excepcionales, enfrentarían un problema insoluble: la selección del comité de personas que a su vez fueran lo suficientemente sabias y virtuosas como para seleccionar a los gobernantes con esas mismas características —tendría que tenerse, entonces, a un comité que seleccionara a los miembros del comité elector de gobernantes, pero no hay manera de resolver el problema de elegir al primer comité o grupo, sino con otro grupo que a su vez debe ser elegido por otro.

No hay solución al problema de elegir a los más sabios y virtuosos, excepto por auto nombramientos entre un grupo de auto elegidos a esa posición. La opción de un gobierno con alta dependencia del hallazgo de los más sabios y virtuosos contiene, por tanto, al menos un problema insoluble de selección de esas personas.

No habría tampoco manera de evitar las consecuencias de la imperfección de los gobernantes —no existiría garantía de que siempre ellos tomaran las mejores decisiones de gobierno, ni tampoco garantía de que no cometieran abusos de autoridad sobre los gobernados. El gobierno altamente dependiente del encuentro de los más sabios y virtuosos sería un diseño de gobierno con altos riesgos de fallas al depender de personas imperfectas.

Más aún, es una posibilidad real que los puestos de gobierno atrajesen no a los más sabios y virtuosos, que preferirían ocuparse de otros menesteres más congruentes con sus rasgos —atraerían a personas menos virtuosas y menos sabias, a los deseosos de gozar de los privilegios del poder.

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Los razonamientos anteriores son una muestra de las argumentaciones que pueden hacerse en contra de los gobiernos muy dependientes de la selección de personas sabias y virtuosas —señalando los altos riesgos de dejar sin control ni limitación a personas de las que se ha creído son más sabias y más virtuosas que el resto.

Puede concluirse que, si es que efectivamente es necesario un gobierno, él debe depender menos del hallazgo de personas excepcionales y más de un arreglo tal que permita tener mínimos de los dos efectos que produce la imperfección humana —los errores y los abusos de poder.

Los responsables del diseño de un gobierno, al renunciar a la alternativa de selección de los mejores, pasarían a tener frente a sí el reto de crear mecanismos que lograran evitar esas faltas de la imperfección humana. Podrían ellos recurrir a las ideas siguientes, todas dirigidas al problema de las acciones intencionalmente malas de abuso de poder:

• Para evitar el abuso del poder, fragmentarlo de manera que ninguna de las partes y personas de un gobierno pudiese usar el poder de manera ilimitada. La división funcional actual —ejecutivo, legislativo y judicial— sería una de esas posibilidades.

• También para evitar el abuso del poder, este podría fragmentarse por medio de una división geográfica en estados con autonomía y que son parte de una federación —los estados presentarían un freno a las tentaciones del gobierno central, siempre que ellos tengan ingresos propios. Es decir, los estados deben poder decretar impuestos propios y no depender del poder central para sus ingresos.

• Otra manera de evitar el abuso del poder es la de evaluaciones periódicas del gobierno y sus partes, con un mecanismo ciudadano de aprobación o rechazo —son las elecciones en fechas predeteminadas y que permiten reelegir a gobernantes o sustituirlos dependiendo de los votos ciudadanos.

Podrían, los expertos, pensar en otras formas de lograr ese mismo objetivo —el de corregir hasta donde es posible la comisión de abusos de poder por parte de gobernantes. Podría, por ejemplo, añadirse una serie de leyes que protejan las libertades de expresión, lo que daría voz a quienes sienten que han sufrido esos abusos y a la evaluación del desempeño gubernamental.

Más fuertes leyes de propiedad que protejan al ciudadano de expropiaciones, también son mecanismos que evitan la acumulación de poder y por tanto minimizan su abuso —lo que hace deseable un mecanismo explícito que impida a los gobiernos la adquisición de poderes fuera de los políticos: le tendría que ser prohibido ser propietario de empresas y medios de comunicación.

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Los riesgos de los errores de opinión, juicios equivocados y malas decisiones gubernamentales ha recibido menos atención que los peligros de abuso de poder —son los riesgos inevitables que produce la imperfección humana de por ejemplo, gobernantes que emiten una ley defectuosa, o implantan una política errónea, o sencillamente no tienen la capacidad mental requerida para el buen desempeño en sus puestos.

Me parece natural que el más necesario de los instrumentos del gobierno diseñado por los expertos en su misión, es la de permitir la entrada de mecanismos correctivos —si los errores son inevitables, debe siempre tenerse la opción de cambiar eso que produjo un error: cambiar al mismo gobernante y cambiar a la ley o política que ha resultado equivocada.

El cambio de gobernante puede lograrse con el mismo mecanismo de elecciones periódicas, que son un mecanismo de evaluación pública siempre que exista la posibilidad de reelección. El cambio de leyes y políticas puede ser también una consecuencia de los cambios de gobernantes.

Otro mecanismo posible de corrección de errores, antes de que sean cometidos, es la discusión de sus propuestas —lo que debe ser previo a su emisión y necesita gobernantes autónomos, no dependientes de un gran poder central, que sirvan de contrapeso. Puede incluso pensarse en mecanismos como un referéndum. El punto de estos mecanismos es la posibilidad de examinar ampliamente las propuestas de gobierno, muy especialmente cuidando sus efectos colaterales.

La revisión de asuntos por parte de entidades y personas independientes entre sí, incluyendo a los medios y la opinión pública, tiene una desventaja palpable y seria: hace lenta la toma de decisiones.

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Finalmente: hasta ahora he defendido la alternativa de diseño de un gobierno que parte del reconocimiento de la imperfección humana, que hace inútil la opción de un gobierno altamente dependiente de la selección de los más sabios y virtuosos, y que hace preferible el diseño e implantación de mecanismos que hagan mínimas las posibilidades de abusos de poder, de errores de gobierno y que permitan correcciones de ellos.

Quiero terminar con una consideración que me parece que los expertos a quienes se ha asignado esta misión, deben hacer sobre la sociedad a la que se gobernará.

Mientras que es aceptable la idea de que los más básicos principios del gobierno diseñado por ellos sean universales, existirán detalles muy dependientes de la cultura de esa sociedad —creencias, valores, hábitos, costumbres, historia, religión, moral y otros.

La clave que creo que ellos deberán tener es la educación y valores de la sociedad. Si acaso en ella no se valora altamente la libertad, o no se tiene interés en las cuestiones públicas, un régimen altamente dependiente en mecanismos como los descritos tenderá a ser poco entendido y abandonado, para con facilidad ser sustituido por el de la selección de los sabios y virtuosos, que es de más sencilla comprensión y tiene el riesgo de convertirse en un gobierno que abusa.

Nota del Editor

Lo que ha hecho Girondella es valioso: una serie de consideraciones que apuntan como superior la alternativa de gobiernos escasamente dependientes de la calidad de los gobernantes. Por otros medios, ha llegado a la misma conclusión de Popper y la ha integrado con la tesis de Novak que señala la falibilidad humana y las tres esferas de la sociedad. Más aún, reconoce expresamente la imposibilidad de lograr estructuras sociales justas, un punto muy claro en Ratzinger.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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