Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Muy Curiosas Las Marchas
Eduardo García Gaspar
2 septiembre 2008
Sección: GOBIERNO, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Las marchas y manifestaciones reportadas siempre en los medios son un fenómeno que llama la atención por varias causas. Las marchas se realizan con frecuencia, casi por cualquier motivo. El más reciente de ellos es el aumento de los precios de combustibles y alimentos. Suceden en todas partes.

El mecanismo esencial es uno simple. Primero se tiene un motivo que puede reunir a varias personas, no necesariamente muchas. Puede ser un aumento de precios de la gasolina, o del maíz, pero también una construcción indeseable en alguna parte de la ciudad. Y esas personas salen a la calle a pedir que se remedie la situación de acuerdo con sus deseos.

Se parecen mucho a las peregrinaciones religiosas, en las que devotos marchan públicamente demostrando su fe en alguna religión. Las marchas de protestas, excepto por las imágenes religiosas, son también demostraciones de fe, no en Dios, pero sí en el gobierno. Piden las marchas favores al gobierno para que haga algo. Las manifestaciones presuponen un enorme poder gubernamental.

Estoy seguro que muchas personas de las que participan en esas marchas dirían que no estarían dispuestas en marchar en peregrinaciones religiosas pues no creen en Dios ni la religión, pero curiosamente lo hacen en marchas que demuestran su fe en el gobierno como una fuerza todopoderosa.

Muchas de las marchas recientes en diversas partes protestaban por los precios altos de los combustibles y los alimentos, una situación que es sin duda indeseable. Pero lo interesante de las marchas era que pedían la intercesión del gobierno para reducirlos. Suponen que el gobierno tiene poder suficiente como para alterar la realidad. Como en las peregrinaciones, piden milagros.

Supongo que un gobernante inteligente sonría cada vez que se tenga una manifestación de esas que piden favores al gobierno como si fuese una deidad. Ruegan por elevaciones de salario, por reducciones de precios, por prerrogativas y favores. Los manifestantes están así reconociendo el poder del gobierno, lo que hará sonreír satisfecho al gobernante y le hará pensar que sí, que tal vez él es un dios.

Pensará que sí puede mover los precios como quiera él y que puede otorgar favores, como si fuera todopoderoso. Si en verdad un gobierno tuviera el poder que se necesita para reducir los precios de la gasolina o del maíz por voluntad propia, no habría razón por la que no pudiera hacer lo mismo con el resto de los bienes y servicios. Podría decretar mañana que todos los ciudadanos ganaran diez veces más que hoy.

Si los gobiernos tuviesen el poder que suponen las marchas de protesta, la pobreza habría sido reducida con aún mayor rapidez de lo que se ha hecho hasta ahora. Es absurdo, pero eso es lo que suponen quienes marchan pidiendo al gobierno su intervención. Es decir, los mismos que protestan ayudan a consolidar el poder del gobierno y tienden a elevarlo porque ellos le piden favores como a una deidad.

El gobernante, que no es brillante sino para acumular fuerza, toma esas protestas para elevar su poder y lo hace por medio de un mecanismo perverso: retirando propiedades a unos para dárselas a otros. No puede reducir los precios de los bienes, pero sí puede obtener dinero de unos para subsidiar a otros. Y el que protesta acaba pensando que el milagro se ha cumplido y realmente el gobierno tiene la capacidad de conceder milagros a sus fieles.

Hay, por supuesto, protestas válidas como las que piden reducir impuestos en Argentina, o las que en México han pedido al gobierno que actúe contra el crimen. Son protestas que piden hacer que el gobierno cosas razonables y posibles. Me refiero no a ellas, sino a las protestas que llevan a tomar medidas que elevan el poder del gobierno, a las peregrinaciones estatales.

Con cada petición que se hace al gobierno para intervenir y resolver un problema que está fuera de su esfera natural de acción, las personas facilitan el camino a un sistema social carente de libertades.

La marcha que hace falta, la más importante de todas, es la que no se hace, la que protestaría pidiendo que el gobierno dejara de meterse donde no conviene. Al final de la impresión que quienes protestan pidiendo más intervención son los más fieles devotos de una religión estatal. Son los nuevos paganos, inconscientes.


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