Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Nacionalismo Justificado
Eduardo García Gaspar
24 junio 2008
Sección: NACIONALISMO, Sección: Una Segunda Opinión
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El nacionalismo ha sido definido de muy diversas maneras, casi todas referidas a un sentimiento de pertenencia a un grupo muy grande y que equivale a las personas que viven dentro de un país. Es como una superfamilia, o un club gigantesco del que se es socio. El nombre del club está en el pasaporte de la persona, pero sobre todo en su mente.

La pertenencia se manifiesta notablemente en la presencia de personas de otras naciones, cuando entre ellas se preguntan de dónde son. La respuesta que cada una da es ese reconocimiento del país al que se pertenece. Pero hay más que eso en el nacionalismo. No sólo es una identificación objetiva de pertenencia. También incluye sentimientos.

Hay algunas dosis de orgullo, de solidaridad, de valores. Un mexicano, me imagino, con facilidad incluirá dentro del sentido de pertenencia piezas culinarias que considere únicas y motivos de diferenciación e incluso superioridad. En esto quiero poner atención, en ese sentido de complacencia y agrado que se expresa al hablar del país del que se es ciudadano.

El asunto ha sido tratado (Foreign Policy marzo-abril 2008), examinando una relación interesante entre el nacionalismo y la prosperidad. Se encontró una relación positiva entre la riqueza de la nación y la creencia de sus ciudadanos que de su país es en general superior al resto. Más aún, a más nacionalismo definido así, menos corrupción en esa nación (Venezuela siendo una excepción: mucho nacionalismo y mucha corrupción).

El terreno es muy resbaladizo y sujeto a juicios inmediatos, pero es fascinante. Quizá puede proponerse que exista un nacionalismo justificado en hechos más o menos objetivos. Podría ser, quizá, la superioridad de Argentina en futbol, o la belleza de algunas playas mexicanas, o el poderío industrial de Alemania, o el reciente éxito económico de Estonia e Irlanda. Pero, es posible encontrar otro nacionalismo menos justificado y muy primitivo.

Una muestra de ese nacionalismo primitivo puede verse con facilidad en las manifestaciones de desprecio a otras naciones y que puede llevar a situaciones graves. Si México pierde en futbol con Argentina, lo que resulta muy lógico, un nacionalismo sensato no pasa de ciertas emociones normales de alegría o pesadumbre. Pero, gritar burlas al equipo de EEUU cuando se tocaba su himno por parte de mexicanos en un partido de selecciones, eso es nacionalismo insensato y primitivo.

Parte de esa insensatez, creo firmemente, es la manifestación nacionalista que declara traidor a la patria a cualquiera que se atreva a proponer, por ejemplo, que los monopolios estatales mexicanos de energía deben privatizarse, que buena culpa tuvieron los gobiernos mexicanos de la pérdida de los territorios del norte en el siglo 19, o que resulta inexplicable que no exista una estatua de Hernán Cortés en México. Quizá sea que el nacionalismo mexicano, en parte, tienen fundamentos débiles.

Preferiría, en mi opinión, ver un sentimiento nacionalista justificado en México como una nación que tuviera un ingreso per cápita de 36,000 dólares anuales y no fundado en la propiedad estatal del petróleo. Sería mejor un nacionalismo sostenido en un sistema judicial famoso por su imparcialidad, que uno sostenido en el lamento de que los bancos en México son casi todos extranjeros.

Igualmente, me parecería mucho mejor un nacionalismo mexicano que se apoya en ver hacia el futuro, que uno que pasa su tiempo lamentándose de los sucesos pasados. Igualmente, es mejor un nacionalismo de ciudadanos que sienten tener capacidad para mejorar por su propio esfuerzo que el nacionalismo de quienes creen que todo lo que deben hacer es encontrar un nuevo patrón que les diga qué hacer desde la oficina de la presidencia.

Entiendo que parte del nacionalismo mexicano sea pensar que el tequila es una gran bebida, que la música ranchera es bella, que hay grandes pintores en este país. Pero hay más que esas cosas en un nacionalismo sensato y que no puede ser el fundamentarse en quién es propietario del petróleo, de los bancos, o de las cerveceras.

Post Scriptum

Puede resultar interesante la propuesta hecha en esta página del concepto de lo Nacionalmente Correcto.


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