Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
No Es Tanto Inflación
Eduardo García Gaspar
26 junio 2008
Sección: ECOLOGIA, Sección: Una Segunda Opinión
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Suele decirse que la mente trabaja mal cuando está caliente, presionada por temores y emociones. Quizá sea este el caso actual y lo que ha provocado el negocio de crear alarmas grandes en muchos medios y su mala secuela, la de tomar decisiones equivocadas.

Se habla ahora de inflación y pretende ser ella solucionada con medidas diseñadas para eso mismo. La gran duda, que vale la pena poner sobre la mesa, es si lo que se sufre en estos momentos es en realidad inflación. La definición de ese fenómeno lo pone en duda.

Inflación es propiamente la elevación de dinero en circulación. Se le teme porque el aumento de dinero eleva los precios en general, no sólo los de unos bienes. La inflación no eleva nada más precios de alimentos y deja sin cambio los de otros artículos. Consideramos a la inflación como algo temible porque sus efectos no ocurren al mismo tiempo y, por eso, daña a unos más que a otros.

Peor aún, ella lastima a quienes tienen ingresos fijos, como los jubilados, pero también a quienes tienen ingresos con menor propensión a ajustarse, como los asalariados. Daña a los acreedores, que recibirán pagos futuros en dinero que vale menos. Y acreedores somos casi todos: los que tienen ahorros, pensiones, seguros, rentas. Con inflación, la contabilidad de los negocios y los cálculos financieros se vuelven engañosos. Las decisiones de inversión se complican.

Con todo eso en mente, no sorprende que al creer que estamos en presencia de una situación de aumento generalizado de precios, sintamos temor y queramos remediar eso que creemos que es inflación. ¿Lo es? No, al menos en el sentido estricto: la elevación de precios que se tiene no está causada por la elevación de la cantidad de dinero en circulación.

Por tanto, aplicar medidas contra la inflación es no muy atinado. Lo que tenemos es una elevación de precios de ciertos bienes. Bienes que son vitales. El petróleo, por un lado, ha estado elevando sus precios y alterado los costos de quienes lo usan y que son una buena cantidad de procesos de producción. Y, por supuesto, están los aumentos de algunos alimentos.

Posiblemente sea más prometedor tratar esto, no como inflación, sino como un problema de oferta y demanda. Del lado de la demanda, dada la reducción de pobres en el mundo, tenemos una presión que eleva precios de eso que ahora consumen los que están dejando de ser pobres. Las buenas noticias tienen sus consecuencias.

Del lado de la oferta, en general se habla de una reducción. Cosechas menores, disminución de reservas almacenadas, frenos a la producción, uso alterno para producción de combustibles. En total, una serie de sucesos que sugieren no una situación inflacionaria, sino una situación más precisa: una cantidad menor de oferta (por ejemplo, las complicaciones políticas en Nigeria, productor de petróleo, reducen la oferta; el uso de cultivos en biocombustibles reduce la oferta de esos cultivos para alimentos).

Consecuentemente, si la situación se ve como una de baja oferta y no como inflación, es natural que se piense dos tipos de acción posibles. Uno de ellos es muy conocido por ser el peor de todos: los controles de precios y sus similares causan problemas peores que los que intentan resolver. Son malos porque fomentan más demanda de bienes que tienen menor oferta.

La mejor decisión es facilitar la creación de oferta de esos bienes que han subido de precio. Y la mejor forma de hacerlo es dejar que los precios suban, porque eso va a causar dos efectos benéficos. Uno, reducirá la cantidad demandada evitando presiones de este lado de la ecuación. Dos, elevará los inventivos para aumentar la producción de los bienes cuyos precios se han elevado. Pasado el tiempo, los precios tenderán a bajar.

Desde luego, esto que acabo de decir causará en muchos una reacción, la de decir que eso es cruel y despiadado, que deben hacer cosas para ayudar a los lastimados y más débiles. A eso comento que es aún más cruel y despiadado no tomar las medidas correctas. Los sentimientos más admirables no son suficientes. Debe también tenerse conocimiento.

Post Scriptum

En Buena Noticia: Menos Pobres se examina el fenómeno de la reducción de pobreza en el mundo y sus efectos colaterales. La esencia de esta idea es considerar los efectos de las medidas que se desea implantar. Menos pobres significa también más demanda y por eso precios mayores, a lo que debe añadirse que quienes han salido de la pobreza crearán oferta también.

En los EEUU por razones de cuidado de medio ambiente la explotación de petróleo fue detenida por años: sin duda se tuvieron menos accidentes ambientales, pero su precio está en parte expresado en precios más altos de los combustibles. Los fomentos gubernamentales para el uso de plantas en la creación de combustibles alternativos tienen una buena intención, en buena parte ambiental, pero tienen un costo, que es la elevación del precio de esos mismos vegetales que usan: el consumidor está pagando esa creación de combustibles alternos de maneras indirectas.

Los dos candidatos a la presidencia en los EEUU tienen una misma creencia equivocada al respecto: ellos creen que los precios del petróleo no son la consecuencia de los movimientos de oferta y demanda y piensan que todo se trata de una conspiración de especuladores a los que debe controlarse. Con esa severa ignorancia, se tomarían medidas que lograrán exactamente lo opuesto de lo que pretenden.

ContraPeso.info fue lanzado en enero de 2005 y es un proveedor de ideas e información para el interesado en buscar ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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