Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
No, Otra Vez No
Eduardo García Gaspar
12 diciembre 2008
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
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Existe un consenso sobre el origen de la crisis actual: la manipulación de la tasa de interés con el objeto de dinamizar a la economía, más las facilidades crediticias inducidas por la autoridad estadounidense y que elevaron riesgos crediticios.

Esto ocasionó lo obvio, un boom económico y lo inevitable después, un crack. No es una historia nueva.

Es muy similar, le decía a mis alumnos no hace mucho, a una fiesta en la que se bebe mucho alcohol. Seguramente será divertida, habrá un boom de alegría y todos lo pasarán muy bien, comerán mucho también y beberán aún más.

Pero más tarde sabemos lo que pasa. Habrá un crack, llegará la resaca o cruda, ese terrible malestar del día siguiente.

Si no quieres llegar a la resaca, no tengas el boom de bebidas. Es muy claro. Y si acaso llega otra ocasión ya se sabe de antemano cuáles son las consecuencias de lo que sucederá después. Llego de esta manera al hecho notable que quiero señalar.

Se reportó que

“El presidente del Senado de la República, Gustavo Madero, señaló que los bancos deben hacer “su máximo esfuerzo” para bajar el costo del crédito al consumo, como sugirió ayer el empresario Carlos Slim… advirtió que si las instituciones bancarias no toman medidas para bajar el costo del crédito, se tomarán medidas para beneficiar a los usuarios y consumidores” (El Universal 9 diciembre 2008).

El planteamiento es claro según el senador Madero (PAN): existe un precio que piensa que es indebido, el del crédito, y que son tasas del crédito al consumo, “insostenibles, impagables en la mayoría de los casos”.

Si quien da créditos no reduce sus precios, el senador aseveró que los fijará el gobierno, mejor dicho el poder legislativo.

Traducido al español cotidiano, el senador quiere un control de precios de un bien y que es igual a cualquier otro, como el fijar el precio de la tortilla de maíz, o del tomate, o de las rentas de inmuebles.

Uno se pregunta al oír al senador, ¿no es acaso eso mismo que quiere hacer lo que produjo la crisis que estamos viviendo?

La observación inicial es muy obvia: el senador está preocupado por los precios que otros ponen a sus productos y quiere reducirlos por decreto legal, cuando debería preocuparse por bajar otro precio, el suyo propio: el costo de gobierno, es decir, los impuestos.

Ayudaría mucho en verdad que el gobierno redujera impuestos, que al final de cuentas son los precios que pagamos por los servicios que presta y que no son precisamente buenos.

La otra observación, menos obvia, pero conocida, es una de simple sentido común. Los precios, mucho me temo, no pueden fijarse por medio de actos de autoridad y si eso se intenta se tendrán consecuencias negativas.

Una reducción del precio del crédito mandará una señal falsa a la gente, la de que hay más crédito y tomarán decisiones malas, como la compra de casas o refrigeradores a precios falsificados por la autoridad.

Que los precios bajen es una buena noticia para todos. La reducción de precios significa una elevación del poder de compra de la gente. Que el crédito reduzca sus precios sería una gran cosa.

Sin embargo, los precios no pueden ser fijados por decreto. Si pudieran serlo, el mismo gobierno ya hubiera decretado que el precio de su petróleo es de 200 dólares por barril.

Habría un pequeño problema, el de que no encontraría clientes en estos momentos. O, visto del otro lado, me agradaría ver la posibilidad de que varios ciudadanos dijeran que los precios de la gasolina de Pemex son insostenibles y esos ciudadanos los fijarán por sí mismos.

Esto es lo admirable de gobernantes como el senador Madero y bien vale una segunda opinión. No les importa que existan libros, pruebas, evidencias, experiencias, todas contrarias a lo que ellos quieren hacer. Insisten en hacerlo y en este caso es peor: en medio de la crisis provocada por manipuleo de las tasas de interés, se insiste en hacer lo mismo.

Cuando se tiene la intención de reducir tasas, lo que hay que hacer es otra cosa: facilitar la creación de oferta, con cosas como más bancos, más facilidades de ahorro, estabilidad monetaria, menos impuestos, menos deuda estatal, leyes más claras de propiedad, mejores tribunales y similares.

Todo eso tenderá a elevar la oferta y reducirá precios. No es difícil de entender.

¿Qué es lo que hay en la mente de gobernantes que proponen exactamente lo que no debe hacerse? Siempre trato de encontrar explicaciones razonables. En este caso no creo poder dar otra que la que señaló la historiadora B. Tuchman: la estulticia que ataca a los gobernantes con mayor frecuencia que al resto de los mortales.

Post Scriptum

Ayer, Sergio Sarmiento (Grupo Reforma, 11 diciembre 2008), trató el mismo tema del control de las tasas de crédito al consumo y apuntó la misma conclusión general. Dijo que,

El nivel de las tasas de interés en México es consecuencia, por una parte, del costo que pagan los bancos por obtener recursos y, por la otra, del nivel de riesgo en que incurren en los créditos. El nombre o la propiedad del banco no tienen nada que ver en la determinación de las tasas de interés, como tontamente piensan quienes afirman que los bancos en México deben cobrar los mismos intereses que en sus países de origen. Citigroup, Santander, BBVA, HSBC y Scotiabank no tienen las mismas condiciones de operación en Estados Unidos, España, el Reino Unido o Canadá que en México. 

Tiene razón. Y, sin embargo, en una encuesta del Grupo Imagen, se preguntó si debería ser el congreso quien fijara las tasas de interés o que se dejaran a la llibre competencia: 965 personas dijeron que debía el congreso fijar las tasas y 284 que debían dejarse al libre mercado.

Aunque este tipo de investigaciones no son proyectables a nada, excepto a la gente que quiso y pudo votar, no deja de maravillar el nivel de desconocimiento de los orígenes de esta crisis. El senador Madero hubiera votado igual.

Es interesante el caso del agua y cómo es ella tratada por los gobiernos con precios que hacen creer a las personas que ella abunda mucho. La manipulación de precios es en realidad una censura de información económica no diferente a una limitación de la libertad de expresión.

La fuerte inclinación gubernamental al control de precios también se ilustra en el caso de los libros. Quizá el error de fondo sea que los gubernantes tienden a no entender que la economia tiene leyes también.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural. 





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