Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
No Saben De Lo Que Hablan
Eduardo García Gaspar
3 marzo 2008
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Una Segunda Opinión
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No es el primero, ni será el último. Los gobernantes, como Nixon y sus controles de precio, o ahora B. Obama y su plan de empleo, tienen una pasión desordenada por querer poner orden en la vida de los demás, para terminar desordenando todo. Un ejemplo de esto es un proyecto de ley copatrocinado por B. Obama.

En plan, en pocas palabras, está diseñado para lograr votos en las elecciones: detendrá tratamientos fiscales preferentes a las empresas que lleven empleos al exterior de EEUU y los pasará a las empresas que creen empleos en EEUU con “salarios decentes”. Es un premio a las empresas patriotas, definidas por el burócrata, como las que cumplan con una serie de requisitos.

Esos requisitos son: la empresa paga el 60% de las primas de salud; son neutrales en las actividades sindicales; mantienen o aumenten el número de empleos en EEUU en proporción al número de empleos de tiempo completo fuera del país; paga salarios que son al menos el definido como límite de la pobreza; y tiene planes de pensión. Un poco de malicia bastará para ver más allá.

Piense en B. Obama y cómo obtener votos. ¿Favoreciendo a los sindicatos? Por supuesto que sí, de allí salen más votos que del lado de los accionistas. Es, en todo sentido práctico, una compra de votos amparada en la creación de un incentivo fiscal. Lo curioso del asunto es que hay un olvido general de lo que crea empleos y eleva ingresos, de lo que Obama no tiene idea y que no es excepcional.

Según reporta el WSJ, 27 enero, el tratamiento fiscal preferente será cubierto con la elevación de los impuestos a las utilidades de las subsidiarias de las empresas estadounidenses fuera del país. Es realmente fantástico: la idea detrás de esto es sostener que todos vivirán mejor si el gobierno tiene más dinero y lo reparte a quienes le dan votos. Nada hay en Obama, ni en muchos otros que indique que entienden que el progreso se logra creando capital, que eso es lo que eleva ingresos y crea empleos. Los impuestos los destruyen.

Y eso es lo que también propone, elevar impuestos de dividendos y ganancias de capital. Es lo opuesto de lo que debe hacerse. Exactamente lo opuesto. Eso producirá un incentivo a las inversiones fuera de su país y se crearán menos empleos. Más aún, hay correlaciones positivas entre inversión en el exterior y en el interior, y entre creación de empleos dentro y fuera del país.

Las ideas chatarra, como ésta, afectan a los gobernantes por una razón principal: ellos piensan que el mundo es simple y que puede ser cambiado según sus deseos personales. Es la vieja queja que tenía un economista, Mises, quien dijo que los gobernantes legislan terrenos de los que nada saben. Por eso hacen leyes que al aplicarse producen efectos imprevistos que más tarde quieren corregir con otras leyes que empeoran las cosas.

El mismo mecanismo básico es el de H. Clinton y su propuesta de alterar el TLCAN: eso le produce popularidad y votos, aunque sea tonto hacerlo. La patología de estos dos políticos no es única de ellos, suelen padecerla casi todos, sin importar qué ideología apoyen. Es la misma manera de pensar que tuvo Calderón en México al manejar precios de alimentos y la de López Obrador al proponer un proyecto alternativo (que ni era proyecto, ni era alternativo, sino el crecimiento del poder del gobierno en el que su voz debía ser evangélica).

Señalar lo de los dos candidatos estadounidenses, lo de los políticos mexicanos y lo que en otras partes sucede y es del mismo tipo, tiene un propósito que creo que vale una segunda opinión. La intervención de los gobiernos en los asuntos de los particulares suele estar basada en premisas equivocadas. Dicho de otra manera, el que quiere que los ciudadanos vivan mejor no sabe de qué está hablando. Es una acusación de ignorancia la que hago y no soy el único que la ha hecho.

Lo que no entienden los gobernantes es que los impuestos no los pagan las empresas, sino los ciudadanos y que a más impuestos, menos dinero en nuestros bolsillos, y con menos dinero vivimos peor de lo que podríamos.

Post Scriptum

La justificación de la aseveración que señala relación positiva entre actividades externas e internas de creación de empleos viene del mismo artículo del WSJ, Obama’s ‘Patriot’ Act

The offshore activities of U.S. companies tend to increase rather than reduce domestic business. A 2005 National Bureau of Economic Research study by economists from Harvard and the University of Michigan found that more foreign investment by U.S. companies leads to greater domestic investment, and that U.S. firms’ hiring of more offshore workers is positively, not negatively, associated with the number of American workers they hire. That’s in part because often what is produced overseas by subsidiaries are component parts to final, higher-value-added products manufactured here.


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