Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Persistencia De Un Error
Leonardo Girondella Mora
9 mayo 2008
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Análisis
Catalogado en:


Los partidarios del socialismo y del liberalismo difieren enormemente. Ambos persiguen el mismo objetivo, que es el de mejorar la vida de las personas, de todas ellas —pero su coincidencia termina allí. Trabajan con el mismo objetivo, pero creen que para lograrlo se deben implantar políticas muy diferentes:

• Para el liberal, el poder debe ser equilibrado y debe confiarse en las personas —por eso proponen libertades políticas, económicas y culturales. Todo dentro de un sistema institucional con reglas que impidan un poder demasiado grande en el gobierno, las empresas y otras instituciones.

• Para el socialista, el poder debe concentrase en la autoridad política —es decir en el gobierno, quien centralizará acciones políticas, económicas y culturales.

Son dos caminos muy diferentes y que se separan en una bifurcación que pocos reconocen: la estrategia de cómo manejar el poder de cualquier tipo. Para el liberal, la estrategia del manejo del poder es su desconcentración. Para el socialista, la estrategia de manejo de poder es la de su centralización en el gobierno.

¿Por qué esa diferencia en las estrategias de manejo de poder? Hay muchas razones y una de ellas merece ser señalada expresamente —se refiere a puntos de partida distintos:

• El socialista piensa que el mercado libre es un juego de suma cero —todo lo que alguien gana significa que otro lo ha perdido.

• El liberal cree en lo opuesto  —en un mercado libre todos ganan, es un juego de suma positiva.

Conciente o inconciente, esos dos diferentes puntos de partida son una de las causas de fondo en la oposición entre liberales y socialistas. Si fuese cierto que un mercado es uno de suma cero, los socialistas y sus opiniones tendrían la razón: habría que tener un órgano en extremo poderoso para evitar o minimizar las pérdidas de una de las partes. Y lo contrario, si los liberales tienen razón y todos ganan, entonces lo que debe hacerse es dejar libres a las personas bajo un sistema de reglas justas de intercambio.

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¿Quién tiene la razón —socialistas o liberales? Hay maneras de contestar esa pregunta: partiendo de los efectos que tendría cada uno de los puntos de partida:

• Si el socialista tiene razón eso por obligación significaría que nada puede crearse, que la riqueza, los bienes, los recursos son estáticos y lo han sido desde el inicio de la existencia humana. Es inevitable esta conclusión, ya que si uno gana lo que el otro necesariamente pierde, todo permanece estático, sin creación adicional posible.

• Si el liberal tiene razón, ello significaría lo opuesto: la riqueza, los bienes, los recursos pueden crearse y aumentar. Si en un mercado libre ambas partes ganan al realizar intercambios voluntarios, esa suma positiva lógicamente supone la elevación de esa riqueza.

Responder esa interrogante puede hacerse por dos métodos —el empírico, que muestra la realidad visible y tangible para todos; y el abstracto, que usa un razonamiento con lógica interna.

Es una realidad tangible que existe mayor riqueza ahora que antes. La posición actual del mundo es  sin duda superior a la existente en tiempos pasados —compárese la existencia de las personas en el siglo tercero AC, con la vida en el siglo 18 de nuestra era, o con la actual.  En una columna (Diario Exterior.com), Johann Norberg dijo:

Imagina por un momento como hubiera sido esta mañana si estuvieras 150 años atrás. No tendrías luz eléctrica, agua potable ni sanidad de vivienda. No hubieras podido ir al trabajo en carro, autobús, ni tren. No hubieras podido utilizar el computador, el cual efectúa cálculos que tomarían décadas en papel y lápiz… En los últimos 100 años hemos creado más riqueza que en los 100,000 años antes de eso y no porque estamos trabajando más. Al contrario: en el último siglo, las horas de trabajo han sido reducidas a la mitad en el mundo occidental debido a que nuevas ideas nos han permitido trabajar con más inteligencia para encontrar maneras más fáciles de satisfacer nuestras demandas y necesidades.

No creo necesario expandir esta demostración empírica que se inclina fuertemente a apoyar la opinión del liberal —un mercado libre es un juego positivo en el que todos ganan y por ello se crea riqueza. El socialista, por tanto, piensa que para construir una casa más debe destruirse alguna otra —todos los días se ve que eso es una mentira.

Queda pendiente la otra demostración, la abstracta que pretende demostrar que los intercambios voluntarios sólo se realizan si ambas partes ganan. El socialista, si presupone que lo que alguien gana otro pierde, tendría que aceptar que las personas están dispuestas voluntariamente y de manera consistente a empeorar la situación en la que viven —una posición en extremo ilógica: es muy difícil aceptar que la gente ambicione empeorar su situación inicial realizando intercambios voluntarios.

La posición del liberal es lógica y congruente con la naturaleza humana —quien acepta realizar un intercambio de forma deliberada debe hacerlo bajo la expectativa de mejorar su posición. Cometerá quizá algún error pero su intención es obligadamente la de superar en alguna medida, por pequeña que sea, su situación.

La intención de mejora personal supone a su vez la existencia de bienes que tienen esa capacidad —si esos bienes no existieran, la mejora sería imposible. Así se hace necesario explorar qué hace posible la existencia de los bienes, que no son dados gratuitamente en la naturaleza. Deben ser creados y ese quien los crea y hace disponible suele ser llamado empresario o emprendedor —un tipo que sólo puede mejorar su situación en un intercambio si la otra parte está dispuesta a adquirir el bien que él ofrece.

Lo antes dicho es otra demostración de la mayor verdad que asiste al liberal ahora en este terreno abstracto —lo que adicionado al campo empírico señala que el liberal parte de un supuesto mejor.

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Mi siguiente paso es explicar por qué, a pesar de las evidencias anteriores, existe la persistencia en creer algo falso —un mercado libre es un juego de suma positiva en el que todos ganan, pero aún así, algunos siguen creyendo que es un juego de suma cero en el que uno gana lo que otro pierde.

Norberg en el mismo artículo citado antes, da una explicación razonable:

Durante alrededor de 3,999,800 años de los 400 millones que quizás hayan existido los homínidos, la vida ha sido un juego de suma cero para la mayoría de las personas. La invención de la nueva tecnología fue extremadamente lenta y no hubo excedente para invertir, de manera que el homo habilis o el homo erectus promedio, durante su vida, no vio un incremento en su riqueza. Aquello que otras tribus cazaban o reunían, era una perdida para los demás. Era razonable estar sospechoso de alguien que tuviera ganancias—porque probablemente las tuvo a costo de otro. En tales circunstancias, la naturaleza humana, nuestros instintos y actitudes, se desarrollaron.

En otras palabras, la humanidad vive en una nueva condición, una en la que la riqueza sí puede crearse —la anterior fue rebasada, esa en la que sí había un juego de suma cero. Algunas mentes, por lo visto los socialistas, siguen paradigmas viejos y otros, los liberales, han reconocido el cambio.

El ambiente cultural es una explicación adicional de esa insistencia en pensar que lo que uno gana el otro pierde —es común en círculos académicos y artísticos el creer eso: sus integrantes suelen ser líderes de opinión que envían ese mensaje al resto de las personas y consiguen mantener esa creencia. Los personajes de novelas y de cine, los que representan a empresarios y hombres de negocios, son un buen ejemplo de lo que digo: la gran mayoría de ellos son representados como ambiciosos, sin escrúpulos y sedientos de dinero y poder.

Y también, dentro del ambiente cultural, debe señalarse la existencia de intentos de justificación de la idea de la explotación, que tal vez sea como mejor se conoce la noción del mercado como juego de suma cero. El más conocido de esos intentos fue el de Lenin: el análisis de Marx había predicho que la explotación produciría un levantamiento de los oprimidos, que nunca sucedió, lo que se explicó diciendo que ahora no se explotaba a los trabajadores, sino a las naciones pobres.

La explicación fue contagiosa y aún se mantiene —a pesar de evidencia en contra, pues el mundo en general ha visto reducir índices de pobreza. Pero los intentos de defensa de la idea del juego suma cero se han mantenido: ha sido argumentado que si bien el liberalismo es más eficiente para elevar el bienestar, el socialismo es un sistema moralmente superior —es decir, se insiste en una pérdida, ahora en terrenos morales. Otros han argumentado otra pérdida, la ambiental.

La propagación de la idea de la responsabilidad social de las empresas pertenece a este género de insistencias: la empresa debe devolver a la sociedad lo que de ella ha tomado —a pesar de haber logrado beneficios mutuos.

El medio ambiente cultural ha probado ser extraordinariamente resistente a modificar su insistencia en negar el juego de suma positiva y que significaría que la mejor estrategia para elevar el bienestar sería la de la desconcentración del poder, con un gobierno limitado. Un pronóstico razonable, por tanto, resulta ser el de seguir esperando nuevas argumentaciones en favor del socialismo.

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Queda por señalar un  último punto que no debe ser olvidado y que también es un argumento usado por los socialistas en defensa de su opinión —es la existencia aún de niveles serios de pobreza en muchos lugares. Su punto es válido: sí existen aún esos niveles que reclaman acciones.

Este problema renace el conflicto original con el que inicié este análisis: los socialistas desean aplicar su estrategia de concentración de poder en el gobierno y los liberales desean hacer lo suyo, desconcentrar el poder.

En este problema el conflicto está centrado en el campo económico —los socialistas han modificado drásticamente su posición y aceptan ahora incluso con entusiasmo la existencia de libertades culturales y de un sistema democrático: han aceptado las libertades políticas y culturales del liberalismo. Pero no ha sucedido lo mismo con las libertades económicas a las que aún desean tener bajo la férula del gobierno por medio de regulaciones que tienden a obstaculizar la labor del empresario, de quien depende la creación de los bienes que hacen posible la oferta de bienes que elevan el bienestar.

A pesar de razonamientos abstractos, de pruebas empíricas, se insiste en mantener ese paradigma viejo, el del juego suma cero y no hay visos de que se tenga un cambio mental pronto. Millones de años de historia tienen un costo e impoden ver que allí donde la pobreza persiste es porque no se han aplicado las ideas liberales.


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No hay comentarios en “Persistencia De Un Error”
  1. pablo emilio gomez Dijo:

    este articulo está bastante parcializado.Quisiera resaltar rotundamente que no soy socialista, pero me desagrada la parcilizacion. Yo soy parcial en un partido de futbol, pues quiero que gane mi equipo. Pero la filosofia y las ideas politicas deben ser imparciales para no crear mentes intolerantes.

  2. comentador web Dijo:

    Sobre el comentario de Pablo Emilio: dice que la filosofía debe ser imparcial. Nunca lo podrá ser porque propone ideas y es parcial a ellas. Querer ser imparcial es en el fondo una manera de ser parcial a la idea de la imparcialidad.





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