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Plusvalía y Explotación
Selección de ContraPeso.info
1 agosto 2008
Sección: ECONOMIA, Sección: AmaYi
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Hay términos técnicos que han pasado al vocabulario popular, distorsionando severamente su significado. Quizá el mayor de los ejemplos es el de la Teoría de la Relatividad, la que ha sido interpretada bajo el concepto de que todo es relativo. Otro de esos términos es el de la explotación, el creado por Carlos Marx.

Examinar pausadamente, aunque no exhaustivamente, el tema es el objetivo de este resumen tomando como base el análisis de David Conway y sus claras exposiciones. Explotar a un obrero, en la actualidad, ha sido interpretado como la existencia de salarios considerados bajos. Esta mala interpretación tan primitiva no hace justicia a la noción de Marx, mucho más sutil y compleja. Y mucho más radical que la primitiva acepción que hoy se le suele dar.

La idea de esta carta fue encontrada en Conway, David (1987). A FAREWELL TO MARX : AN OUTLINE AND APPRAISAL OF HIS THEORIES. Harmondsworth, Middlesex, England; New York, N.Y., U.S.A. Penguin Books. 0140223657, pp 98-114. El autor, en una muy recomendable obra, examina la idea de Marx sobre la explotación obrera.

En la sección inmediata anterior a la aquí tratada, el autor resume: la teoría de la plusvalía de Marx indica que los capitalistas pueden tener utilidades por la plusvalía que se crea en el proceso de producción que ellos financian.

La plusvalía se crea en esos procesos cuando los trabajadores realizan trabajos durante períodos mayores de lo necesario para crear un valor igual al del valor de sus salarios. De esto surge la noción de la explotación del trabajador.

La explotación del obrero es la única manera de tener utilidades, al apropiarse los capitalistas esa plusvalía.

Es decir, las utilidades de los capitalistas, según Marx, vienen de trabajadores que producen más de lo que reciben en sueldos. Los sueldos que reciben los obreros corresponden al tiempo de trabajo necesario, y el tiempo adicional trabajado y no pagado representa la ganancia capitalista. Esto es la explotación del trabajador.

El autor señala que en general existen dos escuelas acerca de lo que Marx quiso decir sobre la explotación. Ambas tienen en común varias nociones:

• Para Marx, la explotación incluye una relación asimétrica de beneficios; un beneficio no recíproco, por el que una persona se beneficia sin que la otra lo haga.

• Pero esa asimetría no es suficiente para que exista explotación, pues lo mismo sucede cuando los capaces son obligados a sufragar los ingresos de los inhábiles en un régimen estatal de bienestar.

Ambas formas de pensamiento acerca de la explotación tienen en común los dos puntos anteriores, pero difieren en lo siguiente:

• Una piensa que para que exista explotación la relación no recíproca de beneficios debe ser injusta. Es decir, para esta escuela, la explotación debe tener dos rasgos: tener una relación no recíproca de beneficios y que esa relación sea injusta.

• La otra considera que Marx no emplea la noción de justicia y que explotación se refiere a una relación de beneficio no recíproco y en la que existe coerción.

Se tiene, por tanto, la idea de la explotación del trabajador como una en la que existe una relación asimétrica de beneficios entre obreros y capitalistas.

Algunos piensan que Marx la reprueba porque es injusta, ya que la persona tiene derecho al total resultado de su trabajo, menos algunas deducciones necesarias como el mantenimiento de los medios de producción, los bienes públicos y el pago de ayuda a los necesitados.

Ese monto sería pagado en un sistema socialista, pero no en uno capitalista, donde los trabajadores reciben menos y ésa es la explotación.

Otros creen que el argumento moral no es el necesario para entender a Marx y que hay que usar el elemento de la coerción: el capitalista fuerza a los trabajadores y ellos reciben menos de lo que Marx piensa que merecen.

La coerción radica en la posesión de los capitalistas. Ellos son propietarios de los medios de producción y los trabajadores se ven obligados a aceptar los sueldos ofrecidos para vivir. El autor hace aquí una explicación detallada de ambas posturas y que no es mencionada en este resumen.

Conway se manifiesta partidario de la versión de la explotación como un acto que Marx reprueba por injusto también, y dice que al final no importa dilucidar la cuestión, pues ambas escuelas señalan lo mismo: una acusación en contra del capitalismo por explotar al trabajador.

Acusación que desea demostrar como falsa.

En el inicio de esa demostración, el autor dice que puede concederse que los capitalistas explotan a los trabajadores si es que se demuestra que los capitalistas no hacen contribución alguna al proceso de producción.

Es decir, debe irse al fondo de la cuestión y analizar la hipótesis necesaria que Marx toma como cierta: si los capitalistas no colaboran en el proceso de producción, entonces Marx tiene razón. En ese caso, los capitalistas no contribuyen y a pesar de eso se benefician, lo que haría inmoral a ese beneficio, es decir, a las utilidades.

Pero si se demuestra que los capitalistas sí hacen una contribución al proceso de producción, entonces la explotación de Marx dejaría de tener validez, caería al suelo.

Los capitalistas argumentan que ellos sí hacen aportaciones al proceso de producción. Concretamente dicen poner a disposición del trabajador los medios de producción y dar ingresos al trabajador antes de recibir los pagos por la venta de lo producido. Con esas contribuciones al proceso, dice, se justifican las utilidades.

Las aportaciones de los capitalistas implican un acto de abstinencia. En lugar de consumir esos recursos, los hacen disponibles, lo que les da derecho a parte de los beneficios de la producción adicionalmente al pago por esa abstinencia, como pago por el capital prestado o invertido.

Entonces, los capitalistas, señala Conway, hacen una contribución al proceso, esa aportación de capital producto de su abstinencia de consumo.

Pero también, los capitalistas argumentan hacer otra aportación: soportar el riesgo inherente en toda producción de bienes. Siempre existe el riesgo de que los bienes producidos no tengan la demanda esperada al precio que cubra al menos los costos de producción.

El pago de salarios al trabajador se hace sin que él corra ese riesgo. Esta es otra justificación de las utilidades.

Incluso Marx reconoció ese riesgo, el de que en el mercado se determine la cantidad de trabajo necesario para los bienes. Es el admitir abiertamente que es en el momento en el que el bien llega al mercado que puede saberse si lo que costó producir el bien fue justificado.

Este riesgo es uno que deja de colocarse en los trabajadores y es asumido por los capitalistas, lo que les justifica tener utilidades. Se ha dicho que Marx sabe esto y que tiene objeciones que insisten en la existencia de la explotación.

Conway, a continuación examina esas objeciones de Marx.

Inicia esa revisión de argumentos con la noción de la abstinencia, la que justifica el ingreso de los capitalistas porque ellos se han abstenido de consumir lo que han aportado al proceso de producción. Marx objeta ese punto en términos de historia y en términos del propio capitalismo.

En un plano histórico, Marx niega que las empresas capitalistas sean el producto de la frugalidad de los capitalistas. Según Marx la esclavitud, la conquista, el robo, han sido las fuentes del capital, no la abstinencia.

Y en cuanto a lo presente, Marx niega también esa abstinencia de consumo que hace posible la disponibilidad de recursos capitalistas; primero porque toda acción implica una abstención de otra, lo que no merece pago alguno y segundo, porque la abstención del capitalista es inexistente, ya que no podrían consumir su capital.

El autor procede ahora a examinar esos argumentos marxistas.

Primero, las investigaciones históricas indican que los orígenes de los capitalistas no son los que Marx indica. Los primeros capitalistas ingleses pertenecieron a las clases medias y obreras. Además, los capitales de arranque en las empresas fueron pequeños, capaces de ser obtenidos por medio de ahorros.

El capital requerido siguiente fue obtenido por medio de la reinversión de utilidades. Además, el capital de las colonias y los terratenientes prácticamente no jugó un papel en el financiamiento industrial. Es decir, se niega la tesis de Marx y se acepta que la noción de la abstinencia es válida.

En cuanto a la abstinencia presente, Marx presenta en realidad dos objeciones.

Dice que todos los actos incluyen abstinencia de otros, lo que presupone dos posibles significados de abstinencia. En el primer sentido, abstenerse es omitir algo, dejar de hacer algo, sin que ello signifique la realización de un sacrificio.

La otra sí tiene esa connotación, la de sacrificar algo o posponer una satisfacción. Toda acción desde luego, tiene ese sentido de dejar de hacer algo más, pero no todas las acciones implican esa noción de sacrificio presente. Marx se basa en el primer significado. Los capitalistas en el segundo.

La otra objeción de Marx se refiere a la imposibilidad de que el capitalista consuma el capital que pone a disposición del proceso de producción.

Marx tendría razón si pudiesen consumirse las máquinas e instalaciones que ha provisto el capital. Es obvio que no pueden ser consumidos, pero la realidad es que esas facilidades han sido puestas a disposición de la producción por una razón: la posibilidad de tener un ingreso por ello.

Al hacer disponibles esas facilidades y adelantar los salarios sobre bienes aún no vendidos el capitalista está ocupando recursos que podría estar dedicando al consumo personal.

Es decir, sí hay abstinencia, incluso a pesar de no poder consumir todo.

Contra esto se ha argumentado que el sacrificio del capitalista no tiene efecto en el nivel de consumo que él realiza. Es cierto, porque en realidad esa abstinencia no requiere alterar el nivel de consumo, sino la abstención de posible consumo.

En ambos casos, con o sin reducción de consumo, existe una decisión intencional que frena una acción para en su lugar hacer disponibles bienes de producción.

De acuerdo con lo anterior, sí existe una contribución de los capitalistas al proceso de producción. La acumulación de capital fue generada en el tiempo por medio de acciones de frugalidad prolongada y si existe abstinencia actual de consumo.

Por lo tanto, la explotación obrera, definida por Marx, no existe. Los obreros hacen una contribución al proceso de producción, pero también los capitalistas. Y por eso ambos reciben compensaciones y beneficios. No hay una relación asimétrica, de beneficios no recíprocos.

Toca ahora ver el argumento del riesgo que el capitalista evita al trabajador en caso de no vender el producto al precio que cubra los costos de producción.

Según Marx, eso es falso. No hay riesgo evitado: existe el riesgo de desempleo por movimientos cíclicos y por adelantos técnicos.

En cuanto a éste último, Marx, dice Conway, se confunde: una cosa es adelantar el ingreso que se cree producirá la venta de un bien en el futuro y otra es la protección total vitalicia de un ingreso. Contestar la objeción de Marx en cuanto a los ciclos económicos es dejada por el autor a otra parte de su obra que no se ve en esta carta.

Queda ahora otro argumento, el de la objeción que establece que los beneficios por evitar riesgos y por hacer disponibles medios de producción son legítimos, es cierto, pero solamente bajo una condición: que la propiedad privada de medios de producción sea también legítima.

Si esa propiedad no es legítima, entonces tampoco lo son esos beneficios del capitalista. La respuesta que da Conway se deja para otra posible carta de AmaYi®.

El gran mérito de Conway es doble. Primero, provee una clara base de exposición para comprender a un autor complejo y de difícil comprensión; esto es de enorme valor para hacer justicia a Marx y alejarlo de las interpretaciones de bolsillo. Segundo, Conway provee una serie de críticas que arrojan luz sobre las ideas marxistas.

La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

Ideas Políticas

Ideas Culturales

La sección AmaYi de ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.



1 comentario en “Plusvalía y Explotación”
  1. augusto182 Dijo:

    Esto es un chiste… si empiezas a criticar la economia política de marx basandote en conceptos subjetivos de justicia, moralidad y cosas por el estilo, empezaste equivocado… no resiste el rigor del analizis cientifico. NOTA DEL EDITOR: si no se tienen conceptos absolutos, tampoco lo que usted dice es absoluto y se niega a sí mismo.





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