Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Política Antipolítica
Textos de un Laico
8 enero 2008
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta a sus lectores una idea de Samuel Gregg. Agradecemos al Acton Institute el amable permiso de traducción y publicación. El autor es director en el Acton Institute y autor reciente de The Commercial Society (2007).

La idea central de esta columna hace referencia a una idea sostenida por esta página: los intentos de construcción de utopías terrenales producen pesadillas reales.

Ahora Gregg explora esta misma idea a la luz de la última encíclica de Benedicto XVI, Spe Salvi, una buena ilustración de que las ideas tienen consecuencias. En El Peligro de lo Perfecto (abril 2000), hay un resumen de la misma idea del ahora Papa, cuando era cardenal.

“Esperanza”, como la palabra “amor” son demasiado usadas hoy en día, y sin embargo ése es el tema fundamental de la nueva encíclica de Benedicto XVI, Spe Salvi.

Como su primera encíclica, Deus Caritas Est exploró el tema del amor, el Papa-teólogo del Catolicismo ha seleccionado enfocarse a una dimensión indispensable del mensaje cristiano.

Hoy cientos de teólogos insisten en hablar de todo, menos de las esencias de la fe cristiana considerándolas como “no importantes” para las preocupaciones actuales. Benedicto demuestra, en Spe Salvi —quizá sin proponérselo— lo equivocado de ignorar esas esencias.

Un tema poderoso de su encíclica es que un mundo sin esperanza o uno que reduce la esperanza a la creación de utopías terrenales, facilita una visión de la política que no sólo esclaviza, sino también mata.

Benedicto comienza observado que la esperanza de vida después de la muerte presentó una visión radicalmente distinta del destino humano comparada con la de las religiones paganas del Imperio Romano.

Escribe Benedicto,

“… sus dioses se habían demostrado inciertos y de sus mitos contradictorios no surgía esperanza alguna. A pesar de los dioses, estaban «sin Dios» y, por consiguiente, se hallaban en un mundo oscuro, ante un futuro sombrío”.

Pero la insistencia cristiana en la posibilidad de una vida eterna, dice el papa, reorientó fundamentalmente a la historia humana. Salvó a la Europa pagana de un entendimiento sin propósito de la vida. El Cristianismo movió a las personas a ver al mundo como uno en el que las cosas tienen sentido.

El mismo Dios que dio al hombre la esperanza de una vida eterna fue entendido como totalmente racional —el Logos—, más que una divinidad con voluntad caprichosa.

Entonces, la astrología cedió ante la astronomía, mientras los humanos aceleraron su búsqueda de la verdad, confiados en que la existencia humana no era el resultado de una mera casualidad o de un maestro relojero, sino de un Dios que al mismo tiempo es Amor (Caritas) y Verdad (Veritas).

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Desde el punto de vista de Benedicto, sin embargo, las cosas comenzaron a ir mal con la Ilustración. No es que adopte el argumento de que la Ilustración es una obra del demonio, que se encuentra con frecuencia en los ultra tradicionalistas. Cualquiera que conozca los escritos del Papa sabe que hay mucho que el admira de ese movimiento intelectual diverso.

Lo que él quiere decir es que algunos pensadores de la Ilustración, como el científico y filósofo Francis Bacon, creyeron que la razón humana eventualmente resolvería todos los problemas de la humanidad.

Benedicto sugiere que esa ideología del progreso terminó en la gente imaginando que era posible tener al Reino de Dios en la tierra. La Revolución Francesa, sostiene, fue el primer intento político para implantar esta ideología. Terminó con la decapitación de todos los que según los altos sacerdotes seculares de la revolución obstruían el camino a la liberté, égalité, fraternité.

Desafortunadamente, no ha disminuido la fe progresista en la habilidad de la humanidad para crear paraísos terrenales por medio de la política. Fue, como nota el Papa, un aspecto central del proyecto marxista que destrozó al siglo 20.

En la visión de Benedicto, el Marxismo no pudo evitar dejar tras de sí una “destrucción desoladora”.

Marx, dice Benedicto, se quedó prácticamente callado acerca del estado del fin de su prometido cielo en la tierra porque ha

“… olvidado que el hombre es siempre hombre. Ha olvidado al hombre y ha olvidado su libertad. Ha olvidado que la libertad es siempre libertad, incluso para el mal. Creyó que, una vez solucionada la economía, todo quedaría solucionado. Su verdadero error es el materialismo: en efecto, el hombre no es sólo el producto de condiciones económicas y no es posible curarlo sólo desde fuera, creando condiciones económicas favorables”.

En otras palabras, una vez que se acepta la realidad de la libertad humana, uno sabe que la sociedad jamás puede ser estática, jamás perfecta. No hay un fin de la historia creado por la ingeniería humana.

La negación de la libertad humana, del Marxismo, significó que sus políticas jamás pudieron ir más allá de la dictadora del proletariado. Con ironía, Benedicto establece que “…tras el éxito de la revolución, Lenin pudo percatarse de que en los escritos del maestro no había ninguna indicación sobre cómo proceder”.

La esperanza cristiana, en la opinión de Benedicto, ofrece un entendimiento diferente de la política. Difiere también mucho de la política de los teócratas de todas las creencias, de la mayoría de los teólogos de la liberación y, tristemente, de algunos activistas cristianos de justicia social.

Escribe Benedicto, “El cristianismo no traía un mensaje socio-revolucionario como el de Espartaco que, con luchas cruentas, fracasó. Jesús no era Espartaco, no era un combatiente por una liberación política como Barrabás o Bar-Kokebá”.

En su lugar, el Cristianismo relativiza a la política. Si, los cristianos —en realidad todos— deben trabajar para hacer a la sociedad más auténticamente humana y libre. La política debe contribuir a este fin.

Pero el presuponer que el activismo político puede potencialmente crear una sociedad humana perfecta es igual a negar la verdad de la libertad humana y su imperfección, y colocar al Hombre y a la Tierra en el lugar de Dios y el Cielo.

Benedicto concluye, “… aunque sea necesario un empeño constante para mejorar el mundo, el mundo mejor del mañana no puede ser el contenido propio y suficiente de nuestra esperanza”.

Es un mensaje reconfortante sobre la política, no probable de ser bien recibido bien en un  número de círculos, cristianos y no cristianos.

Spe Salvi, sin embargo, con gentileza nos recuerda no permitir que la política sucumba a las tendencias de cualquier origen, religiosas o seculares. Ése es un mensaje político que vale la pena escuchar.


ContraPeso.info fue lanzado en enero de 2005 y es un proveedor de ideas e información  para lectores que buscan explicaciones.



1 comentario en “Política Antipolítica”
  1. Contrapeso » Civilización no es Utopía




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