educación pública

¿Qué es educación para la ciudadanía? La definición y significado del concepto, una manera de educar y enseñar. Muy claramente enfocada a valores y creencias. El punto central es, por tanto, qué valores y qué creencias enseña.

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Introducción

Lo que sigue es un intento de poner sobre la mesa un tema de amplias consecuencias —el de la conocida en general como educación para la ciudadanía. No creo que actualmente haya tema de mayor importancia que este.

La educación para la ciudadanía adopta diversos nombres que pueden incluir términos como civismo, cívico-ético y similares —se trata de una o más asignaturas recientes en las escuelas primarias, secundarias, preparatorias e incluso universitarias.

Se aplica en las escuelas públicas, pero tiene la posibilidad de ser obligatoria en las privadas.

La temática general de la educación para la ciudadanía es la de valores democráticos, legales, justos —que se apoyan en nociones de tolerancia, diversidad, pluralismo, derechos humanos, ecología, disposiciones constitucionales, sociedad libre y otras ideas similares, que coinciden asombrosamente con lo considerado políticamente correcto.

Ella, en pocas palabras, es uno o más cursos de enseñanza de valores civilmente aceptados según los criterios del gobierno.

Definición de educación para la ciudadanía

Una de las maneras de entenderla es como un sistema educativo que responde a ciertas situaciones, como en lo siguiente:

«La Educación para la Ciudadanía Mundial (ECM) es la respuesta de la UNESCO a este reto. Mediante su labor, la Organización pone a disposición de los educandos de todas las edades los medios para reflexionar acerca de estos desafíos mundiales, tanto local como globalmente, y para que se vuelvan contribuyentes, en una actitud proactiva, de un mundo más pacífico, tolerante, seguro y sostenible». es.unesco.org

El reto al que se refiere es el de «la paz y el desarrollo sostenible [que] siguen estando amenazados por las violaciones de los derechos humanos, las desigualdades y la pobreza».

Otra definición establece objetivos generales que poco aclaran la especificidad de la idea —ya que podría aplicarse a cualquier sistema educativo. Dice:

«[…] tiene como objetivo principal ayudar con el impulso de personas íntegras y libres por medio del afianzamiento de la autoestima, la libertad y la responsabilidad, la dignidad personal y la alineación de futuros ciudadanos con razonamiento propio, solidarios, participativos y respetuosos, que conozcan sus derechos, tomen sus deberes y desplieguen hábitos patrióticos para que puedan practicar la ciudadanía de manera responsable y eficaz». definicion.xyz

Esta otra tiene una poco mayor claridad.

«El objetivo […] es nutrir el respeto por todos, construyendo un sentido de pertenencia a una humanidad común y ayudar a los estudiantes a convertirse en ciudadanos globales activos y responsables. […] en pro de un mundo más pacífico, tolerante, inclusive y seguro. […] ayuda a los jóvenes a desarrollar sus competencias básicos lo cual les permite enlazarse activamente con el mundo, y ayudar a convertirlo en un lugar más justo y sostenible. […] implica la participación [en] problemáticas globales de naturaleza social, política, económica o ambiental». academicimpact.un.org

En otras palabras

Decir que la educación para la ciudadanía busca la mejora del estudiante en cuanto a su papel de ciudadano es algo obvio que podría ser aplicado a todo el sistema educativo en general.

La particularidad que parece asignar más especificidad al concepto es su contenido axiológico —es decir de valores y creencias. Eso está fuertemente indicado en las definiciones primera y tercera.

Expresiones como «mundo más pacífico, tolerante, seguro y sostenible» —y como « un mundo más pacífico, tolerante, inclusive y seguro. […] un lugar más justo y sostenible. […] problemáticas globales de naturaleza social, política, económica o ambiental».

¿Qué es educación para la ciudadanía?

La definición y significado del concepto, una manera de educar y enseñar. Muy claramente enfocada a valores y creencias. El punto central es, por tanto, qué valores y qué creencias enseña.

Ella es posible de comprender como un sistema educativo, promovido desde organismos internacionales y apoyado por gobiernos —por ejemplo, España —cuyo propósito es la enseñanza de un sistema de creencias y valores.

📌 El punto central es, entonces, el determinar cuál es ese sistema ético o moral que la educación para la ciudadanía quiere enseñar a todos los alumnos —incluso por la vía de cursos obligatorios en escuelas públicas.

No es que la educación para la ciudadanía sea tanto un sistema de enseñanza promovido desde entidades como la ONU, sino más bien se trata de un sistema axiológico particular —uno que sostiene creencias y normas éticas a las que pretende implantar.

Los valores de la educación para la ciudadanía

Una parte no siempre mencionada de la educación para la ciudadanía es la de las fuentes de esos conceptos —y en donde se hace necesario señalar de dónde no surgen y de dónde sí.

Ella es muy cuidadosa de evitar toda influencia religiosa pues toma a la religión como algo no congruente con la mentalidad moderna que debe evitar vertientes a las que considera sin fundamento racional.

Pero ya que la educación para la ciudadanía necesita de valores y creencias, ellos deben salir de algún lado.

No claramente especificado el origen de los valores y creencias incluidos en la asignatura pueden, sin embargo, detectarse asociaciones no gubernamentales y sus agendas políticas —puede ser una ONG ecologista, o como en España, la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales, FELGTB.

En resumen, los contenidos de valores de la educación para la ciudadanía tienen un origen secular en dos sentidos.

Primero, el rechazo a la influencia religiosa y, segundo, la aceptación de la influencia de cualquier otro origen que coincida con sus valores.

La educación para la ciudadanía es en resumen una asignatura axiológica —una que enseña valores, creencias, moral, ética y sentido de lo bueno y lo malo.

El problema que presenta es uno de origen y que puede ser apuntado con mucha sencillez: el gobierno puede convertirse en la fuente de la moral, de lo que determina lo que es bueno y lo que es malo, de lo que debe creerse y lo que no debe creerse.

Es una elevación indebida del poder estatal —la niñez y la juventud son educados de acuerdo con lo que una serie de burócratas, presionados por ONGs y activistas, creen conveniente en conjunto con los gobiernos. Un caso de intervencionismo moral.

Por ejemplo, la educación para la ciudadanía suele contener partes que enseñan y promueven a la homosexualidad como algo natural y superior a las normas religiosas que rechazan ese tipo de actos.

Un niño puede ser enseñado a que puede tomar una decisión de género con independencia de su naturaleza. Sin necesidad de discutir la legitimidad del homosexualismo, lo que debe admitirse es una realidad: el estado entra a un campo que siempre ha estado fuera de su competencia.

El menor de los sentidos democráticos señala la terrible falta que se comete al unir al poder moral con el poder político —es un regreso a los sistemas totalitarios en los que el gobernante indoctrina al ciudadano a su conveniencia.

Quiero enfatizar el punto para mayor claridad —la discusión no es si el homosexualismo deba ser reprobado o no, el problema es que esa discusión ha sido intervenida por el estado con una solución aplicada por la fuerza.

Concluyendo

Quien sea que crea en la libertad humana reconocerá que una parte importante de la educación es precisamente esa libertad de decisión —lo que se traduce en algo tan simple como el derecho de los padres a educar a sus hijos como ellos lo desean.

El problema de la educación para la ciudadanía es que viola esa libertad al utilizar a la educación pública como una herramienta de imposición de las opiniones morales del gobierno.

Dentro de lo que sé del tema, una buena parte de la oposición a ella viene de los católicos, lo que puede ocasionar una primera impresión muy equivocada —la de creer que se trata de una defensa de intereses católicos que desean tener una influencia muy grande en la educación de la niñez.

Es la impresión que produce la desafortunada creencia de que todo es una lucha de poderes.

Es mucho más que eso —es un esfuerzo por evitar la esclavitud humana en manos de gobiernos que siempre desean tener más poder y ahora quieren ser árbitros de la moral a la que manejan a su conveniencia.

Las discusiones al respecto concentran su atención en las diferencias, pero olvidan en corazón del problema. Insisto aún más en mi punto con el siguiente ejemplo.

Algunos gobiernos han autorizado el matrimonio de personas del mismo sexo, incluso dándoles autorización de adopción de niños —a lo que se han opuesto personas que piensan que eso es indebido y tiene consecuencias nefastas.

La atención se ha puesto en la defensa de una de esas dos posiciones, cuando el problema no es tanto ese como el hecho de que el estado se ha adjudicado el papel de juez de las discusiones morales y usado ese poder en su beneficio.

Para usar una imagen ilustrativa: en un claustro académico dos o más teólogos discuten algún punto, el que sea, quizá la determinación de la verdadera religión; escriben libros, explican razonamientos, exhiben pruebas, argumentan y discuten.

Mientras eso sucede, entra al salón de clases un grupo de gobernantes y por decreto dictaminan que el poseedor de la verdad es tal o cual de los teólogos que discutían. Ahora sus enseñanzas serán las obligatorias en el resto de las escuelas y las opiniones de los otros serán desechadas.

John Milton en su Carta Sobre La Tolerancia sostuvo que es imposible que un juez en esta tierra pueda dictaminar cuál de las religiones en la verdadera —pero eso es precisamente lo que está haciendo la educación para la ciudadanía y con ello crear un estado poderoso a tal extremo que ya es capaz de indoctrinar al alumno para ser el ciudadano que el gobierno desea tener.

Cuando el gobierno tiene tal poder acontece lo natural. Cuando un estado tiene gran poder económico surge el clientelismo de ese tipo: grupos piden favores a cambio de alianzas —se reciben subsidios a cambio de votos y apoyos.

Lo mismo sucede cuando un estado tiene poder moral: los grupos con agendas morales acuden a la autoridad solicitando favores y ofreciendo alianzas. Se tiene cabildeo económico y ahora se tiene un cabildeo moral.

Así como los gobiernos sobrepasaron sus límites en el terreno de la economía y decretaron controles de precios, impuestos distributivos, subsidios, prohibiciones de comercio y demás, ahora la educación para la ciudadanía ha permitido ver que los gobiernos quieren también tener poder moral y lograr lo que todo poder desea, ser total.


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Y unas cosas más solamente…

Debe verse:

Monopolio educativo del Estado

Otras ideas relacionadas:

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La educación para la ciudadanía y la fabricación en serie de derechos

Para hacer mi demostración aprovecho una parte del contenido de un libro de texto para escuela secundaria en México — Rodríguez, Ana Lilian y Klein, Ivinne, Formación cívica y ética 1, Secundaria, segundo grado, 2008, Ediciones SM, pp. 194 y 195.

Quienes usan este libro tienen alrededor de los 13 años. Aprovecho ese libro por la enorme claridad con la que expone cómo la educación para la ciudadanía fabrica derechos humanos de la nada.

El proceso

Y, más aún, esa producción en serie de derechos, crea un sistema ético que favorece la expansión gubernamental.

Dice el libro que,

«Los derechos de la segunda generación son los económicos, sociales y culturales. Los derechos sociales como la educación, el trabajo y la salud tienen una razón igualitaria…  A diferencia de los de la primera generación, en los derechos de la segunda generación el Estado está obligado a proveer los medios materiales para la realización de estos servicios… no sirve de nada que una ley establezca que la educación es un derecho si el Estado no puede hacer escuelas… ” [mi énfasis en todas las citas]

Los derechos de segunda generación necesitan la intervención estatal y, por tanto, los derechos son instrumentos que el gobierno usa para aumentar su tamaño. Lo que el libro afirma sin tapujo alguno:

«Los derechos de la segunda generación… suponen una certificación activa del Estado…»

¿Quién fabrica esos derechos?

Queda la pregunta obvia, la de quién «descubrió» esos nuevos derechos —la respuesta es asombrosamente cándida:

«Al fundar la ONU, los pueblos consideraron que necesitaban definir por consenso los valores que tendrían que regir la convivencia entre los hombres. Por ello, esa organización encargó a expertos la elaboración de un documento que contuviera los derechos fundamentales para todo ser humano…»

Y en el caso de los derechos de tercera generación —que son los de los pueblos— los descubrieron en una reunión «en Argel el 4 de julio de 1976” (p.196), en donde se descubrieron cosas como que «los grupos indígenas tienen derecho al desarrollo económico» o que «un país no debe agredir a otro».

Finalmente

El sistema ético que ha creado la educación para la ciudadanía incluye la promoción de la expansión estatal por la vía de la fabricación de una lista creciente de derechos que son entendidos como responsabilidad estatal —todo un nuevo sistema moral.

Hay más evidencia, otro libro de texto —Medina, J., de la Peña, E., Cielo, S., & Murguía, M. (2007). Formación Etica y Cívica(secundaria, segundo grado). México: Santillana, donde se le enseña al alumno que:

«Los derechos de segunda generación buscan una mayor participación del Estado mediante la promoción de políticas de empleo, viviendo, servicios de seguridad social, dotación de recursos para la educación, etcétera, por eso también se les conoce como libertades generadoras del Estado de Bienestar». (p.197)

Otra evidencia —la obra de Conde, S. (2008). Formación Cívica y Ética I (secundaria, segundo grado) (2a ed.). México: SM. En la página 225 dice que,

«La segunda generación de derechos se basa en el pensamiento humanista, en el socialismo y en la lucha por la igualdad». 

Sí, en el socialismo.