Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Racismo en Otra Forma
Eduardo García Gaspar
28 enero 2008
Sección: DERECHOS, Sección: Una Segunda Opinión
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Leyendo sobre las campañas electorales de los dos partidos estadounidenses, se puede encontrar lo obvio y muy comentado en muchas partes: las candidaturas de una mujer y de un afro americano. No faltan menciones de lo bueno que es tener a candidatos de grupos, para que los representen… una actitud que es indebida y contiene rasgos racistas y sexistas.

En uno de los comentarios en los EEUU se dijo que las mujeres negras deben estar con un dilema frente a sí, como ningún otro grupo más en ese país, decidiendo su voto para ser dado a alguien de su raza o a alguien de su sexo. Como si los votos se decidieran con esos criterios como principales. Si el racismo es la creencia en la raza como un criterio central que merece otorgar tratamientos diferentes a seres humanos, eso es racismo puro: dar votos a alguien simplemente porque se trata de una persona que es negra o que es mujer.

Los criterios para decidir un voto, empleando la razón, tienen que ser otros, como la capacidad de tener un buen desempeño, la experiencia, la personalidad. Si ser blanco o ser hombre no implica necesariamente tener esa capacidad, tampoco lo implica el ser negro o ser mujer. No votar por alguien porque es mujer es tan primitivo como votar por ella porque lo es. Votar por un un afro americano porque lo es, es tan tonto como no votar por él por la misma razón.

Si en verdad existe una voluntad para erradicar actitudes grupistas, esos dos criterios deben ser ignorados. No lo son por una insana forma de pensar que cree que las personas sólo puede ser representadas por sus muy similares de raza, sexo, edad y lo que se le ocurra a alguien. Hace tiempo, en la radio, una diputada mexicana decía que estaba contenta con su elección porque con ella las mujeres tenían ya una representante de los intereses femeninos. Esta es la chatarra intelectual a la que me refiero.

Imagine usted que eso es cierto y que usted y yo sólo podemos ser bien representados por nuestros muy similares. Llegaremos a la conclusión de que jamás lo seremos. Yo necesitaría un presidente de más o menos mis mismos años, de mi misma profesión, con gustos similares, estatura media, hombre y demás. Es como una enfermedad que obsesiona con la formación de grupos de personas. Grupismo, si me permite usar una palabra nueva.

En México, el grupismo también existe, a pesar de no tener poblaciones de color. Una de las manifestaciones de nuestro grupismo es causado por un patriotismo extremo, el que en algunas personas provoca la reacción de tratar a los extranjeros de manera inferior, como bien se vio en muchos de los comentarios acerca del nombramiento reciente del secretario de gobernación. Sus ligas sanguíneas con España provocaron algunos comentarios de ese tipo.

La preocupación central con ese nombramiento debía haber sido la capacidad del seleccionado por el presidente Calderón, no la nacionalidad de su familia. Racismo abierto y claro, en una de sus formas, muy desafortunado y propio de mentes primitivas… pero también realmente curioso en un país en el que se habla castellano y la inmensa mayoría de los apellidos son españoles.

Vuelvo a lo que escribí no hace mucho acerca del Odio Político. Hay en todas esas reacciones un elemento de rencor al grupo opuesto. No votar por una mujer o votar por ella porque lo es, tienen en el fondo un sustento de discriminación indebida: a alguien se le considera inferior por necesidad. No es diferente a las reacciones nacionalistas en contra del nombramiento en México de Juan Camilo Mouriño Terrazo.

El problema de pensar en esos términos grupistas es que se convierte en una explicación de las ideas y acciones de la persona. Si Mouriño, Clinton, u Obama hacen algo y dicen algo, no faltará quien interprete eso como debido a su nacionalidad, sexo, o raza… y eso es tonto. Tan tonto y fácil de decir, como el que alguien le diga al otro que hizo tal cosa porque es de Coahuila, o de Sinaloa, o de Yucatán.

Esas variables explican muy poco de las personas. Es el mismo error de Marx y su “conciencia de clase” que en pocas palabras dice que las ideas que usted tiene están condicionadas por la clase a la que pertenece (una regla inevitable de la que Marx, por alguna razón inexplicable, era excepción).

En fin, todo lo que intenté hacer es demostrar que el fondo del racismo se mantiene, como en el indigenismo y otras corrientes de ideas que separan a seres humanos en grupos artificiales. Es una obsesión grupista que crea categorías de personas para más tarde justificar tratos diferentes siempre con alguien superior y otro inferior.

Post Scriptum

• Una columna de Jorge Fernández Menéndez, el 22 de enero (Excelsior)  comentó que,

El ejemplo más claro de esa ramplonería conservadora es la actitud tomada por esos sectores con respecto a la nacionalidad de Juan Camilo Mouriño. Para empezar es mentira que Mouriño no es mexicano por nacimiento: el que haya nacido en Madrid no lo priva de ese derecho, como tampoco a otros millones de mexicanos que han nacido en el exterior. Con la tesis esgrimida por el perredismo y sus círculos más cercanos (la revista Proceso, cuyos editores no son precisamente descendientes de Moctezuma y siempre ha mantenido una actitud de amplitud notable hacia colaboradores nacidos en cualquier lugar del mundo, llegó a publicar en primera plana que Gobernación se había convertido en “un enclave español”) todos los hijos de los millones de paisanos que viven en Estados Unidos no podrían ser considerados mexicanos y tampoco tendría nuestro gobierno que preocuparse por ellos.


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