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Rusia en América Latina
Selección de ContraPeso.info
11 noviembre 2008
Sección: DIPLOMACIA, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta una idea de Ray Walser y Román D. Ortiz. Agradecemos a los autores el amable permiso de publicación. Ray Walser es analista político senior para América Latina de la Heritage Foundation (EEUU) y Román D. Ortiz es Coordinador del Área de Estudios de Seguridad y Defensa de la Fundación Ideas para la Paz (Colombia). La idea central del escrito es examinar el nuevo fenómeno en América Latina: la presencia rusa, militar y diplomática.

El pasado 10 de septiembre dos bombarderos estratégicos rusos TU-160 Blackjack aterrizaron en el aeropuerto El Libertador cercano a Caracas. Los aparatos, capaces de transportar 40 toneladas de carga bélica, consumieron una semana realizando ejercicios sobre la costa venezolana antes de regresar a Rusia.

En cualquier caso, su salida sólo significó un corto paréntesis en el espectacular esfuerzo desplegado por Moscú para incrementar su presencia política y militar en el hemisferio americano. Apenas diez días después, una escuadra que incluía el crucero de propulsión nuclear Piotr Veliki y otros tres buques menores zarparon de su base en la región de Murmansk con dirección al Caribe donde llegará este noviembre para realizar ejercicios con la flota venezolana.

La reaparición del poder militar ruso en América Latina está destinada a provocar una conmoción en los equilibrios estratégicos de la región.

Para empezar, representa el despliegue de sistemas de armas con capacidad nuclear por una potencia ajena el hemisferio por primera vez desde la crisis de los misiles de Cuba en 1962. De hecho, los bombarderos TU-160 son parte del arsenal nuclear de Moscú.

Incluso si hay que aceptar las explicaciones de la diplomacia rusa en el sentido de que los aparatos enviados a Venezuela no transportaban su habitual carga atómica, lo cierto es que su despliegue demuestra la capacidad y la voluntad del Kremlin para proyectar armamento estratégico en un espacio que le permaneció vedado durante la Guerra Fría.

Lo mismo se puede decir del crucero Piotr Veliki configurado como una plataforma naval para lanzar misiles crucero con capacidad para transportar una cabeza nuclear a una distancia de más de 500 kilómetros.

Los aviones y los buques rusos en el Caribe son solamente una señal de lo que ha sido un incremento sustancial de la influencia del Kremlin en América Latina. A lo largo de los años 90, Moscú buscó nuevos mercados para su industria militar en América Latina. De este modo, helicópteros, misiles y aviones de transporte llegaron en cantidades moderadas a algunos países de la región, incluyendo Colombia o Perú.

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Sin embargo, la lógica de las transferencias de armas de Moscú cambió a partir de comienzos de la década. De hecho, la decisión de transferir grandes cantidades de armamento al régimen bolivariano de Venezuela dejó de ser un puro negocio para tomar la forma de una apuesta estratégica. Ciertamente, el crecimiento de la capacidad de pago del presidente Chávez a medida que se disparaba el precio del petróleo fue un incentivo adicional para que Rusia decidiese abrirle las puertas de sus arsenales.

Pero sin duda, la decisión de proporcionar a Caracas equipo militar nunca antes suministrado a un país latinoamericano estuvo determinada por consideraciones de carácter político.

De este modo, Caracas obtuvo de Moscú desde cazabombarderos Su-30MK hasta helicópteros de ataque Mi-35, pasando por Misiles Tierra-Aire Tor M-1. Una demostración de la voluntad de Rusia de construir una sólida alianza con Venezuela que se puso de manifiesto de nuevo con el anunció de Moscú de que pondría en marcha un programa de cooperación nuclear con el país latinoamericano.

La apuesta rusa para recuperar influencia en América Latina es una señal clara del proyecto estratégico que inspira la política exterior de Moscú.

Desde finales de los 90, primero Vladimir Putin y luego su sucesor y delfín Dimitri Medvedev han intentado afirmar la hegemonía rusa sobre las antiguas repúblicas soviéticas. Semejante intento ha chocado con los esfuerzos de EEUU y Europa por consolidar las instituciones democráticas y las economías de mercado de los países de Europa Central y Oriental.

Un enfrentamiento que alcanzó su clímax después de que Moscú invadiese Georgia a principios del pasado agosto con el objetivo último de derrocar al presidente prooccidental  Mikheil Saakashvili. En este contexto, el Kremlin busca incrementar su influencia estratégica en América Latina como una forma de erosionar la presencia estadounidense en la región y abrir un nuevo frente en su competencia con la Casa Blanca.

Ciertamente, las fuerzas armadas y la economía de Moscú no están en condiciones de proyectar un esfuerzo estratégico sobre el Hemisferio semejante al que desarrollaron durante la Guerra Fría. Pero la actual coyuntura latinoamericana, marcada por el ascenso de gobiernos bolivarianos opuestos a la democracia liberal y el libre mercado en países como Venezuela o Bolivia, crea un escenario donde la influencia de Rusia puede tener un impacto extraordinariamente desestabilizador.

De hecho, la presencia de Moscú en el continente está ampliando el margen de maniobra estratégico de capitales como Caracas o La Paz en varios sentidos.

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Para empezar, Rusia se ha convertido en una fuente alternativa de respaldo político para aquellos regímenes determinados a romper con EEUU Ahí están las declaraciones del presidente boliviano, Evo Morales, anunciando que buscaría reemplazar la ayuda antinarcóticos estadounidense por asistencia rusa. Una idea que puede sonar estrafalaria; pero indica la intención de La Paz de asociarse con Moscú como forma de romper con Washington.

Por otra parte, el suministro de armas garantizado por el Kremlin promete hacer saltar los equilibrios estratégicos de la región proporcionando a países como Venezuela una ventaja militar sustancial frente a aliados de EEUU como Colombia.

Finalmente, Caracas y sus socios bolivarianos ven un acercamiento a Moscú como una forma de protegerse de una posible respuesta de Washington a sus provocaciones. Desde esta perspectiva, una alianza con Rusia disuadiría a EEUU de dar una respuesta contundente a la hostilidad de los regímenes de Venezuela, Bolivia o Nicaragua. Más allá de que esta percepción pueda ser errada, lo cierto es que dicha creencia promete animar a Chávez, Morales u Ortega a practicar una política exterior más agresiva puesto que se sentirán blindados frente a cualquier reacción estadounidense.

El regreso de Rusia al Hemisferio representa una señal clara de que América Latina ha dejado de ser un islote estratégico y se ha convertido en un escenario clave para la apuesta del Kremlin por recuperar su estatus de gran potencia.

En este sentido, el incremento de la presencia de Moscú en el continente combinada con la cristalización de un eje bolivariano desde Caracas hasta La Paz promete generar una fuerte desestabilización.

De hecho, el apoyo ruso a las ambiciones hegemónicas venezolanas promete colocar a los gobiernos de la región opuestos al Socialismo del Siglo XXI en una posición de aguda inferioridad estratégica. De este modo, la evolución del escenario demanda una alianza de largo plazo entre EEUU y aquellos países latinoamericanos que comparten los principios de la democracia y el respeto a la legalidad internacional en el Hemisferio. Solamente de esta forma será posible contener los riesgos que entraña para la estabilidad continental la alianza entre Moscú y los regímenes bolivarianos de América Latina.

Nota del Editor

Grupo Reforma reportó el 24 de noviembre que,

CARACAS.- Cuatro buques de la flota rusa, que ejecutarán maniobras militares conjuntas en el Caribe con fuerzas de Venezuela ingresarán en una cuestión de horas a aguas territoriales del país sudamericano, informó ayer el Presidente Hugo Chávez… La decisión de llevarlas a cabo, anunciada en septiembre, fue vista como una muestra del malestar que generó en Moscú el envío de buques de guerra estadounidenses con ayuda humanitaria a Georgia, luego de que esta república caucásica se enfrentara, en agosto, contra Rusia.


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