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Rusia y el (Des)Orden Mundial
Selección de ContraPeso.info
14 octubre 2008
Sección: POLITICA, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta una idea Román D. Ortiz. Agradecemos al autor el amable permiso de publicación. El autor es analista político y coordinador del Área de Estudios de Seguridad y Defensa de la Fundación Ideas para la Paz, en Colombia. La idea central del escrito es examinar el significado de más largo plazo de la invasión rusa a Georgia.

El asalto tuvo dimensiones espectaculares. Como en imágenes extraídas de las páginas amarillentas de un libro de historia, al mediodía del pasado 8 de agosto, columnas de vehículos blindados rusos apoyadas por unos 300 cazabombarderos cruzaron la frontera con Georgia y aplastaron rápidamente la resistencia del pequeño ejército de Tblisi.

Paralelamente, fuerzas aerotransportadas del Kremlin ocuparon las capitales de las regiones secesionistas de Abjasia y Ossetia del Sur apoyadas desde Moscú. En menos de una semana, las fuerzas rusas y sus aliados separatistas habían ocupado grandes fragmentos del territorio georgiano y se encontraban a unos 40 kilómetros de la capital del pequeño Estado del Cáucaso.

Inevitablemente, la operación no pudo sino empujar a muchos observadores cuarenta años atrás a la invasión de Afganistán en diciembre de 1979 y el comienzo de lo que sería la segunda Guerra Fría a lo largo de toda la década siguiente. ¿Se estaba repitiendo la historia?

Lo cierto es que los efectos de la invasión rusa de Georgia podían inducir a pensar así. A los pocos días del ataque, Washington prometió enviar fuerzas militares a la maltrecha república para proporcionar asistencia humanitaria al gobierno del presidente Saakashvili. Un nivel de respaldo muy por debajo del suministro de equipo bélico solicitado por las autoridades georgianas; pero que demostraba la voluntad norteamericana de enfrentarse a la ambición rusa de restaurar su hegemonía sobre los antiguos dominios de la Unión Soviética.

Entretanto, Polonia autorizó a EEUU a instalar en su suelo el sistema de defensa contra misiles estratégicos que la diplomacia rusa había criticado ferozmente como una iniciativa armamentista de Occidente. En cualquier caso, la decisión tenía poco de raro viniendo de un país que había permanecido durante siglos sometido a los dictados del Kremlin y esperaba contar con el apoyo estadounidense para resistirse a la nueva política imperial rusa.

En este contexto, tampoco resultó extraña la reacción de Moscú, el anuncio de la suspensión de cualquier clase de cooperación con la OTAN. De este modo, en pocas semanas, la vieja rivalidad entre norteamericanos y rusos pareció resucitar con toda su fuerza.

Sin embargo, una mirada en detallada al escenario, hace visibles diferencias radicales con la antigua confrontación bipolar entre Este y Oeste. Para empezar, no se trata de un choque ideológico donde Washington y Moscú se enfrentan por exportar dos modelos de sociedad distintos al resto del mundo. Por el contrario, el enfrentamiento se parece más a una vieja pelea por contener el impulso expansionista de un imperio.

Además, ni los supuestos bloques occidental y oriental están tan cohesionados, ni son los únicos jugadores sobre el tablero. Tras la invasión, norteamericanos y británicos cerraron filas en apoyo de las nuevas democracias de Europa Central y Oriental que se perfilaban como las primeras víctimas de los nuevos zarpazos del oso ruso.

Pero Francia mantuvo una posición menos firme tratando de situarse equidistante entre las partes en conflicto. Por otra parte, la pelea EEUU–Rusia promete tener consecuencias en los juegos de poder protagonizados por otros actores internacionales.

Sin acuerdo Washington-Moscú, las posibilidades de garantizar el desarme nuclear de Corea del Norte e Irán pasan de ser remotas a sencillamente inexistentes. Eso sin contar con que la necesidad de EEUU de mirar simultáneamente a Oriente Medio y Europa deja las manos libres a potencias como China y abandona a la deriva escenarios como América Latina.

De este modo, la nueva confrontación EEUU-Rusia parece menos una reedición de la Guerra Fría y más la resurrección del viejo sistema de potencias que definió los equilibrios estratégicos de Europa desde el final de las guerras napoleónicas en 1815 hasta la Segunda Guerra Mundial.

En consecuencia, no estaríamos frente a la emergencia de dos coaliciones enzarzadas en una lucha ideológica sino ante la consolidación de una serie de Estados o grupos de Estados que cooperarían o competirían sin aliarse de forma permanente en un intento de alcanzar sus intereses nacionales y conquistar una posición hegemónica.

El mundo ya no sería aquel descrito por Zbigniew Brzezinski en su obra clásica sobre la Guerra Fría El Juego Estratégico (Planeta, 1988) sino más bien el complejo escenario perfilado por Robert Kagan en su reciente libro El Retorno de la Historia y el Fin de los Sueños (Taurus 2008).

En otras palabras, adiós al viejo bipolarismo Este-Oeste y bienvenidos al juego de potencias, pero está vez a escala global.

Probablemente, esta transformación del escenario internacional pondrá felices a todos aquellos que desde la academia y la política promovieron la idea de que un escenario multipolar resultaba más equitativo por oposición a lo que consideraban como una excesiva hegemonía norteamericana. Sin embargo, una mirada cuidadosa a las consecuencias históricas del sistema de potencias europeo debería enfriar semejante entusiasmo.

En comparación con el medio siglo de Guerra Fría, el periodo del juego de potencias europeo resultó mucho más inestable y violento. Al fin y al cabo, las dos guerras mundiales fueron el resultado de un sistema internacional que tendía generar conflictos múltiples con una fuerte tendencia a extenderse y escalar de forma violenta.

Ahora, la diferencia con respecto a los enfrentamientos entre naciones-estado que ensangrentaron los campos europeos reside en que hay un número creciente de países con armas nucleares. Un hecho que otorga a cualquier enfrentamiento bélico un carácter potencialmente catastrófico. A veces, en relaciones internacionales, conseguir lo que se quiere solo por motivos ideológicos y sin mayor análisis estratégico puede resultar extremadamente peligroso.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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