Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Santísima Trinidad A
Textos de un Laico
16 mayo 2008
Sección: Sección: Asuntos, Y TEXTOS DE UN LAICO
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• La primera lectura (Éxodo 34, 4-6, 8-9) muestra a Moisés frente a Dios, por mandato suyo, suplicando, “Si de veras he hallado gracia a tus ojos, dígnate venir ahora con nosotros, aunque este pueblo sea de cabeza dura; perdona nuestras iniquidades y tómanos como cosa tuya.”

Es una solicitud que ruega a Dios por su presencia con nosotros, que implora que Dios nos acompañe en nuestra vida. La idea continúa con Pablo.

• La segunda lectura, de San Pablo (Corintios 2, 13, 11-14) pide también por la presencia de Dios. Escribe el apóstol, “Estén alegres, trabajen por su perfección, anímense mutuamente, vivan en paz y armonía. Y el Dios del amor y de la paz estará con ustedes.” Con otras palabras pide lo mismo que Moisés, pero añade cómo lograrlo mencionando esos consejos.

Dice que quien vive en paz, quien está alegre, quien da ánimo a otros, quien trabaja por su perfeccionamiento, ése será acompañado por Dios.

• Y el evangelio de hoy (Juan 3, 16-18) habla de eso mismo, de Dios acompañándonos… más aún de Dios estando entre nosotros. Dice, “Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su hijo único para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna.”

Y a eso añade una referencia a la súplica de Moisés cuando habla de tener cabeza dura, pues dice, “El que cree en él no será condenado; pero el que no cree ya está condenado, por no haber creído en el Hijo único de Dios.”

Las tres lecturas juntas presentan una idea común, la de desear que Dios esté con nosotros, lo que ya supone un paso importante, el de no ser cabeza dura y creer en él. Porque creyendo en él, debe decirse, necesariamente supone el querer tenerlo al lado, el implorarle que nos acompañe. Por su parte, Dios nos ha demostrado su amor, él quiere estar con nosotros, tanto lo quiere y tanto nos ama, que como dice Juan, entregó a su hijo.

Toda ahora a nosotros, a cada uno en lo individual, el dar el paso siguiente y hacer la misma súplica: reconocerle como Dios único y verdadero, y por ello rogar su compañía. ¿Cómo lograrla? De nuevo, es San Pablo el que nos dice qué hacer para que nuestra súplica se realice: llevar una vida de alegría, de amor, de paz, de armonía, de acercamiento a la perfección… y así, de manera automática estará Dios con nosotros.

La decisión es nuestra, enteramente nuestra. Si pedimos que Dios esté con nosotros él lo hará, pero la iniciativa es de cada uno y de nadie más. Moisés llama “cabeza dura” a quien no hace eso y tiene razón. Si sabemos que al llamarle, Dios vendrá a nuestras vidas, el no hacerlo es un serio error nuestro.

Podemos usar la misa de este domingo para pedir a Dios que cuando lleguen nuestros momentos de cabeza dura, que de seguro los tendremos, nos haga simplemente recordarle y retomar el camino hacia él.


La idea de Textos de un Laico nació en 2004: el intentar encontrar los comumes denominadores de las tres lecturas de la misa católica de cada domingo.

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Eclesiastés 3

1 Hay un momento para todo y un tiempo para cada cosa

bajo el sol:

2 un tiempo para nacer y un tiempo para morir,

un tiempo para plantar y un tiempo para arrancar lo plantado;

3 un tiempo para matar y un tiempo para curar,

un tiempo para demoler y un tiempo para edificar;

4 un tiempo para llorar y un tiempo para reír,

un tiempo para lamentarse y un tiempo para bailar;

5 un tiempo para arrojar piedras

y un tiempo para recogerlas,

un tiempo para abrazarse

y un tiempo para separarse;

6 un tiempo para buscar

y un tiempo para perder,

un tiempo para guardar y un tiempo para tirar;

7 un tiempo para rasgar y un tiempo para coser,

un tiempo para callar y un tiempo para hablar;

8 un tiempo para amar y un tiempo para odiar,

un tiempo de guerra

y un tiempo de paz.





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