Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Soberanía: Una Redefinición
Eduardo García Gaspar
14 abril 2008
Sección: NACIONALISMO, Sección: Una Segunda Opinión
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La realidad era predecible. Los números podían ser calculados y fallar, pero era claro que debía haber en un principio una reducción de la emigración ilegal a los EEUU. Dos razones para ello: las mayores medidas de seguridad fronteriza por parte del gobierno estadounidense y el mal desempeño de la economía de ese país.

El WSJ (9 de abril de 2008) da algunas cifras: el número de aprehensiones cayó 17%, a cerca de 350,000 personas capturadas. El descenso más marcado está en Yuma, Arizona, donde las capturas bajaron tres cuartas partes. Las mediciones son difíciles en las actividades ilegales, como en el narcotráfico, por lo que sólo puede hablarse de cifras tentativas.

Como referencia, en 2000 hubo más de millón y medio de arrestos y puede ser que en 2007 sea la mitad de esa cifra, también de acuerdo al periódico. Las remesas de los ilegales a sus países de origen crecieron 7%, mucho menos que antes. En lo general, el movimiento de ilegales se asocia positivamente con la actividad económica. Además, los precios pagados a los coyotes, naturalmente han subido.

Es una cuestión de estímulos e incentivos: el inmigrante ilegal va a EEUU porque cree que eso le dará una mejor vida incluso después de pagar los costos del viaje y de la ilegalidad. Cuando esos costos se elevan, menos personas deciden ir: menos ingresos, más costos de transporte, más posibilidad de captura. Allá pueden ganar en una hora lo que aquí se gana en un día, pero aún así las circunstancias cambian y se reduce el número de personas que van de ilegales.

Ellos actúan como personas pensantes. Igual que la persona que va a supermercado y encuentra que ha subido de precio el tomate: comprará menos. Igual que el criminal que ve que la probabilidad de su captura es muy baja: realizará más delitos. Así somos los humanos, aunque no nos demos cuenta realizamos cálculos de beneficios futuros y actuamos en consecuencia.

No somos robots, sino personas que quieren vivir mejor según nuestra propia definición de felicidad. Las decisiones que tomamos dependen de lo que vemos que nos rodea y de lo que queremos lograr. Por esto, un gobernante que dice que sólo lo mueve el bienestar del pueblo es alguien poco creíble: más lo mueve su propio interés y su avance personal.

Tome usted a, por ejemplo, un país con petróleo abundante, que es un recurso en extremo valioso muy especialmente en estos tiempos. El petróleo es un estímulo que mueve a todos porque es una fuente grande de ingresos: altera de diversas maneras e intensidades a todo el país. Si ese estímulo no existiera, ese país sería diferente.

Y ésa es la especulación a la que quiero llegar: un México hipotético sin petróleo, porque nunca lo tuvo. ¿Seríamos un mejor país sin el petróleo? No lo sé, pero mi intuición me dice que ese recurso no es necesario para ser un país desarrollado. Y sin duda habría otro beneficio, el de dejar de hablar de él como se hace ahora: ya no habría esa idea de que en el petróleo radica la soberanía, que es una definición de tontos.

Sin petróleo, no habría Pemex, ni su sindicato y eso sería ganancia para todos. Quizá tendríamos más tiempo para dedicarnos a hacer otras cosas mejores. Ya no existiría eso de que el petróleo es de los mexicanos. Puede ser que estuviéramos como Japón, Alemania, Francia, España y otros. No lo sé.

Pero sí es seguro decir que seríamos otro país, uno que seguramente se comportaría mejor por carecer de algo tan poderoso que descuida la atención en otros factores. La tesis no es nueva: se ha dicho que los países que cuentan con algún recurso natural predominante tienen una economía dependiente y distorsionada. El petróleo es un estímulo negativo, según esto.

Y eso es lo que apunto, el petróleo ha trastornado al país y lo ha hecho incluso mentalmente al creerse que la soberanía del país es igual a la propiedad estatal de la empresa que explota ese recurso. Le doy otra mejor definición de soberanía. México tiene un PIB de más de 830 mil millones de dólares con poco más de 100 millones de habitantes. ¿No le gustaría definir soberanía como el que México tuviera un PIB como el de Japón de unos 4.3 billones? El petróleo estorba para lograrlo.

La soberanía nacional no puede ser definida como la posesión estatal de un recurso natural único. La mejor definición de soberanía es la riqueza de los ciudadanos: muchos bienes, muy variados, propiedad de ellos, especialmente los de capital.


ContraPeso.info fue lanzado en enero de 2005 y es un proveedor de ideas e información para el interesado en buscar ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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