Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Socialismo Inconsciente
Eduardo García Gaspar
19 febrero 2008
Sección: Sección: Una Segunda Opinión
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Los que tenemos cierta edad quizá recordemos la visita de Nikita Khrushchev a los EEUU, en tiempos de Nixon como vicepresidente. Entre los dos personajes hubo una discusión sobre el gran tema de la época, la superioridad de un sistema sobre el otro, capitalismo y comunismo. Obviamente, cada uno hizo sus predicciones, las de la victoria de su sistema. En una columna (Excelsior, 22 enero), Leo Zuckerman recuerda que

“En otra ocasión, Khrushchev de nuevo le dijo a Nixon: ‘Sus nietos vivirán en una América comunista’ a lo que el estadounidense contestó: ‘No, sus nietos vivirán en una Rusia capitalista’… [pero] no fueron los nietos de Khrushchev los que acabaron viendo una Rusia capitalista: fueron los hijos… [el hijo de Nikita] ni siquiera se quedó en la Rusia capitalista sino que migró a Estados Unidos”.

Claro que el problema es otro, al que no se hace referencia. Al satisfecho con la supuesta victoria del capitalismo y que se regocija en ella, hay que recordarle otra cosa: fue Nixon mismo quien en 1971 dijo que “ahora todos somos keynesianos”.

Es decir, el socialismo se había colado por la puerta de atrás, sin que muchos se diesen cuenta (recuérdese, por ejemplo, a los controles de precio de la gasolina, establecidos por la administración de Nixon). Cierto que se mantuvo en los EEUU el régimen republicano que impide tener gobiernos con poder concentrado, pero la mentalidad del control estatista entró sin duda alguna y en los mismos republicanos, que se preciaban de ser liberales.

El terrible fracaso de la URSS se debió a muchas cosas, entre ellas la falta de precios reales, la concentración del poder, sus errores antropológicos, lo que a usted se le ocurra. Pero una de sus ideas sobrevivió, no por ser efectiva, sino por ser tremendamente atractiva a los gobernantes. Esa semilla fue la idea de que el gobierno podía corregir las fallas de la economía. A muy pocos se les ocurrió pensar que el gobierno también tenía fallas, seguramente peores que las de una economía libre.

La semilla prendió no sólo en los gobernantes, que siempre quieren más poder. También fue atractiva, y mucho, para los anteriores creyentes en el comunismo: la URSS había caído, pero los gobiernos en sistemas democráticos liberales podían intervenir para corregir los defectos de los mercados libres. Y atractiva fue también para los inocentes ciudadanos que creyeron que los gobiernos podían resolver sus problemas personales. Cayó la URSS, pero la tendencia a gobiernos grandes se mantuvo viva y coleando.

El comunismo perdió y lo hizo con estrépito, pero en la partida el capitalismo tuvo una victoria más imaginada que real, precisamente por esa idea colada, la del intervencionismo estatal. Tome usted un ejemplo, el del presidente Calderón en México y verá que los medios reportan una percepción de que es de derecha, lo que es muy notable en los medios extranjeros. En realidad no es de derecha ni liberal, es un partido en el centro, con dosis de intervencionismo. Más aún, Calderón tiene buena inclinación intervencionismo.

Mi punto central es señalar la existencia de un socialismo colado por la puerta de atrás y que podemos llamar socialismo inconsciente. El síntoma más visible de este trastorno es la aceptación de medidas gubernamentales intervencionistas sin que medie análisis, como si ellas fueran las naturales… cuando son antinaturales. Ejemplos que conozco de ese socialismo inconsciente: la señora que pedía que el gobierno controlara los precios del tomate que ya estaba muy caro; los sindicatos que solicitan cerrar fronteras a la competencia para proteger el empleo; los políticos que subsidian empresas; la existencia del IMSS y Pemex; en resumen todo lo que se hace para limitar la libertad económica de los ciudadanos.

No creo que exista evidencia alguna que muestre que el socialismo es exitoso, pero se aplica de manera consistente. Una contradicción que tiene varias explicaciones. Una de ellas es la del socialismo inconsciente y que presupone que la intervención estatal en cuestiones económicas corregirá las fallas del mercado libre, sin darse cuenta que el remedio es peor que la enfermedad.

Post Scriptum

Sobre el tema, hay más información en Inocencia Económica.


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