Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Solzhenitsyn y Sus Críticos
Selección de ContraPeso.info
3 octubre 2008
Sección: FAMOSOS, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta una idea de John Couretas. Agradecemos al Acton Institute el amable permiso de publicación. El autor es director de comunicaciones del instituto. La idea central del escrito es un examen breve del pensamiento de Solzhenitsyn, destacando su originalidad y las consecuencias de ir en contra de las ideas dominantes.

Con justicia el mundo celebra la vida de Alexander Solzhenitsyn, un gran hombre cuyo trabajo y testimonio puede muy bien expresarse en una sola palabra, profético. Pero como suele sucederle a los profetas, él hizo sentir aguijones a algunos que no creyeron merecerlos. Esto fue especialmente cierto para los progresistas occidentales, quienes en los ojos de Solzhenitsyn eran indiferentes a la opresión comunista si no es que apoyaban.

En verdad, había algo en Solzhenitsyn que ofendía a casi cualquiera, de occidente u oriente, progresista o conservador, quienes negaban o evitaban realidades espirituales y verdades morales en aras de la comodidad, el éxito terrenal y un demasiado fácil acomodo con cualquier cosa que supiera a mentiras. Solzhenitsyn murió el 3 de agosto en Moscú a los 89 años [hace dos meses].

Solzhenitsyn tuvo una reputación como “profeta de la libertad”, de acuerdo con el Rutland Herald [Vermont, EEUU], un periódico cercao al lugar en el que el autor vivió después de su expulsión de la Unión Soviética. Pero el diario con sequedad anotó que “el interés en su obra y sus pronunciamientos decayó, y aunque el pueblo ruso celebró su regreso en 1994, la severidad de sus juicios morales sobre su patria y el Occidente, provocaron que su influencia disminuyera”.

El obituario del New York Times, citando el discurso de Solzhenitsyn en 1978 en Harvard, dijo del escritor que “sus escasas apariciones públicas podían volverse lamentaciones bravas”.

El Times de Los Angeles, sin ofrecer evidencia, decretó que la reputación de Solzhenitsyn “se atenuó después de su repatriación y sus diatribas acerca de la denigración de su país que en ocasiones se teñían de paranoia, antisemitismo y prejuicio”.

¿Cuál es exactamente el contenido de esas “diatribas” y “lamentaciones”?

En Harvard, Solzhenitsyn denunció La “forma de vida en Occidente”, por su superficialidad y cultura producida en masa y amontonó desprecio por la epidemia del “sopor de la televisión y… música intolerable”. (La Rusia postcomunista ha abrazado con entusiasmo esta cultura).

Pero reservó su crítica más aguda a la cultura política de Occidente y su secularizada intelligentsia, una palabra de cuño ruso que para Solzhenitsyn acarreaba connotaciones de una cultura de mediocridad, esterilidad y auto complacencia.

Culpó a la sociedad occidental de “haber perdido su coraje civil, como un todo y separadamente, en cada país, cada gobierno, cada partido político y por supuesto, en las Naciones Unidas. Ese descenso del coraje es especialmente notorio entre los grupos gobernantes y la elite intelectual, causando una impresión de pérdida de coraje en la sociedad entera”.

Solzhenitsyn acusó al movimiento antibélico en los EEUU de complicidad con los genocidios en el sudeste asiático que siguieron a la retirada militar de los EEUU de Vietnam. Preguntó, “Si unos EEUU hechos y derechos sufrieron una derrota real por parte de un medio país comunista, ¿cómo puede el Occidente mantenerse firme en el futuro?”

Y descargo una fuerte culpa, “El régimen comunista del este puede mantenerse y crecer debido al entusiasta apoyo de un enorme número de intelectuales occidentales que sienten afinidad y rehusan ver los crímenes comunistas”.

Escribiendo en 1985, el editor de Commentary, Norman Podhoretz, dijo que esa acusación, “era una especie de traición que los intelectuales progresistas de Occidente no estaban dispuestos a perdonar”.

¿Y sobre las acusaciones de fanatismo lanzadas a Solzhenitsyn?

Podhoretz afirmó que “la acusación de antisemitismo descansa casi enteramente en evidencia negativa. Es decir, mientras que no hay signos claros de hostilidad hacia los judíos en los libros del autor, tampoco hay gran simpatía”. Y sin embargo, éste fue el hombre que también escribió en defensa de las virtudes de la nación-estado, del que “el milagroso nacimiento y consolidación de Israel después de dos mil años de dispersión es el más maravilloso de una multitud de ejemplos”.

La misión de Solzhenitsyn de exponer los horrores del totalitarismo soviético no llevó a proponer otras formas de gobierno que él creyera que no eran apropiadas para Rusia, con su larga experiencia de autocracia. Esta no conversión a la democracia de Occidente también le ganó la enemistad de las elites progresistas y de no pocos conservadores. Solzhenitsyn nunca estuvo atado por la ideología.

¿Qué es ideología? Ella es definida por el historiador francés Alain Besancon como “una doctrina que, a cambio de una conversión, promete una salvación temporal que… requiere una política práctica para la transformación radical de la sociedad”. Esta definición permanece cierta para las dos ideologías políticas más destructivas del siglo 20, fascismo y comunismo.

La crítica de Solzhenitsyn de las sociedades modernas era mucho más profunda que la ideología. Él tomó de la tradición moral cristiana, no una plataforma política. Ansiaba una “doctrina moral del valor del individuo como clave de la solución de los problemas sociales”.

La solución para Rusia, escribió en 1974, se basa en su voluntad para aceptar un “sacrificio deliberado, voluntario”, no uno en nombre de una sociedad colectiva, sino de cada una de las personas, hechas únicas a la imagen de Dios.

Una sociedad tan despiadada y manchada, implicada en tantos crímenes en estos últimos 50 años —por sus mentiras, por su servilismo voluntario u obligado, por sus ansias de ayudar o su cobarde contención— tal sociedad sólo puede ser curada y purificada al pasar por un filtro espiritual, Y este es un filtro terrible, con perforaciones como el ojo de una aguja, de un tamaño por el que sólo puede pasar una persona.

Solzhenitsyn entendió a esto como una renovación espiritual nacional —incluso como una batalla espiritual. Esto, creyó él, era cómo una sociedad enferma avanzaría por el camino a la solidez moral. El bienestar material, los logros intelectuales, los avances tecnológicos, las cautivadoras nuevas ideologías no curarían la enfermedad.

Entre algunos, la visión sin compromisos de Solzhenitsyn no le hicieron amigos. Pero a menudo arriesgó su vida por lo que creía, y la crítica de la intelligentsia era poca cosa. De cualquier manera, los profetas no están interesados en concursos de popularidad.

Nota del editor

El texto de Couretas recuerda las ideas del historiador inglés Paul Johnson en su libro Heroes; hay un resumen de sus ideas en ¿Quién es Un Héroe?

La traducción de textos como éste requiere una aclaración. El autor usa la palabra “liberals” en su acepción estadounidense y que traducida como liberales crea confusión al poderse referir a los partidarios de una economía liberal, generalmente la opuesta por los “liberals”. He preferido traducirla como “progresistas” y que suele ser lo opuesto a los conservadores. Véase Derecha, Izquierda: Definiciones, para precisiones sobre esto.


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