Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Surrealismo Acuático
Eduardo García Gaspar
12 agosto 2008
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La Real Academia de la Lengua no es, me parece una institución capaz de generar noticias de enorme interés. Y sin embargo, hay una que es muy digna de destacar (El Mundo, 11 junio 2008) y que pasó sin gran alharaca.

Todo el embrollo comenzó con algo digno de una novela de Orwell, como una especie de continuación de 1984, su famosa obra. Quizá no sea muy sabido, pero en España, el actual gobierno ha creado una entidad llamada Ministerio de la Igualdad y que está a cargo de Bibiana Aído. Pues resulta que Bibiana un día hizo algo que involucró a la célebre academia.

En un discurso ella usó una palabra, miembra, como el femenino de miembro de un gobierno. La cosa llamó la atención y ella alegó que tal término se usa en Iberoamérica y debía incluirse en el diccionario oficialmente. La academia, por su parte, respondió que es incorrecto su uso.

Lo que ella había dicho fue, “los miembros y miembras de la comisión” en uno de sus discursos oficiales y que justificó diciendo que había sido un lapsus después de estar en Latinoamérica. Lo que se sabe y se ha aceptado es que en español existen genéricos para femeninos y masculinos.

Por ejemplo, usted dice jueces para hablar de personas que lo son, independientemente de si son hombres o mujeres. Y dice artistas, no artistos, para hablar de un cantante y de una cantante, no de una cantanta, ni de un cantanto. Son simples convenciones del lenguaje y nada más. No tiene la menor relevancia, ni merece atención más allá de unos pocos minutos, quizá como algo gracioso.

En México padecimos esta tontería durante la administración de Vicente Fox, empeñado en hablar de “niños y niñas, mexicanos y mexicanas.” Lo que me da una idea que quizá explique esta cuestión de ignorar los genéricos: el uso político del lenguaje aunado a la ignorancia del mismo.

Me parece muy natural que una responsable de algo tan bizarro como un Ministerio de Igualdad intente cambiar el lenguaje con nuevas adiciones: no tiene costo, crea un tema para los medios y se ve políticamente correcto. Claro que olvida las cuestiones de fondo, pero en política eso es la costumbre aceptada.

Uno de los miembros de la academia comentó sobre el suceso que la ministro “debería dejarse de bromas de mal gusto y ocuparse de resolver problemas de desigualdad preocupantes que hay en España, como las dificultades que tienen los padres en algunas comunidades para que sus hijos estudien castellano”. Este problema es real, pero es más sencillo jugar con el idioma.

Tomado en un sentido común y corriente, toda la noticia es como para hacer varias rutinas de comediantes y tener un tema breve de conversación con los amigos. Es como un chiste. Tomado en un sentido literario, el suceso es digno de ser parte pequeña de alguna obra de ficción acerca de los gobiernos, como de hecho ya lo fue en la de Orwell, en la que el ministerio de la paz es el ministerio de la guerra. Tomado algo más en serio es un síntoma de algo mayor, la expansión del estado y la opresión del ciudadano.

Ningún gobierno entre los más democráticos que se conocen ha tenido tal ocurrencia como la de un ministerio de la igualdad. La igualdad es simplemente un supuesto legal  que se aplica en una miríada de situaciones y no es una prerrogativa funcional. Lo único que creará serán gastos propios y ajenos, los de la burocracia y los impuestos en regulaciones al resto, con conflictos regulatorios  y duplicidad de funciones.

Pero, en fin, tal es la naturaleza del poder: la expansión sin fin de sus límites y para lo que usa todos los ardides que encuentra a su mano, en este caso la excusa de la igualdad que es la que le da causa de expansión. Puede usted jurar que no habrá un ministerio de la libertad, que significaría ponerle frenos al gobierno.

Pero, espere usted un momento, sí podrá existir en algún momento un ministerio de la libertad, cuando la libertad ser redefinida en algún diccionario estatal para significar la sumisión al estado y ser libre sea equivalente a obedecer lo que diga el estado. Ya no será eso de la verdad os hará libres, sino el líder os hará libres.

Los gobiernos son como el agua, que se cuela por los más mínimos resquicios y que debe ser contenida so pena de que la humedad eche todo a perder.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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