Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Todos De Rojo
Eduardo García Gaspar
15 diciembre 2008
Sección: GOBIERNO, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: , ,


No hace mucho, en una reunión de amigos, una persona habló de la democracia. Alguien estaba hablando de la ley mexicana que prohibe fumar en sitios públicos y decía que eso violaba la libertad del propietarios de restaurantes que hubieran querido dar a sus clientes la libertad de fumar.

La persona a la que me refiero, entonces, habló de que había sido una decisión democrática, en la que la mayoría de las personas estaba de acuerdo y tenía que hacerse. Más aún, dijo categóricamente que la democracia es una cuestión de la voluntad de la mayoría: todos deben hacer lo que el mayor número dice que se haga.

La distorsión es importante. Jamás ha sido un ideal democrático la voluntad mayoritaria, sino las libertades de todos, especialmente de las minorías tratadas como iguales al resto. Pero la distorsión existe, es común, y  desafortunadamente da pie a una de las formas del totalitarismo.

La voluntad de la mayoría, en realidad, es un detalle de la democracia, no el más importante de ellos y se usa en ocasiones muy concretas y escasas. No puede usarse la voluntad de la mayoría, por ejemplo, en cuestiones científicas, donde la realidad es independiente. La mayoría desearía que el fuego no quemase casas, pero por más que se vote lo opuesto, el fuego sigue siendo el mismo.

Tampoco aplica la voluntad de la mayoría en asuntos tecnológicos. Por más que la mayoría quisiera que jamás sufriera un desperfecto un televisor, éste se comportará de manera independiente a la voluntad de las personas. La misma independencia tienen sucesos como un terremoto, o una tormenta.

La realidad es independiente de nuestras voluntades, lo que se muestra muy bien en asuntos económicos. Por más que la voluntad mayoritaria desee que se aumenten los salarios mínimos por decreto gubernamental, y eso se haga, no se dejarán de tener los efectos de esa medida, una inflación inevitable.

Con o sin la voluntad de la mayoría, nuestro mundo tiene leyes y principios que no pueden alterarse a pesar de que la mayoría vote en contra del peso atómico de los elementos. Estos ejemplos persiguen ilustrar, en una primera etapa, que la voluntad mayoritaria tiene muy severas limitaciones.

En el plano de las acciones humanas, también las tiene. Por más que la mayoría vote que el brócoli sea del gusto general, a mí me seguirá disgustando mucho. Y si, por decreto mayoritario se obliga a todos a comer brócoli, eso alteraría mis libertades, que es el punto al que quiero llegar. Si la voluntad mayoritaria se impone, varios saldremos afectados.

Lo mismo, si la mayoría decreta que todos tengamos las mismas habilidades, será imposible que yo cante como Plácido Domingo, o que usted nade como Phelps. De nuevo, estoy ilustrando que la voluntad de la mayoría es una idea inaplicable en cantidad de terrenos. Sigo con esto mismo en otro nivel.

Suponga usted que se hace una votación entre la gente, para determinar quién tiene la razón entre quienes creen que Dios existe y quienes no lo creen. Por más votaciones que se hagan, ellas no alterarán la realidad. Y sí acaso son mayoría quienes creen en Dios, será una imposibilidad convencer a los ateos de que crean. Será igualmente ridículo que se vote para establecer si tiene razón Marx o si la tiene Mises.

Podrá la mayoría votar que su color favorito es el rojo, o que las mejores canciones son las tropicales y otras muchas cosas, que de nada sirven para determinar si eso es lo mejor, ni la verdad. Y si acaso se impusiera el rojo sobre los demás, o algún absurdo similar, se violaría la igualdad: habría los amos que usan el rojo y los sumisos a quienes se impone el rojo.

El voto mayoritario y la imposición de su resultado sólo pueden usarse en casos muy aislados y especiales, como en la selección de gobernantes y en donde ninguna garantía existe de que más votos significan mejor gobernante selecto. Los votos de los legisladores son otro caso igual, destinado a resolver un problema de decisión, sin que tampoco sea garantía de que esa decisión sea la mejor.

Mi preocupación es clara. Quien cree que la democracia se reduce a imponer sobre el resto lo que piensa la mayoría se equivoca y presenta la oportunidad de la creación de un régimen totalitario, en manos de quien cree representar a la voluntad general.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras