Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
UAM: Reformarse o Desaparecer
Santos Mercado Reyes
11 agosto 2008
Sección: ESCUELAS, Sección: Análisis
Catalogado en: ,


La Universidad Autónoma Metropolitana nació como un producto del viejo proyecto de nación que México abrazó con la Revolución Mexicana. Aquél proyecto que consistía en formar un Estado fuerte, capaz de responder a las demandas y deseos de la gente, capaz de darle al pueblo: salud, educación, electricidad, diversión, seguridad y trabajo.

Un Estado fuerte que pudiera administrar los recursos del territorio: el agua, la plataforma marítima, el petróleo, el gas, el uranio, los bosques, las tierras, los cielos, etc. En una palabra, la UAM nació cuando México se empeñaba en formar una economía de planificación central, una economía socialista.

De la misma madre (la Revolución Mexicana)  nacieron la Secretaría de Educación Pública (SEP, 1921) la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM, 1929), el Instituto Politécnico Nacional (IPN, 1936), el Centro de Investigación y Estudios Avanzados (CINVESTAV, 1961), el Colegio de Bachilleres (CB, 1973), el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE, 1976) y una serie de escuelas y universidades del Estado en toda la República Mexicana.

Dada el sesgo socializante que el gobierno estaba imprimiendo a la educación, el sector privado reaccionó fundando algunas escuelas como el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM, 1943), el Centro Cultural Universitarios (hoy U. Iberoamericana, Jesuitas) y el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM, 1946), pero siempre bajo el permiso, supervisión y control de parte del Estado.

Las escuelas y universidades bajo control directo del Estado llegaron a representar más del 80% de todo el espectro educativo. Las escuelas llamadas privadas, no lo eran tanto, pues tenían que sujetarse a los permisos, normas, planes, programas y supervisión del Estado. Estrictamente hablando nunca ha habido escuelas privadas en México.

La UAM nace del subsidio gubernamental

Desde antes que se inscribiera el primer alumno en la UAM, la nueva institución ya gozaba de generosos subsidios, grandes extensiones territoriales, y buenos inmuebles construidos bajo la dirección de ingenieros y arquitectos de prestigio. Todos pagados con fondos públicos.

De alguna manera, la UAM cristalizó los deseos de aquél presidente Lázaro Cárdenas del Río de dar al pueblo de México una educación socialista mediante escuelas de gobierno. La UAM nació y ha preservado las siguientes características:

  • Los terrenos donde se asienta la UAM son propiedad del Estado
  • Los edificios fueron diseñados por ingenieros del Estado
  • Se contrataron científicos para ser integrados a la nomina oficial
  • Se contrataron a destacados ideólogos de izquierda
  • Se diseñaron los planes y programas aprobados por los funcionarios del Estado.
  • Se estableció el sistema de educación gratuita
  • Se introdujo la filosofía de formar empleados
  • Se introdujo la filosofía marxista en las Ciencias Sociales
  • Se proscribió a los pensadores antimarxistas
  • Se sometió a los trabajadores a las leyes laborales del Estado
  • Se impuso a los trabajadores las instituciones de salud del Estado
  • Se introdujo un esquema burocrático de organización
  • Se excluyó la formación empresarial
  • Se introdujo el sentimiento nacionalista
  • Se fomentó el odio a los norteamericanos
  • Se introdujeron comedores, librerías y fotocopiado con sentido anti-negocio
  • Se fomentó el sindicalismo para jugar a la lucha de clases

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Todo esto estaba bien, guardaba plena armonía con los viejos tiempos, cuando el folclor socialista se consideraba como la máxima expresión cultural y la gran meta para México. Pero los tiempos han cambiado, los vientos cambiaron de dirección y la UAM lo debe reconocer a fin de adaptarse o desaparecer.

La Caída del Muro de Berlín significaba una gran lección para todos los pueblos del mundo. La lección consistía en abandonar el iluso sueño de dejar en manos del Estado la suerte de los ciudadanos. Había que desmitificar la idea del Estado para entender que lo forman hombres de carne y hueso tan pecadores, egoístas, ignorantes y malvados como cualquier ciudadano, o peor porque disponen de fuerzas coactivas que no dispone el parroquiano común y corriente.

La lección que debíamos aprender ante la caída del la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas (URSS, 1992) y de todo el Bloque Soviético era que el bello modelo del comunismo y socialismo donde todos seríamos iguales no nos llevaría a buen puerto. Teníamos que haber aprendido que dejar nuestra suerte en manos de políticos y burócratas de Estado para que nos igualaran, sacrificando la libertad de los individuos terminaríamos con diputados disfrutando de enormes sueldos extraídos de impuestos y obreros con salarios de 50 pesos al día.

Por suerte, el mundo ha empezado a rectificar desde hace apenas unas décadas. Se empieza a reconocer la importancia de los individuos, de sus pensamientos, anhelos, deseos, ambiciones y necesidades. Los individuos empiezan a recuperar su papel protagónico y algunos gobiernos empiezan a comprender que es mejor dejar la escena a la iniciativa privada, a los individuos, a los emprendedores que se atreven a tomar riesgos, a invertir, a contratar, transformar y vender persiguiendo ganancias.

Se empieza a entender que perseguir el lucro no es malo, al contrario es el factor que termina por beneficiar a todos.

Los países que quieren la prosperidad para sus pueblos empiezan a abrazar las ideas capitalistas, las de aquellos pensadores austriacos que les habíamos cerrado las puertas de nuestros pensamientos y de nuestras universidades durante mucho tiempo.

El mercado, es decir, el mecanismo por el cual los hombres son capaces de intercambiar libre y soberanamente, sin coacción ni violencia está empezando a tomar su lugar. Aquel insulto marxista contra los mercados, contra el capitalismo, contra los empresarios y las ganancias ya no conquista nuestros corazones.

El mundo empieza a comprender la importancia de los mercados y de la propiedad privada como instituciones necesarias y suficientes para lograr la prosperidad de los pueblos. Es un ambiente inédito, que necesitamos comprender para adaptarnos exitosamente a él.

En este ambiente, nuestra institución queda algo peor que aturdida, sin saber qué está sucediendo, sin atinar cómo enfrentar los nuevos desafíos.

Lo primero que debe entender la UAM, es decir, sus profesores, trabajadores y alumnos es que nuestra institución, como está, no encaja en el nuevo modelo de desarrollo. Más aún, la UAM se encuentra en franca contradicción con los nuevos tiempos.

No preocuparse por adaptarse significaría seguir formando desempleados con titulo universitario. Significaría incrementar nuestro divorcio con el sector productivo ya que no formamos al tipo de profesional que requieren las empresas. Significaría ilusionarnos que estirando la mano el gobierno nos dará más presupuesto para seguir desarrollando actividades que tiene precio cero en el mercado. Investigaciones que sólo nosotros o las instituciones burocráticas del Estado valoramos como importantes.

A la UAM le debe quedar claro que no puede seguir como va. Que seguir así, sin reformas, significa poner a la institución en un alto grado de vulnerabilidad. Hoy mismo cualquiera puede restregarnos en la cara que somos prescindibles, que sin nosotros, el mundo sigue girando. Esto no nos gustaría en absoluto.

Una digresión teórica necesaria

Desde que el mundo es mundo, las sociedades siempre están oscilando alrededor de dos modelos económicos. A veces los países toman formal y conscientemente una dirección: abrazan el capitalismo o el socialismo, pero la mayor de las veces actúan a la buena de Dios. En realidad, pocos son los países que están bien definidos, pocos entienden lo que viven.

SOCIALISMO

Hablar de socialismo es hablar de una economía de planificación centralizada. Es una economía donde es inadmisible la existencia de la propiedad privada. En el socialismo, el Estado es el actor principal, quien debe decidir la producción y la distribución. Para esto, se necesita dejar en manos del Estado todos los recursos de una nación, incluidos, los recursos materiales y humanos.

El fin del Estado socialista es crear las instituciones gubernamentales (también llamadas públicas) necesarias para organizar la producción de bienes y servicios de tal forma que el Estado garantice que los individuos tengan asegurados los alimentos, la vivienda, la salud, el vestido, el trabajo, la electricidad, la diversión y los funerales. Todos deben disfrutar por igual.

Educación en una economía socialista

En cuanto a la educación en una economía socialista, es necesario cuidar el pensamiento de los ciudadanos a fin de que no entren en contradicción con la acción del Estado. Por ello es que no se puede permitir la existencia de escuelas privadas que pudieran romper la homogeneidad del pensamiento. Todas las escuelas deben ser del Estado, es decir, públicas. Los planes y programas deben estar estrictamente diseñados por el Estado y deben ser de aplicación obligatoria en todas las escuelas y universidades.

CAPITALISMO

Por otro lado, el modelo de economía de mercado (capitalismo, neoliberalismo) se fundamente en el principio de respeto a la propiedad privada. Significa que los individuos tienen la libertad de poseer propiedad privada con la que pueden intercambiar, usarla en garantía, regalarla o destruirla sin que nadie tenga el derecho de imponerle limitaciones, siempre y cuando estas acciones no perjudiquen a terceros.

No existe límite para tomar decisiones económicas, si éstas no perjudican al prójimo. Los individuos pueden acumular sin límite alguno. El Estado juega un papel muy importante, pero solo uno: Cuidar que nadie dañe a nadie. Sirve para proteger el orden del mercado, que nadie dañe el principio de propiedad privada.

Educación en una economía de mercado

El gobierno neoliberal no puede tener escuelas, porque su función no es educar a la gente. No quiere decir que no hay escuelas, pero éstas solo las pueden tener organismos, personas o asociaciones privadas. Aquél que tiene algo qué enseñar a los demás, pone un letrero en su casa para recibir alumnos que quieran aprender y el estudiante debe pagar los servicios del profesor.

Si la enseñanza es buena, el propietario de la escuelita ampliará sus horarios, preparará a otros docentes, construirá una casa más grande o un edificio. Pero si a la gente no le satisface lo que enseña, no se inscribirán y pronto tendrá que quitar su letrero o quizás haga los cambios necesarios a fin de sobrevivir.

Por supuesto, todo el que quiere prepararse tiene que pagar, porque en una economía capitalista no existe la educación gratuita. No está permitido consumir y pasar la cuenta al vecino. En una economía de mercado, la educación gratuita es algo inadmisible, pues no se pueden imponer impuestos a toda la población para pagar los servicios que disfruta un particular, pues el que estudia es un particular.

Sin embargo, existen mecanismos financieros para que todo aquel que quiera prepararse y no disponga de recursos en el momento, pueda transferir los pagos para cuando ya sea un ciudadano productivo. Es decir, no existe el pretexto de que alguien se quede fuera de las escuelas o universidades por falta de recursos financieros.

En una economía de mercado las escuelas y universidades disfrutan de total autonomía, es decir, el Estado no mete la mano. De esta manera, las universidades pueden determinar completamente sus planes y programas. Los individuos disponen de sistemas financieros para fundar una universidad o para crecer, sin más límite que el de su competitividad y deseos de servir a los clientes.

La investigación en las universidades capitalistas responde a las necesidades del sector productivo o comercial, así como a la visión de los propietarios de las instituciones quienes saben que hacer investigación les puede dar un valor agregado apreciable a fin de ser instituciones más competitivas. En esta dinámica, sólo aquellas universidades que son capaces de responder a las necesidades, deseos o caprichos de la sociedad, sobreviven.

Proyecto de nación para México

Puestas así las cosas, no hay muchos caminos por los que una sociedad puede transitar aunque todavía hay quien piensa en la tercera vía. En realidad esa tercera vía consiste en andar a la deriva, sin definición.  Pero esta indefinición lleva a una lucha depredadora entre los dos modelos y en ello se pierde el tiempo, la vida y los mejores esfuerzos para acabar en el mismo punto o peor.

La sociedad mexicana tiene que decidirse por abrazar a uno de los modelos básicos de la economía. Se decide por el modelo socialista o decide transformarse en una economía capitalista.

Si la opción fuera por una economía socialista, ya tiene el 80% de escuelas compatibles con este modelo, sólo faltaría que el Estado clausurara las escuelas y universidades llamadas “patito” y expropiara a las llamadas universidades privadas: ITESM, ITAM y las que están en manos del clero. De esta manera, el Estado tendría control total sobre los medios de educación y podría introducir la ideología y mentalidad adecuada para admitir, justificar y apoyar los proyectos del Estado.

Si la opción a tomar es la vía liberal o neoliberal, entonces tiene que deshacerse de las escuelas y universidades públicas, pues éstas constituyen un freno, un obstáculo para el desarrollo capitalista.

Para quien escribe, México tiene que alejarse del socialismo como si fuera la peor enfermedad contagiosa. Ya tuvimos siete décadas de socialismo a la mexicana, es decir, con el control total de un partido político que edificó varios monopolios gubernamentales: PEMEX, electricidad, agua, telefonía, educación, salud, tierras, entre otras. Y lo que no es monopolio estatal, las empresas privadas, las tiene fuertemente controladas, sea por vía normativa o fiscal

¿Qué alternativas le queda a la UAM?

Si la UAM está segura de que México seguirá una vía socialista, entonces no tenemos nada de qué preocuparnos, seguiremos viviendo de los recursos que nos asigna el Estado para seguir educando a los jóvenes como lo hemos estado haciendo desde hace más de treinta años.

Pero si los universitarios y trabajadores de la UAM percibimos que México cada vez más se irá por la senda del mercado, entonces debemos tomar nuestras previsiones. ¿Qué alternativas tenemos en un mundo dominado por una economía de mercado, abierta y competitiva?

Plan A. Desaparecer del mapa educativo.

Tendríamos que aceptar que la UAM no cabe en este juego. Sus estructuras y dinámica no son compatibles con las instituciones del capitalismo. Así que, como buen perdedor tendría que tirar la toalla y desaparecer de la arena educativa.

Sería el resultado lógico y necesario de una institución que, desde que nació, no se hizo para funcionar en un mercado competitivo. Tendría que liquidarse a todo el personal, como marcan las leyes laborales y vender las instalaciones a Harvard, el ITESM o a alguna universidad patito.

El plan de eliminación de la UAM podría llevarse a cabo en 5 años a fin de no perjudicar a los alumnos que ya están inscritos. Aunque también podría cerrarse abruptamente y que el gobierno pagara la colegiatura a los alumnos de la UAM que se inscribieran en una universidad privada. El costo de esta alternativa implicaría algo así como 12 mil millones de pesos por las indemnizaciones a los trabajadores y las colegiaturas a los alumnos, pero sería un gasto final.

También se podría evitar el gasto en colegiaturas si se colocan los dineros en un banco a fin de otorgar a los alumnos de la UAM un crédito para que estudien en la universidad privada de su preferencia, sea en el país o en el extranjero. Con el tiempo, regresarían los créditos y la nación contaría con esos recursos para seguir financiando a nuevas generaciones.

Los profesores encontrarían trabajo en las universidades que sufran un choque de demanda. Algunos de los trabajadores administrativos encontrarían empleo y otros podrían usar sus liquidaciones para iniciar un negocio propio.

Lo más doloroso de esta alternativa es que los catedráticos y hombres de ciencia que tanto hablábamos de componer el mundo estaríamos demostrando a la sociedad y a nosotros mismos que no tuvimos la capacidad de salvar el barco. Que no logramos presentar una alternativa mejor y simplemente dejamos que nuestra UAM se hundiera hasta desaparecer en el mar del olvido. Pero quedaría el consuelo de haber participado en la sana desaparición de algo que no iba a contribuir al desarrollo capitalista de México.

PLAN B. Reformarse radicalmente

Aunque es difícil este plan, dada la mentalidad configurada durante 34 años en los profesores, investigadores y trabajadores, hay que explorar la posibilidad otorgando el beneficio de la duda. Implica tomar medicinas muy amargas y dolorosas pero al final podríamos salir bien librados y jugar así un papel decoroso en este mar de competencia.

Reforma 1. Rechazar los subsidios del Estado.

Nada ha sido tan efectivo para el Estado controlador que hacer que la vida de la UAM dependa de los subsidios del Estado. A pesar de que a una institución se le otorgue en el papel la tan anhelada autonomía, ésta queda reducida a caricatura cuando la vida de la institución depende del dinero del Estado.

Quien paga manda, dice el dicho popular y aquí no es la excepción. Ese subsidio estatal es el que ha inducido a una burocratización total de la institución. A todos los profesores, investigadores y trabajadores nos convirtió en empleados del Estado priísta (socialista) para adoctrinar a los jóvenes con una mentalidad anticapitalista.

El efecto de vivir del Estado, es decir, de subsidios, tiene consecuencias inimaginables: Nos convirtió en un factor del empobrecimiento del pueblo de México, pues de allí se extraen los recursos; nos transformó en cuasi delincuentes, pues vivimos de dinero compulsivo, es decir, de impuestos; nos convirtió en destructores de los sueños juveniles, pues solo los educamos para que aspiren a un empleo mal pagado, o al desempleo.

Rechazar los subsidios implica disponerse a vivir de las colegiaturas de los alumnos. Por suerte, la UAM ha tenido una gran demanda y seguramente habrá alumnos que estén dispuestos a pagar el precio por formarse en esta casa de estudios.

Pero también podríamos sugerir que el gobierno regale a los alumnos sin recursos un cheque mensual para que cubran la colegiatura que nos deben pagar. O bien, también podemos sugerir que el gobierno abra un sistema de créditos para que los alumnos tengan recursos para pagar y sobrevivir como estudiantes de tiempo completo. De cualquier manera, se trata de que la UAM no reciba ni un centavo del gobierno, y que viva de los pagos del cliente. Adicionalmente, la UAM tiene ventajas competitivas pues tiene buenos edificios y una planta de profesores e investigadores con posgrados en las mejores universidades del mundo.

Reforma 2. Descentralizar la UAM.

Se trata de que cada Unidad de la UAM funcione como si fuera una universidad autónoma en todo el sentido de la palabra. Quiere decir que las unidades tendrían el derecho de recibir y usar las colegiaturas de los alumnos o de otras fuentes (no gubernamentales) y determinar su uso sin que intervenga ni rectoría ni Hacienda ni alguna otra instancia del Estado.

Los propios trabajadores, docentes e investigadores, a través de sus instancias serían los indicados para formular los presupuestos, los sueldos y salarios, los gastos en mantenimiento, crecimiento, etc. La Rectoría General se encargaría de sugerir métodos y formas a fin de incrementar la competitividad de cada unidad de la UAM.

Reforma 3. Abrazar el objetivo de formar empresarios.

En una economía de mercado las universidades tienen la finalidad primordial de formar a los nuevos empresarios que necesita la sociedad, en segundo lugar a los hombres de ciencia que estudiarán los problemas de la producción y distribución de las empresas y de la sociedad. Una universidad que se enfoca a formar empleados simplemente es prescindible, queda fuera del mercado.

Reforma 4. UAM in English

Para estos tiempos, las escuelas deben dar perfectamente dos idiomas a sus alumnos: la lengua nativa y una internacional. Los alumnos de la UAM ya dominan el español. Por tanto, les falta el idioma internacional, por lo que ahora las clases que se den la UAM, sean en la licenciatura o en los posgrados, deben darse en inglés. Así, nuestros alumnos dejarían de estar en desventaja en este mundo abierto globalizado y competitivo. Por suerte, tenemos muchos docentes que hablan muy bien en inglés y con ellos se puede empezar. Para que el alumno obtenga su título de la UAM debe aprobar con más de 650 puntos el TOEFL.

Reforma 5. Privatizar la UAM.

Después de cinco años podremos haber demostrado que la UAM puede ser muy bien administrada por sus trabajadores, así que le podemos decir al gobierno que se la compramos para adquirirla en propiedad completa. La podemos comprar con nuestras liquidaciones como trabajadores del Estado que hemos sido y si su valor es superior, podemos pedir que se nos otorgue un plazo de 15 o 20 años para liquidarla completamente. Todos los trabajadores seríamos accionistas y la cuidaríamos como nuestra casa o mejor aún.

Reforma 6. Crecer la UAM

La UAM no tiene por qué limitarse a sus tres o cuatro unidades. Si estamos haciendo bien nuestro trabajo docente y de investigación reflejado en los ingresos que nos pagan los clientes, bien podemos extendernos sin límite alguno. Podemos fundar una, dos o tres unidades en cada Estado de la República y además, ampliarnos a educación básica, media y media superior, incluso educación normal para formar a los nuevos docentes que necesita México. También es posible que incursionáramos en nuevas empresas propias.

Todo este discurso puede parecer una utopía, una broma de mal gusto, pero más vale que empecemos a soñar y cambiar nuestras formas de pensar antes que llegue un tsunami como a nuestros viejos colegas soviéticos y nos encuentre inermes.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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