Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Un Boleto De Regalo
Leonardo Girondella Mora
22 julio 2008
Sección: ECONOMIA, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Ricardo Medina en una columna del 13 de Junio de este año, en Asuntos Capitales, sacó de nuevo a la superficie algo que merecía serlo: un examen del costo de oportunidad. La idea detrás de un costo de oportunidad es en extremo simple —es el costo de lo que se pierde al dejar de hacer algo por hacer otra cosa.

Muy llano el concepto, pero con vericuetos que en casos concretos dificultan ese cálculo. Para entenderse bien, puede verse la siguiente diferencia en el cálculo de las utilidades de una empresa:

• Sin considerar el costo de oportunidad, las utilidades son calculadas de acuerdo a lo que la contabilidad de la empresa señala.

• Considerando el costo de oportunidad, esas utilidades calculadas antes se verían reducidas por la cantidad de dinero que los accionistas hubieran ganado realizando otra actividad, generalmente colocando su dinero en un banco.

Ricardo Medina lo señala muy bien en su columna —el costo de los subsidios del gobierno mexicano a los combustibles no es sólo el monto dedicado a eso, sino también lo que se dejó de hacer por usar esos recursos en los subsidios. Medina, a continuación, recuerda que en 2005 un economista publicó una columna en la que mostró datos que probaban que incluso los economistas tienen dificultades para calcular el costo de oportunidad.

Alrededor de una quinta parte de los economistas a quienes se les planteó el siguiente problema lo resolvieron correctamente —y resulta un buen ejercicio para el lector:

Una persona ha recibido un boleto gratuito para un concierto de Eric Clapton (y que es intransferible). El mismo día del concierto de Clapton hay un concierto de Bob Dylan. Asistir al concierto de Dylan cuesta $40 dólares. La persona que recibió el boleto gratuito es fanático de ambos por igual,  Clapton y Dylan, y ella estaría dispuesta a pagar hasta $50 dólares por asistir a un concierto de este último, pero ni un centavo más. Ahora, el lector debe calcular el costo de oportunidad de asistir al concierto de Clapton. Es una de las siguientes opciones (a) $0, (b) $10, (c) $40, (d) $50.

Medina pidió a sus lectores responder y obtuvo estos porcentajes: acertó el 31%, otro 31% dijo $50 dólares, 20% consideró que el costo de oportunidad es cero y 18% que $40 dólares. Antes de seguir, debe verse de nuevo que lo que se pregunta es el costo de oportunidad de ir a ver a Clapton: lo que se dejó de obtener por no ver a Dylan.

Medina razona diciendo que el  “cálculo del costo de oportunidad de no asistir a un concierto de Bob Dylan cuyo precio es $40 dólares, pero por el cual estaríamos dispuestos a pagar hasta $50 dólares, es $10 dólares… No se preguntó si es mejor opción aprovechar el boleto gratuito para el concierto de Eric Clapton. Desde luego, ese es el mejor curso de acción porque, se supone, somos igualmente fanáticos de Dylan que de Clapton y por lo tanto apreciamos igual ($50) la satisfacción de asistir a cualquiera de los dos conciertos… el costo de oportunidad se calcula en términos netos, restando a ese valor ($50) el precio que desembolsaríamos ($40), ya que nadie nos regala el boleto para Dylan.”

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La columna original de Robert H. Frank, donde se planteó el asunto señaló que el conocimiento de cuestiones básicas de razonamiento económico no es distinto entre personas que tomaron o no un curso de principios básicos de Economía. Una explicación de ese fracaso educativo puede ser la calidad del curso tomado, más destinado como una introducción a la carrera especializada que una materia destinada para la persona común y corriente. Puede ser también que los profesores no conozcan lo que enseñan.

Es el caso tratado —y que es la aplicación de un principio de simpleza total: sólo debe realizarse una acción si el beneficio esperado de ella es al menos igual que su costo. Si el beneficio es mayor, la decisión es buena. El asistir, por ejemplo, al cine y ver El Señor De Los Anillos tiene un costo muy obvio, el del boleto del cine (más costo de transportación, estacionamiento y comida en el cine).

Pero eso no es todo —debe añadirse el costo de otras posibilidades a las que se renunció por asistir al cine. Asombrosamente llano el concepto del costo de oportunidad, pero como se exhibió en el caso de los conciertos de Clapton y Dylan, no tanto para aplicarse.

El costo de oportunidad de ir a ver a Clapton, por ejemplo, es la suma de lo que la persona dejará de recibir como beneficio por hacerlo —lo que en este caso es el valor de ir al concierto de Dylan. Se deja a Dylan, se opta por Clapton. ¿Cuánto cuesta dejar a Dylan de lado? Ese costo es de $10, porque es la diferencia entre lo que se estaría dispuesto a pagar por ver a Dylan y lo que el boleto en realidad cuesta. Se llegaría a pagar hasta $50, pero el boleto cuesta $40.

La colaboración aportada por Medina y Frank vale mucho —por una razón: saber considerar los costos de oportunidad es una habilidad inexcusable en decisiones que de lo contrario pueden resultar fatales. La simple noción de considerar si existe otra cosa mejor que puede hacerse con los recursos que ahora se usan en algo, es saludable. Medina lo usa para poner en tela de juicio a subsidios gubernamentales y tiene toda la razón.

El costo del Foro Internacional de las Culturas, realizado en Monterrey, no es en realidad su costo verdadero, tendría que verse lo que podría haberse hecho con esos recursos, por ejemplo, combatir a la criminalidad que invade a esa ciudad.

Addendum

Debo mencionar una consideración adicional. La idea del costo de oportunidad, que indica seleccionar la acción que más promete por los beneficios esperados menos los costos calculados es una muy natural —y está detrás del punto de partida de la Economía Austriaca: las personas actúan. Si actúan haciendo cosas, eso significa que las personas son capaces de decidir un curso de acción entre varios y, por eso, tienen la habilidad de calcular costos y beneficios de esas posibilidades. El costo de oportunidad ayuda a encontrar costos que es posible que no se vean en un primer examen superficial.

Otra aclaración resulta conveniente: no creo que en la gran mayoría de los casos las personas realicen cálculos al estilo de lo que aquí aparece en el ejemplo usado —el señalar que se estaría dispuesto a pagar hasta $50 por ver a Dylan. Más bien, las personas usan una valoración de tipo ordinal: colocan en orden a las acciones sin cálculos monetarios exactos. Estos cálculos exactos, sin embargo, son muy ventajosos de usar en los casos en los que pueden hacerse, como el uso de presupuestos gubernamentales dedicados a ciertas labores y no a otras, o cuando se decide la apertura de una empresa. Si la decisión se toma, por ejemplo, por parte de una persona que está comprando un boleto para un viaje a París, debe presuponerse que la persona, quizá sin darse cuenta entera, ya realizó ese cálculo: prefirió al viaje a cualquier otra opción que consideró posible en ese momento.


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