Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Una Constitución y El Futbol
Eduardo García Gaspar
23 julio 2008
Sección: LEYES, Sección: Una Segunda Opinión
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Algo en común tuvieron dos sucesos recientes. Por un lado, la Eurocopa, en la que España ganó; y por el otro, el lanzamiento del iPhone, con gran éxito. Los dos eventos tienen algo en común: no pudieron predecirse.

Los reportes de los medios sobre el teléfono de Apple mostraron una buena campaña de marketing, desde luego, pero también y sobre todo, lo que no mencionaron fue lo más importante: no dijeron que de todas las empresas candidatas a sacar al mercado un teléfono móvil revolucionario, Apple no hubiera sido mencionada por experto alguno hace tres años.

¿Qué empresa se hubiera seleccionado como la de mayor probabilidad para lanzar un celular fuera de serie? Se habrían seleccionado a Nokia, Motorola, Sony Ericsson, LG y otras. Hace unos años no habría sido posible predecir el iPhone y su enorme éxito. Tampoco habría sido posible pronosticar con certeza la victoria de España.

Eso es parte esencial de nuestra vida, el no poder predecir el futuro. Todo lo que podemos hacer es seguir ciertas reglas de conducta y esperar a ver los resultados. En el caso del futbol, el ejemplo es claro: existen una serie de reglas que todos conocen y aceptan jugando lo mejor que pueden porque nadie sabe los resultados de la aplicación de las reglas. Si se conocieran, los partidos de futbol no tendrían sentido… no habría Olimpiadas, ni Mundial de Futbol, ni Serie Mundial de Beisbol.

No son reglas perfectas y los árbitros están lejos de lo deseable, pero aún así, en una aplicación razonablemente buena de las reglas, jamás se sabrá el resultado del torneo. Lo mismo sucede con las leyes, que al final de cuentas son otras reglas. De ellas no puede esperarse el poder predecir los resultados de su aplicación. En el caso del iPhone, las reglas de competencia, precios, mercados, todas ellas eran respetadas por los jugadores.

Y Apple ganó uno de los torneos, uno de los jugadores de los que no se esperaba nada serio. Las mismas reglas aplicaba también a Nokia, Motorola y el resto, que eran los favoritos más probables. Las leyes eran iguales para todos, igual que las reglas del futbol para los equipos. Son reglas nada más y tienen una esencia que no he visto mencionar mucho, la de no poder permitir favorecer a nadie fácilmente identificable.

Me explico. Imagine usted un reglamento de la FIFA que estableciera que la selección de Alemania entrara a cada partido con un gol de ventaja sobre su rival, o que al Manchester United no se le aplicara la regla del fuera de lugar pero al resto sí. Si esto sucediera habría protestas, gritos y reclamos de injusticia. Con toda la razón porque un reglamento no puede hacer otra cosa que señalar reglas iguales para todos. Las normas no pueden usarse para influir en resultados favoreciendo a alguien concreto.

Sin embargo, eso que toda persona rechazaría en el deporte, como el taparle un ojo a los rivales de Nadal, es aplicado en las leyes abiertamente y con descaro, sin que nadie se queje. Al contrario, muchos aplauden en las leyes lo que ellos mismos reprobarían en un partido de futbol. Pongo un ejemplo notable de México.

La constitución dice (art. 28) que, “quedan prohibidos los monopolios, las prácticas monopólicas, los estancos y las exenciones de impuestos en los términos y condiciones que fijan las leyes. El mismo tratamiento se dará a las prohibiciones a título de protección a la industria.” Es una regla y aplica a todos, como en los deportes. Pero el mismo artículo más tarde dice otra cosa.

Dice que, “No constituirán monopolios las funciones que el Estado ejerza de manera exclusiva en las siguientes áreas estratégicas: correos, telégrafos y radiotelegrafía; petróleo y los demás hidrocarburos; petroquímica básica; minerales radioactivos y generación de energía nuclear; electricidad y las actividades que expresamente señalen las leyes que expida el Congreso de la Unión.”

Es ridículo porque la misma ley favorece a una de las partes y permite conocer con anticipación al ganador. Es como si el Real Madrid hiciera las reglas del juego y dijera que no está permitido que a sus defensas les marquen las faltas, o que a sus rivales sólo se les deje jugar con seis jugadores. Es decir, la constitución mexicana, en este artículo, no es una ley justa porque favorece en su texto a una parte dañando al resto. Es el mismo error que se cometería si una ley dijera que sólo usted puede tener esas industrias.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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