Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Una Diferencia Enorme
Eduardo García Gaspar
8 agosto 2008
Sección: DERECHOS, Sección: Una Segunda Opinión
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Con frecuencia se lee que en muchas partes del mundo se realizan marchas de protesta y manifestación de ideas. Es, por lo visto, una de las costumbres políticas de algunos ciudadanos y algunos organismos. Entre esas marchas hay diversos tipos. Uno de ellos es el de la  protesta contra la homofobia y la discriminación.

La homofobia es una de las nuevas palabras que se tienen, que se usan con frecuencia y cuyo significado se deduce por contexto. Si varias decenas de misántropos marcharan defendiendo la homofobia, ella se entendería de inmediato como una protesta en contra de la humanidad en general. Pero ya que el término se usa por parte de homosexuales y lesbianas, me parece debe ser comprendido como la extrema aversión a ellos.

El uso debe ser aclarado porque hasta donde recuerdo cuestiones de raíces de palabras, cuando viene del latín y contiene el elemento homo, se refiere a hombre no necesariamente sólo al masculino, como en homicidio, el matar a un humano. Pero cuando viene del griego, significa otra cosa: tiene acepción de igual y por eso se habla de homónimos para los que tienen nombres iguales.

Entonces homofobia, si viniera del latín, significaría el miedo a la humanidad y, si del griego, algo como temor a la igualdad. Pero nada de eso vale según el uso circunstancial de la palabra, que la hace equivalente a la aversión a los homosexuales. Una vez aclarado esto, con una comprensión más clara, pueden examinarse las peticiones de esas marchas. Lo que solicitan es que no se les trate con aversión.

Si uno padece bibliofobia, eso significa miedo a los libros. Geliofobia, miedo a la risa. Entonces homofobia es miedo al homosexualismo. Lo que piden es detener ese miedo u horror. La palabra mejor para estos casos es la de discriminación y que implica un tratamiento diferente por causa injustificada, como raza, religión, sexo y similares. No debe tenerse problema con estas cosas.

No veo causa por la que, por ejemplo, deba discriminarse por religión en la selección de ingenieros eléctricos, ni por sexo, ni nacionalidad, ni preferencias sexuales. La única posible discriminación sería la de adaptación al puesto y sus necesidades. Lo mismo va, por ejemplo, para la emisión de permisos de conducción de autos, donde no puede discriminarse en caso de que alguien sea homosexual, o musulmán (peor tendría que probar que sabe y puede conducir).

Hasta allí la cosa no tiene problema, la petición de no descriminación es válida y sería mejor extresada así, como discriminación y no como homofobia. Pero hay una dificultad que le escuché mencionar a una persona que hizo una distinción en la que yo no había pensado. Dijo que una cosa muy válida es reclamar que exista discriminación, pero otra cosa muy distinta es hacer promoción. Cuando alguien hace promoción se entra en otro terreno diferente. Me explico.

Cuando un una persona de alguna religión pide ser tratada con igualdad, ese reclamo es sólido. Pide no ser discriminada sobre esa base. Pero si la persona realiza labores misioneras para lograr adeptos a su religión, lo que implícitamente solicita es libertad de convencer a otros y esa libertad es de todos y no sólo de él. Si un anglicano o un bautista pide tratar de convencer a otros, entonces esa misma libertad la tiene alguien católico o islámico. No hay de otra.

Esto es lo que hace diferentes a las promociones dentro de una sociedad. Si alguien promociona al homosexualismo como una forma de vida, eso abre a los demás la libertad de diferir y promover otras creencias distintas. No serán tratados de manera diferente, ambos tendrán la libertad, pero son válidas y deseables las posiciones opuestas.

Yo soy de ideas liberales, pero no podría con justicia pedir que se anule la libertad de los socialistas de exponer sus ideas. Todo lo que podría hacer es pedir que no haya discriminación y que la ley me trate igual que al resto. Pero si alegando liberalofobia trato de promover mis ideas anulando la posibilidad de que los opuestos hagan eso mismo, ya la cosa cambia.

El tema bien vale una segunda opinión para distinguir entre discriminación por causas injustificadas y la promoción de la causa que pido que no sea motivo de discriminación. Si se pide no ser discriminado por ser homosexual, el reclamo es válido, pero cuando se promociona al homosexualismo se abre la posibilidad de que otros promocionen otras creencias no coincidentes. Querer acallar a las voces opuestas sería contrario a la libertad.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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