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Selección de ContraPeso.info
3 abril 2008
Sección: GOBERNANTES, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta una idea de Carlos Mira. Agradecemos a Economía Para Todos  el amable permiso de publicación. La idea central del escrito es ilustrar con un ejemplo cómo los gobernantes crean mundos ficticios a los que creen reales.

La última vez que se la vio a la Sra. de Kirchner en público… fue en una de esas apariciones para las cuales parece que, exclusivamente, quería llegar a la presidencia: en una inauguración. Se trató de la Central Termoeléctrica Belgrano, en donde, acompañada por las estelares presencias del ministro del bajo consumo, De Vido, y el últimamente habitué de las páginas policiales, Hugo Moyano, aseguró que la “Argentina es hoy una oportunidad para hacer buenos negocios” y que “los inversores tienen que venir al país”.

La presidente parece habitar una tierra de fantasías donde el barro de la cotidianidad desaparece tras las indicaciones mágicas de su esposo a sus colaboradores -“no le lleven problemas a Cristina”- y en donde el día a día consiste en pensar una indumentaria adecuada para recibir visitas protocolares y sacarse fotos de ocasión para los diarios.

Pero esa misma negación de lo que ocurre ha llevado a la Sra. de Kirchner a creer que las cosas deben ser según sea su voluntad y la interpretación que ella tenga de la realidad del país.

Al escenario en donde dijo que el país era una buena oportunidad para hacer negocios solo le faltó un escritorio en donde la presidente diera unos cuantos golpecitos histéricos de puño para darle más fuerza a una convicción de cartón.

El día anterior a esta patética demostración de la fuerza del ensueño, el director del Banco de Inglaterra, ex presidente del BCRA y preferido de CFK para haber ocupado el Ministerio de Economía, Mario Blejer, de visita en el país, había dicho que la inversión extranjera directa en el país es igual a cero y que la Argentina no figura en mapa de los inversores. Un baldazo de realidad sin anestesia para tanta mente adormecida.

Y Blejer tiene razón, presidente Cristina, porque el gobierno que usted ¿encabeza? no respeta los derechos individuales, empezando por el de propiedad y siguiendo por el de la propia vida, sujeta a la ruleta rusa de la inseguridad rampante. Tampoco atiende la seguridad jurídica, la perdurabilidad de la ley y de la palabra empeñada, las condiciones de los contratos, la invariabilidad de las reglas de juego, la independencia de la justicia y la preeminencia de la razón sobre el apriete, la extorsión y las fuerzas de choque.

Mientras todo eso exista, Sra. de Kirchner, usted podrá desgañitarse a gritos pidiendo inversiones y diciendo que la Argentina es una buena oportunidad para hacer negocios, pero nadie, en su sano juicio vendrá aquí.

Naturalmente al sano juicio habría que agregarle la sana moral. Porque quizás usted tenga razón en decir que aquí se hacen buenos negocios, si por esa referencia entendemos ponerse de acuerdo con usted, o con su esposo o con quienes ustedes indiquen. Es cierto que siguiendo esos pasos mucha gente ha hecho “buenos negocios”, desde comprar activos de compañías de servicios públicos privatizados -que sus políticas se habían encargado de asfixiar previamente- hasta comprar sin dinero parte de otras empresas cuyos directorios son ahora integrados por casuales amigos presidenciales.

Si en su discurso se refería a esos “negocios” tal vez deberíamos darle la razón porque seguramente es un área que usted domina mejor que nosotros. Pero si en cambio quiso aludir a aquellas inversiones de las cuales se desprende un bien para la sociedad y que servirían para elevar el nivel de vida de los argentinos, esas sí que se quedarán saludablemente alejadas de nosotros para mantenerse indemnes a nuestros caprichos y a nuestras espasmódicas reacciones.

Ningún emprendedor bien nacido vendrá a arriesgar su dinero a un lugar inhospitalario que le ordena reuniones imperativas con funcionarios que luego lo reciben con armas de fuego sobre su escritorio. Nadie que esté dispuesto a enfrentar riesgos pero no prepotencia, que quiera jugar su suerte a un futuro mejor pero que no le gusta que se lo lleven por delante, considerará, siquiera, acercarse a una fronteras poblada por matones que en otros países estarían más cerca del hampa que del gobierno.

Nadie con capacidad para multiplicar genuinamente los recursos económicos atornilla sus activos a una tierra en donde los conflictos se dirimen a los tiros. Si realmente está interesada, Sra. Presidente, a que al país vengan este tipo de personas para hacer el tipo de negocios que genere un bien residual a toda la sociedad, lo que usted debería hacer, no es reclamar a los gritos que eso suceda, sino instalar las condiciones para que ello ocurra.

Si de verás quiere gobernar con autoridad genuina este país, debería deshacerse de toda la caterva antinegocios que puebla su gobierno y dirigir la nave del Estado hacia el establecimiento de un orden jurídico que reemplace la improvisación, la irrealidad y la insolencia por el respeto a la ley, por la perdurabilidad del Derecho y por la previsibilidad económica.

Mientras no lo haga, las cosas no serán como usted dice, aun cuando lo grite a los cuatro vientos.

Nota del Editor

El fenómeno al que hace referencia Carlos Mira es el de Poder y Estulticia que Barbara Tuchman propuso en su obra The March of Folly. El poder no sólo corrompe, como dijo Lord Acton, también embrutece cuando el gobernante se aísla de la realidad, crea su propia ficción a la que cree verdadera, y decide sobre esas bases ficticias. Aquí, la señora Kirchner cree que las inversiones deberían llegar a raudales a su país y seguramente está convencida de ello. La realidad no la conoce.


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