Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
6 Domingo Ordinario B
Textos de un Laico
13 febrero 2009
Sección: Sección: Asuntos, Y TEXTOS DE UN LAICO
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• La primera lectura (Levítico 13, 1-2.44-46) contiene el tema del leproso, “El leproso vivirá solo, fuera del campamento”. Dice más en detalle que, “Cuando alguno tenga en la piel un tumor, una úlcera o mancha reluciente, y se le forme en la piel una llaga como de lepra será llevado al sacerdote… Se trata de un leproso, y el sacerdote lo declarará impuro… [y] llevará las vestiduras rasgadas, los cabellos revueltos y la barba rapada, e irá gritando: ‘¡Impuro, impuro!’. Mientras le dure la lepra, será impuro. Vivirá aislado y tendrá su morada fuera del campamento”.

• Para entender la lectura del Levítico, el evangelio de este domingo narra un pasaje (Marcos 1, 40-45) impresionante. Dice que “En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso y le suplicó de rodillas: ‘Si quieres, puedes limpiarme’. Jesús, compadecido, extendió la mano, lo tocó y le dijo: ‘¡Quiero, queda limpio!’. Inmediatamente le desapareció la lepra y quedó limpio”.

Es una imagen poderosa la que se produce colocando juntas a ambas lecturas. El leproso del Antiguo Testamento es aislado. Vive separado. Y debe anunciar públicamente su impureza. Pero en el Nuevo Testamento, las cosas cambian. El leproso puede ser curado de su enfermedad y reintegrado a la comunidad. Ya no vivirá separado. Con facilidad puede adivinarse una especie de metáfora: el pecado nos aísla, nos separa y es Jesús quien trae el perdón. Jesús salva, inaugurando los nuevos tiempos.

Las breves palabras de Marcos desatan la imaginación: el leproso sabe de su enfermedad pero también sabe de Jesús. Es un doble conocimiento, el de las faltas propias y el de la existencia de Jesucristo, a lo que añade una fe enorme diciendo, ‘Si quieres, puedes limpiarme’. Es ese conocimiento de Jesús el que le lleva a colocarse en sus manos y a decirle, “si tú quieres, yo sanaré”.

Eso es precisamente lo que nos llama a hacer el salmo responsorial de este domingo: “Perdona, Señor, nuestros pecados. Dichoso el que fue absuelto de su culpa y a quien se perdonó su pecado. Dichoso el hombre a quien el Señor no le tiene en cuenta su falta y en cuyo espíritu no hay engaño”.

El salmo mismo añade eso que hizo el leproso del evangelio: “Pero reconocí ante ti mi pecado, no te oculté mi falta; pensé: ‘Confesaré al Señor mis culpas’. Y tú perdonaste mi falta y mi pecado”. Poca duda puede haber del llamado de Jesús a cada uno de nosotros. Pide reconocernos como pecadores y así ponernos en sus brazos solicitando su perdón, gracias al que quedaremos sanos.

• La segunda lectura, de San Pablo (I Corintios 10, 31-33; 11,1) añade un paso a lo anterior. Nos habla de imitar a Cristo. Dice el apóstol: “Ya coman, ya beban, o hagan cualquier otra cosa, háganlo todo para gloria de Dios. Y no sean ocasión de pecado ni para judíos, ni para paganos, ni para la Iglesia de Dios; hagan como yo, que procuro dar gusto a todos en todo, sin buscar mi propio interés, sino el de los demás, para que se salven. Traten de imitarme, como yo imito a Cristo”.

Las tres lecturas consideradas en conjunto nos llevan a un mensaje muy claro: Jesús es nuestro salvador, gracias al que podemos reintegrarnos a su reino. Necesitamos el doble conocimiento del leproso del evangelio: sabernos imperfectos y pecadores y saber que en Jesús está nuestro perdón. A lo Pablo añade una intención de conducta, imitar a Cristo para permanecer sin pecado.

Es un llamado a una oración simple, salida de nuestro corazón, “Señor, soy un pecador. Si tú quieres, puedes sanarme”.


La idea de Textos de un Laico nació en 2004: el intentar encontrar los comumes denominadores de las tres lecturas de la misa católica de cada domingo.

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Tú, Señor, enséñame a orar, porque yo no sé,

Dame concentración, que me distraigo con facilidad,

Dame luz para ver mis defectos, que los suelo ignorar.

Dame humildad, que lo que quiero es santidad.

Tú, Señor, enséñame a orar, porque yo no sé.

Dame tu perdón, que estoy arrepentido.

Dame virtud, que lo que quiero es imitarte.

Dame gracia, que contigo quiero estar.





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