Aborto: sus Defensas

Quienes son partidarios del aborto usan argumentaciones en defensa de su posición. El objetivo de lo que sigue es examinar una serie de esas argumentaciones.

 

Aunque la ley no lo permita, se harán abortos

Esta justificación del aborto tiene base en el razonamiento de aceptar la realidad:  es mejor que la ley autorice los abortos y que ellos se hagan bajo condiciones médicas vigiladas.

Esta justificación es más débil: justificar la legalización de un acto porque de todas maneras se hará, puede ser reducido al absurdo de que se legalice todo acto por el simple hecho de que está realizándose. Sería absurdo autorizar los fraudes basándose en el hecho de que efectivamente suceden.

Es una justificación superficial, y que sería sujeta fácil de burlas: se permite asesinar a otros, pero la ley pediría al asesino que el cuchillo con que mate deba estar desinfectado.

 

Permitir el aborto va de acuerdo con la opinión pública

Este argumento en favor del aborto se sustenta en el número de opiniones, sean de una mayoría o un número importante de personas —e incluso en la opinión de intelectuales. El sustento central radica en suponer que lo que la mayoría, según alguna encuesta, haga o piense es lo correcto e inapelable.

Es un argumento ingenuos y que puede funcionar en contra si es que la opinión mayoritaria es opuesta al aborto. Pero lo central es la debilidad de suponer que las mayorías tienen la razón inevitablemente.

 

“Yo sí creo en el aborto y tú no. Déjame libre”

Este argumento a favor del aborto se basa en la tolerancia a opiniones diversas —cada persona hace lo que ella cree que debe hacer y nadie debe interferir. Es un argumento relativista, sustentado en la creencia de que no hay absolutos morales y todas las opiniones tienen igual legitimidad.

Contiene los errores del relativismo —los que ya no trato aquí. Pero también un error adicional, el de aplicar una creencia personal en otra persona a la que no se pide su opinión: matar a otra persona por creer que es permitido, sin tomar en cuenta la opinión de quien es asesinado; pedir las opiniones de otros obligaría a considerar la opinión de aquél a quien se va a matar.

 

La prohibición del aborto es una opresión capitalista, liberal, conservadora, etc

Más que un argumento lógico, esta defensa del aborto es objeción basada en ideología —se coloca a la prohibición del aborto dentro del contexto general de luchas políticas y económicas, y se le convierte en una defensa o ataque de doctrinas ideológicas.

No tiene mucho sentido agrupar al aborto dentro de causas o movimientos políticos y económicos, cuando es perfectamente posible examinarlo con más lucidez si se mantiene separado de otras cuestiones. Es un error considerable convertir al tema del aborto en una bandera de conflicto ideológico y luchas sociales.

Esta defensa del aborto no es en realidad un argumento en sí mismo, sino un aprovechamiento de conveniencia ideológica —un mecanismo de defensa retórica que descalifica a quienes no piensan como él.

 

La prohibición del aborto es una imposición religiosa

Este argumentación supone que el tema es uno de imposición de creencias religiosas, por lo general cristianas. Su razonamiento es primitivo en sí mismo ya que su justificación única es la de ir en contra de una creencia religiosa.

Al reducir todo a una cuestión de imposiciones, este argumento se acusa a sí mismo de lo que culpa al otro: impondré el aborto porque no quiero que se imponga su prohibición. Cuando un tema se reduce a una cuestión de imposición, se hace de lado la posibilidad de analizarlo y razonarlo.

Reduce el tema a una cuestión religiosa, aunque también a un conflicto de poder e imposición, que pone de lado discusiones posibles posibles. Es vociferante, pero no tiene base importante.

 

La legalización del aborto confirma la propiedad de la mujer sobre su propio cuerpo

Aquí, todo se reduce al tema de propiedad —las personas son dueñas de su cuerpo y están en su total derecho de expulsar de su propiedad a quien sea que lo invada.

Igual que se toman medicinas para deshacerse de virus y bacterias que han invadido el cuerpo, el que lo quiera puede deshacerse de la persona que ha invadido su cuerpo: el niño dentro del vientre materno. Es un argumento de invasión que se legitima con un derecho de propiedad —se tiene perfecto derecho de matar al invasor.

El argumento es interesante y diferente aunque tiene fallas.

Supone que la persona que está dentro del vientre materno ha entrado allí por su propia voluntad —una hipótesis en extremo falsa: ha entrado allí no por voluntad propia, sino como consecuencia de una acción que dos personas han realizado y de cuyas consecuencias estaban conscientes. La entrada al cuerpo propiedad de la madre, su cuerpo, no ha sido una invasión, sino una invitación.

Ignora a la dignidad humana y de facto crea una categoría de personas inferiores a las que puede matarse con legitimidad —la hipótesis que justifica la inferioridad de grupos humanos sobre la que se hace permisible su eliminación.

Reduce la discusión al tema de la propiedad del cuerpo femenino —ignora aspectos básicos que también tienen influencia en el tema, como la dignidad de todas las personas.

Introduce la posibilidad de dejar la decisión del aborto a la opinión subjetiva de la madre —lo que equivale a aceptar un relativismo moral sustentado en reglas absolutas, una contradicción lógica. Dependería de la madre el evaluar a su hijo como un parásito o no.

Presupone que la persona dentro del vientre materno no tiene propiedad sobre su cuerpo, lo que niega su hipótesis básica de propiedad personal. Y niega la realidad de la manera en la que los humanos se reproducen —no hay otra manera que la de tener un embarazo.

 

Si la ley lo permite, el aborto es moral y ético

Este argumento dice que la ley que permite abortos es un justificante moral válido para realizarlos, sin que tenga que acudirse a otra fuente que lo legitime. Es un argumento que hace a la ley humana el origen de lo moral y ético.

Este argumento es más complejo y adolece al menos de un defecto menos sencillo de explicar que los anteriores.

La ley como una creación humana tiene siempre un origen externo a ella —es decir, una ley no puede ser su propio origen y fundamento. Necesariamente parte de supuestos, creencias y principios que están fuera de ella.

Una ley prohibe y castiga acciones como el asesinato, los robos y otras más, incluso penaliza la desobediencia a las señales de tránsito, porque parte de creencias acerca de las personas: valor de la vida, derechos de propiedad, libertades, dignidad y demás.

La visión sobre la persona humana es una que se refiere a su dignidad y su valor intrínseco —la base sobre la que se sustentan leyes que prohiben la esclavitud, el abuso infantil, el tráfico de blancas y otros actos considerados contrarios a la dignidad humana. La ley no es el origen de esos valores, sino una manifestación de ellos.

Si una ley autoriza la realización de abortos, ella tendría que ser legitimada por una fuente externa —un valor, creencia o principio sobre la persona humana. No existe tal posibilidad y, por tanto, la ley que autoriza abortos carece de legitimidad externa.

 

La prohibición del aborto va en contra de la libertad femenina

El argumento establece que la maternidad es opresiva para la mujer, pero no para el hombre, y que ya que es inevitable que el embarazo suceda, la liberación femenina sólo puede darse permitiendo el aborto.

Varias críticas pueden hacerse a tal razonamiento. La más clara de ellas es la falta de reconocimiento de la realidad que diferencia a los dos sexos —si se quisiera esa liberación y ella fuera posible, el hombre tendría que tener un útero, o bien la mujer próstata.

De esta manera, ambos serían iguales en cuanto a las enfermedades que pueden sufrir en ese sentido.

Otra es el presuponer que el tener hijos no acarrea obligaciones masculinas —es obvio que lo hace por el principio que establece la aceptación de las consecuencias de los actos propios. El hombre que embaraza a una mujer es absolutamente responsable de lo que eso acarrea. Es inexacto suponer que sólo la mujer lleva responsabilidades.

Más aún, este argumento en favor del aborto quiere evitar la aceptación de las consecuencias de la libertad —es decir, va en contra de la misma libertad y fomenta la irresponsabilidad al crear un medio por el cual esa responsabilidad puede ser evitada.

Otra consecuencia indeseable del argumento es el crear un ambiente de conflicto, lucha y combate entre hombres y mujeres —no muy diferente a la lucha de clases en la concepción marxista y que sólo puede tener una salida: la victoria de uno sobre otro.

 

La prohibición del aborto es una violación de los derechos de la mujer

El argumento es uno muy básico y primitivo: consiste en afirmar sin mayor justificación que terminar un embarazo es un derecho humano —que la mujer tiene derecho a su vida y como parte de ese derecho ella puede abortar para vivir como quiera.

Esto puede ser negado con mucha facilidad: si se cree que la persona tiene derecho a vivir su vida como quiera, necesariamente se presupone que el resto gozan de los mismos privilegios y que por tanto, ninguna persona puede afectar a otra. El que yo quiera vivir mi vida como deseo, no puede darme la facultad de robar dinero de otros.

 

La prohibición del aborto no reconoce la diferencia entre potencial y realidad

Este argumento sostiene que el aborto debe estar justificado porque quien está dentro del vientre materno es solamente el potencial del ser humano y no un ser humano real —entonces, es inaceptable que un ser humano en potencia tenga derechos.

Esta argumentación toca un tema central, el de la discusión sobre el momento en el que se es persona —si desde el instante de la concepción, o en algún momento posterior. El uso de términos como “ser humano potencial” y “ser humano real” es un artificio y sólo admite definiciones arbitrarias o circulares.

Pero, fuera de esos términos sin sentido, el mérito del argumento es poner la atención sobre el centro de la discusión —el momento en el que existe la vida y por tanto, un aborto significaría realizar un asesinato.

Ya que no es posible determinar con certeza para todos el momento en el que se es una persona, la mejor decisión es la del principio de precaución y aceptar que es mejor cometer el error de pensar que es una persona real y no debe ser asesinada.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.

 


2 Comments

droctavio

Interesante y me atreco a decir que casi exahustivo análisis crítico de las defensas del aborto, que tiene el valor de ser objetivo en el sentido de ser lógico y demostrar que al menos esas defensas no tienen un cimiento fuerte. Quiero añadir que el punto central de la discusión sobre el aborto es la determinación del momento en el que existe un nuevo ser con vida, por lo que el resto es accesorio.

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Eugenio Gonzalez

Horribles las refutaciones a las defensas, le clavaste al angulo. La peor de todas: “Supone que la persona que está dentro del vientre materno ha entrado allí por su propia voluntad —una hipótesis en extremo falsa: ha entrado allí no por voluntad propia, sino como consecuencia de una acción que dos personas han realizado y de cuyas consecuencias estaban conscientes. La entrada al cuerpo propiedad de la madre, su cuerpo, no ha sido una invasión, sino una invitación.” EE? En el caso de una violacion es, acaso, un acto realizado voluntariamente y de cuyas consecuencias estaban concientes? Totalmente ilogico de tu parte. Dedicate a jugar al ping pong. NOTA DEL EDITOR: incluso en el caso de una violación, el nuevo ser no ha entrado al vientre por voluntad propia; no tiene sentido sentenciarlo a muerte por algo que no ha hecho. La mayoría de los casos, además, no son de violación.

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