Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Adelante, Inventa Tu Moral
Leonardo Girondella Mora
21 septiembre 2009
Sección: ESCUELAS, Sección: Asuntos
Catalogado en: ,


Cada quién tiene sus opiniones éticas y eso es bueno —ésa es la lección que reciben los alumnos de secundaria en México y que traté en Enseñando Relativismo, donde examiné uno de los libros de texto para el segundo grado.

Examino ahora otro libro, el de Conde, S. (2008). Formación Cívica y Ética I (secundaria, segundo grado) (2 ed.). México.  Inicia el libro (p.21), estableciendo que “no se trata de recibir lecciones de lo que se debe y lo que no se debe hacer para ser una buena persona, sino de analizar y discutir casos y situaciones que suceden todos los días”.

Es decir, el enfoque ético es uno casuístico, sin principios que establecen lo que debe o no debe ser. El punto es reafirmado (p.31), al señalar que los adolescentes tienen un “pensamiento más complejo que les permite… elaborar su propio código ético”. Cada quien tiene sus reglas éticas, por tanto.

A esa elaboración de reglas éticas en cada persona, se añade un uso de la libertad (p.35) para liberarse de las opiniones que “los demás quieren imponernos” —con lo que se logra un mensaje inquietante para el alumno: él tiene a su cargo crear sus reglas éticas propias sin necesidad de considerar opiniones externas.

Es decir, la autora supone que el estudiante de 13 años tiene capacidad para crear reglas éticas con lo que logra autonomía moral, la que “es un rasgo de madurez del ser humano” (p.39). Más aún, no tener autonomía moral es pensar “que las reglas existen por sí mismas” (p.39), lo que significa una negación de criterios valores externos y objetivos.

Su definición de moral confirma ese pensamiento. Dice que la moral “es el conjunto de valores, principios, costumbres y normas que se consideran buenas para dirigir o juzgar el comportamiento de las personas en un cierto momento histórico” (p.42). En otras palabras, las reglas morales cambian en el tiempo.

Y, de la misma manera que se plantea en el análisis anterior de otro libro, la ética deja de ser una ciencia prescriptiva o normativa para convertirse en “la reflexión sobre la moral”, una ciencia social simplemente que “no establece valores, normas, o comportamientos y tampoco sugiere cómo deberían ser estos” (p. 42).

Sí, dice eso, “La ética no establece valores…” El alumno, por lo visto, tiene la tarea de crear su propia ética, con independencia de la realidad y aceptando que la moral y la ética son ciencias sociales que describen a comunidades en ciertos momentos.

Echando en parte hacia atrás su tesis de autonomía moral personal, la autora incorpora un elemento regulador al decir que “El ejercicio de la autoridad no debe verse como represión o como autoritarismo, sino como otra forma de regular la conducta humana” (p.46). Y así llena el hueco que dejó antes: la autoridad puede regular la conducta humana sin aclarar quién es esa autoridad a la que convierte en fuente de reglas morales.

El relativismo es enfatizado al decir que, “Cada persona establece sus normas internas en función de sus principios y valores”, pero a continuación se contradice estableciendo que “lo que nos mueve a actuar es la responsabilidad, la conciencia del bien, de la justicia, de la legalidad, de la equidad y de la defensa de la libertad y la dignidad” (p.50).

La contradicción es obvia. Por un lado dice que cada persona establece sus normas, pero por el otro acepta la existencia de valores como la responsabilidad, los que, de acuerdo con su tesis anterior pueden cambiar en el tiempo —lo que significa que en algún momento sería aceptable, por ejemplo, la irresponsabilidad.

Sostiene la autora, más tarde, que “la moral se construye con los demás” (p.57), lo que lleva a necesitar “formar nuestra conciencia moral considerando los intereses personales y los de los demás… [tomando] en cuenta otras opiniones y perspectivas”. La conclusión es una concepción exótica de la moral.

La ha definido como una negociación de intereses y opiniones entre personas que tienen cada una su código ético, en una discusión que no tiene solución externa objetiva. A esto se añade que, “la moral se construye con los otros y en esa construcción son fundamentales dos aspectos: la empatía y el diálogo” (p.63), lo que confirma el enfoque casuístico de la moral y la ética.

Con lo anterior he querido demostrar, de nuevo, que el gobierno mexicano en esos libros de texto ha seleccionado a la moral relativista como su doctrina oficial —un estado laico ha realizado una selección ética que es la oficialmente usada en la instrucción escolar de los adolescentes.

Aunque no lo trato explícitamente, en el resto del libro se toman a la ONU y similares, como fuente de lo que debe ser, capitalizando sus acuerdos y declaraciones de derechos humanos.


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