Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Adornar los Impuestos
Eduardo García Gaspar
9 julio 2009
Sección: GOBIERNO, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


No hay duda de lo imaginativo que puede ser un gobernante a la hora de crear impuestos. Lo hace sabiendo que ningún impuesto es bienvenido, lo que le obliga a ponerle una vestimenta salvadora: debe verse como algo inevitable, necesario y benéfico.

Hay un buen ejemplo reciente en los EEUU. Son los llamados impuestos al estilo de vida. No me diga que no suena bien. De inmediato uno se imagina que las personas que tienen un estilo de vida malo pagarán más impuestos. Claro que el problema es que es el mismo gobernante quien define qué es malo.

Son impuestos a lo malo. Se les llamaba en el lenguaje anterior, impuestos al pecado. Son los que se cargan a productos malos: tabaco, licores y similares. Ampliarlos es una tentación irresistible para el gobernante, una persona que tiene un hábito irrefrenable, gastar dinero ajeno.

En los EEUU, ahora mismo, se ha planteado la idea de crear eso, impuestos al estilo de vida. El objetivo es financiar el gasto del gobierno, concretamente el plan de salud pública, de 1.2 billones de dólares. Se trata de elevar los impuestos que ya pagan las bebidas fuertes, la cerveza, el vino. Y además crear impuestos nuevos para productos conteniendo azúcar y fructuosa: sodas, bebidas, leches, galletas, dulces.

La vestimenta altruista es el afirmar que esos impuestos reducirán la venta de productos asociados con daños a la salud y obesidad. Le digo, allí está la idea de un gobierno preocupado por promover la salud, el bienestar, la felicidad. Es como tener a una nana detrás de uno todo el tiempo diciendo qué no debemos hacer. El gobierno erigido en dietista experto en nutrición.

En realidad la creación de impuestos no es tanto esa preocupación por nuestro bienestar, sino la necesidad de que los gobiernos tengan más dinero para gastar según sus prioridades, no las de usted. Habría otra medida mejor: reducir el costo de la burocracia, lo que reduciría impuestos y usted terminaría con más dinero en el bolsillo para hacer lo que quiera, no lo que un burócrata piense.

Hay otros defectos en estos impuestos. Ellos alteran la evaluación que las personas hacemos de la economía. Esos impuestos serán buenos incentivos para mercados negros y contrabando, lo que financia al crimen organizado. Pueden volver a esos productos más atractivos por el simple hecho de que se les considera malos. Posiblemente no generen el dinero esperado.

Son las clásicas consecuencias colaterales que los gobernantes suelen ignorar. Pero hay algo más, que no es tan mencionado. El resto de las personas terminará peor. Lo explico.

Piense en usted y presuponga que de esos productos “pecaminosos” usted paga 100 pesos adicionales al mes. Es decir, 1,200 anuales. Si esto le sucede en promedio a un millón de personas, ellas pagarán mil doscientos millones anuales. Si le sucede a 10 millones serán doce mil millones.

Ese dinero va a parar en las arcas gubernamentales y podrá verse algo de lo que se hace con ese dinero. El gobierno presumirá de sus logros, los gobernantes harán discursos alabándose a sí mismos. Lo que no se verá es lo que ese mismo dinero habría logrado estando en manos de sus dueños originales. Habría logrado más y de manera más eficiente.

El gobierno no tiene los incentivos ni el conocimiento para gastar mejor que quien trabajó para tener un ingreso. Si alguien no cree eso, lo mejor que puede hacer es pagar impuestos a tasa de cien por ciento y esperar a que lo atienda el gobierno.

El tema bien vale una segunda opinión para señalar un camino alterno al de la creación de nuevos impuestos. Un camino que a todos conviene y que haría que los ciudadanos tuviéramos más dinero en el bolsillo. Esa vía es reducir el tamaño del gobierno, muy especialmente el tamaño de su personal.

Estoy hablando de despedir una buena cantidad de burócratas. Decenas de miles de ellos. Es mejor eso, por doloroso que sea, a la opción de mantenerlos en sus puestos y tener que despedir a personal que sí crea riqueza. Los burócratas no la crean, la destruyen.

Épocas excepcionales como estos tiempos requieren medidas excepcionales también. Y ellas parten de la idea de que nuestros gobiernos cuestan demasiado, no son eficientes y obstaculizan la creación de la riqueza. No es algo ideológico. Es la realidad.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.




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