Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Al Final, Estrechez Mental
Eduardo García Gaspar
6 octubre 2009
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


La situación mexicana ahora tiene un gran parecido con la historia del tipo que perdió las llaves de su casa en una calle oscura, en la que sólo había un farol que alumbraba una pequeña parte de esa calle. Desesperado, sin poder encontrarlas, es sorprendido por un transeúnte que se ofrece a ayudarle.

Buscan y buscan sin éxito hasta que el recién llegado pregunta dónde cree que perdió las llaves. El hombre señala con la mano un lugar a varios metros de distancia, muy oscuro. Y añade, “Las perdí allá, pero las busco aquí porque es el único sitio en el que hay luz”.

Si usted quiere una definición de estrechez mental, nada hay mejor que esa historia. No es una definición propiamente hablando, pero un un ejemplo extraordinario. La estrechez mental es un trastorno de la capacidad para razonar, consiste en la reducción de opciones.

Una reducción errónea de posibilidades, producida por un modo equivocado de ver las cosas. Su opuesto es la apertura mental, la que considera más opciones y alternativas en la solución de problemas o la exploración de algún suceso. Tome usted, por ejemplo, el problema financiero del gobierno mexicano.

Le han llamado “boquete fiscal” y es un pésimo nombre. No es en realidad un faltante fiscal, sino un manejo ineficiente de recursos. El llamarle “boquete fiscal”  crea estrechez mental, pues considera opciones reducidas de solución: sólo las que están basadas en la elevación de los impuestos para cubrir un déficit público federal.

Si se le llamara como debe ser, por ejemplo, “más gastos que ingresos”, que es lo que realmente es, esa estrechez desaparecería. Al menos se presentarían opciones adicionales de solución, como las de reducción de gastos, que en estos tiempos podría ser llamada en general un “redimensionamiento de gobierno”.

Si usted ve al boquete como un problema de insuficiencia de impuestos, en realidad está haciendo algo muy similar a lo que hace el que busca las llaves de su casa bajo la luz del farol: no está allí la solución y se perderá tiempo en intentarlo.

Pero si se ve el boquete como un gobierno que gasta más de lo que recibe y que desperdició recursos extraordinarios anteriores, ya no sólo existe la posibilidad de elevar impuestos. También existen posibilidades mejores: bajar gastos, reducir el tamaño del gobierno, hacerlo responsable de menos cosas, hacerlo más eficiente. ¿Por qué no considerar otra medida, la de una sustanciosa reducción del tamaño del gobierno?

La estrechez mental es producida por los prejuicios de las personas, quienes por esa razón se niegan a ver posibilidades reales, que no quieren tomarse en cuenta. Una solución real y positiva, por ejemplo, sería un despido de decenas de miles de burócratas e incluso más. Si no se hace, es por estrechez mental.

Podrá el gobernante alegar razones de elevación del desempleo, o cualquier otra cosa. Es cierto, pero es menos malo esto que hacer pagar a millones la falta de decisión de los gobernantes. O quizá existan otras soluciones que se nos pueden ocurrir, eso que se ha llamado pensar fuera de la caja.

Pero lo que bien vale una segunda opinión es apuntar la estrechez mental de pensar en aumentar impuestos. Si eso es malo en cualquier momento, lo es más aún en los momentos en lo que existe una crisis financiera de consideración. Es como recetar dosis masivas de ron a un enfermo de cirrosis.

Ha señalado sólo un caso de estrechez mental, un trastorno que afecta a muchos y que les impide razonar correctamente. No es la excepción en los gobernantes. En ellos, la estrechez mental es la regla y, por eso, viven en un mundo en el que la única posibilidad es aumentar el tamaño de la institución en la que trabajan.

Vea usted casos adicionales. Para los presidentes de Venezuela, Bolivia, España, Argentina, Irán y muchos más, las posibilidades de prosperidad se reducen a una sola opción: dar más poderes a sus gobiernos. Son incapaces de pensar en otras posibilidades. Sus prejuicios se los impiden.

Incluso en los EEUU ahora mismo, la estrechez mental de su presidente le impide considerar otras opciones para los servicios de salud que más intervención internacional. Al final de cuentas, el socialismo es un caso extremo de estrechez mental: todo se soluciona con mayor poder gubernamental.

El caso mexicano de elevación de los impuestos es un ejemplo más de lo que sucede en un país cuando se sufre ese trastorno mental.


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