Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Animales que se Desprecian
Eduardo García Gaspar
23 julio 2009
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Existe un tipo de persona cuyo carácter me parece fascinante. Es el tipo que goza indeciblemente argumentando en favor del desprecio a su propia naturaleza. Es el que habla de los humanos como animales (y que en algunos casos suele tener mucha razón).

No hace mucho que encontré a uno de estos, quien fascinado citaba datos sobre el DNA humano. Decía que somos en este sentido muy parecidos a los chimpancés: un 95% del DNA humano es igual al de esos animales. Es cierto y de hecho hay otros porcentajes calculados aún mayores.

Hasta donde he leído, se cree que los humanos tienen un mismo ancestro común con los chimpancés y los bonobos (otra especie de chimpancé). Y que los orangutanes, los gorilas y otros monos, junto con nosotros, tienen un ancestro aun más remoto y común a todos. En lo general no tengo problemas con estas ideas.

Y de hecho, les doy la bienvenida. Son parte de avances científicos que más tarde serán refinados y ajustados, quizá incluso cambiando de paradigma en su estudio. Pero usarlos para despreciar a los humanos y equipararlos a cualquier mono, eso es otra cosa muy distinta.

La pregunta que surge es la obligada: si existen tan pocas diferencias en el DNA ¿a qué se debe la enorme diferencia entre los chimpancés y los humanos? Después de todo, son los humanos los que han descubierto el DNA y los monos ni siquiera han descubierto cómo hacer fuego.

Una explicación es la esperada: muy pequeñas diferencias producen efectos enormes y ese muy pequeño porcentaje de diferencia entre el DNA es capaz de generar la gigantesca separación entre monos y humanos. Es lo que se conoce como rendimientos crecientes y tiene su popularización en el efecto mariposa.

Desde luego, no es la única explicación. Es posible que existan otras, que iremos descubriendo en el futuro y que nos hagan saber las razones de nuestra naturaleza tan única, que nos ha hecho, por ejemplo, poder discutir sobre sistemas de gobierno, algo que le es ajeno al más inteligente de los animales.

Mi punto es el dar la bienvenida a datos como el de que tenemos una muy pequeña diferencia de DNA con los chimpancés. Unos la toman como una manera de denigrar a los humanos. Pero puede ser tomada de otra manera: el DNA no explica el fenómeno humano y debe haber otras formas de entenderlo. Somos una especie muy diferente a las demás.

Desde hace muchos siglos, contamos con otra explicación, la de la Creación: los humanos fuimos creados por Dios a su semejanza y eso es lo que nos hace diferentes. Esta explicación es, por supuesto, una de las muchas que no están sujetas a pruebas científicas (las más importantes cuestiones de nuestra vida no lo están).

Y, otra cosa que me agrada en su significado último, es la discusión entre partidarios de la explicación Divina y los partidarios de la teoría de la evolución. Estos argumentan en esencia que todas las criaturas vivas tienen un origen común, un mismo ancestro; que la principal causa de la modificación de los seres vivos es la acción común de la selección natural y los cambios accidentales en el DNA; y que ese proceso de modificación no tiene una guía o plan.

No tengo problema con creer que tenemos un mismo ancestro común, ni con la idea de selección natural, ni con la idea de accidentes en el DNA. Pero sí con la idea de que somos un producto de la casualidad, viviendo una existencia que no tiene ninguna razón ni sentido. Discutir estas cosas me vuelve optimista.

Porque, al final de cuentas, tener esas discusiones es algo que no hacen los demás animales. Ningún chimpancé se conoce que se haya burlado de Darwin, ni que le haya brindado su apoyo con el descubrimiento de algún fósil. Somos los únicos que se hacen preguntas de ese tipo y que argumentan con inteligencia y ofuscación estos tópicos.

Algo especial, muy especial, debe haber en los humanos cuando ellos tienen características tan únicas y distintas. Quienes se preguntan la razón de su existencia, quienes creen en la existencia de Dios, quienes la niegan, son de una especie muy distinta, como no hay otra.

Querer despreciarse a nosotros mismos diciendo que no somos muy diferentes a los chimpancés, es hacer en verdad lo que ningún otro animal puede hacer y esa misma afirmación puede ser usada para negarla.

Post Scriptum

Sobre los retornos crecientes puede verse Causas Muy Pequeñas. Sobre las diferencias humanas puede verse Un Animal Racional.

La discusión entre evolucionistas y creacionistas es muy ríspida y suele usar argumentos falaces, como el del consenso científico. Más aún, esas posiciones tienen variaciones importantes, de las que conviene desechar las fundamentalistas en ambos extremos.

La teoría de un ancestro común a todos los seres vivos, por ejemplo, puede ser interpretada literalmente, pero también como una especie de “sopa primordial” de la que salieron diferentes tipos de células que evolucionaron por sí mismas.

Igualmente, muy pocos problemas existen en la aceptación de la teoría de adaptaciones de las especies y su acomodo a circunstancias específicas, pero la atención debe colocarse en otros fenómeno más elusivo, el de la creación de una nueva especie distinta a las demás y con las que no puede procrear descendientes fértiles. Este es el corazón de la evolución.

El meollo de gran parte de la discusión que conozco y que no es mucho, me parece que es el tomar a la evolución (creación de especies distintas a partir de un mismo ancestro) y dar por confirmada una conclusión, la de que somos un accidente de la realidad y que Dios no existe. Es un enorme non sequitur.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.


1 comentario en “Animales que se Desprecian”
  1. Eduardo Dijo:

    Jeje, qué excelente y fina ironía y a la vez qué exactitud de conceptos.
    Si alguien desea pensar que desciende del mono o que viene de reencarnar de una lombriz, allá él, yo no lo creo así.
    Sin embargo si alguien cree fervientemente descender del chimpancé y ser altamente semejante a él… creo que él si lo es.
    Por voluntad propia se está asemejando grandemente a un chimpancé.





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