Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Anotaciones Electorales
Leonardo Girondella Mora
5 febrero 2009
Sección: GOBERNANTES, Sección: Asuntos
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Muchos se sienten aliviados por una razón a la que han dado gran peso —el presidente Bush ha dejado el poder y lo ha tomado alguien en quien se han depositado expectativas más allá de lo deseable. Sobre este fenómeno quiero hacer algunas anotaciones sin orden de importancia.

• Ningún gobernante merece ser hecho digno de una fe incuestionable, como muchas personas tratan a Obama en los EEUU —y como se hizo con Fox en 2000 en México. Los gobernantes son seres humanos comunes y corrientes a quienes distinguen notablemente del resto sus ansias de poder, pero no sus cualidades ni talentos personales.

Ningún ser humano está preparado para ser depositario de grandes poderes —y por eso mismo, no debe ser objeto de esperanzas salvadoras. Es simplista colocar a cualquier persona en el papel del salvador de la nación.

Los clisés simplifican la vida y facilitan las opiniones, como el clisé de los tiempos dorados de Clinton —el clisé no considera que a finales del período de Clinton la economía de los EEUU se dirigía a una recesión que afectó el inicio de la administración de Bush y fue empeorada por los actos terroristas de 2001.

Los gobernantes emplean esos clisés. El más reciente de ellos es quizá el de Bush, cuando dijo que Wall Street tuvo una gran borrachera que el resto de la gente está padeciendo con una resaca bestial. El clisé ha sido contestado por quienes han dicho que Bush se olvidó que quien abrió el bar y sirvió los tragos fue el gobierno de EEUU.

• Suele olvidarse con mucha frecuencia que las acciones gubernamentales no tienen un responsable fácil de señalar —al menos los democráticos en los que los poderes, todos, reparten funciones y esquivan responsabilidades. Una mentalidad como la mexicana, acostumbrada al presidencialismo, no entiende esto y verá al presidente como el único gobernante.

Los recortes de impuestos en los EEUU fueron realizados por la presidencia, pero también por los legisladores. Y, además, los recortes a la tasa de interés vinieron de la Fed, un organismo independiente —ella llegó al increíble nivel de 1% durante un año o algo así siendo un castigo al ahorro y un incentivo artificial al consumo. Así se creó la obsesión hipotecaria, que se alimentó con disposiciones que obligaban a ser laxos otorgando créditos.

Las acciones gubernamentales tienen más efectos que las metas que prometen y en más tiempo que el percibido. La promoción de empresas cuasi gubernamentales, como Fannie Mae y Freddie Mac fue una iniciativa de los Demócratas y señalada por Bush como peligrosa en el plazo largo.

Esto, pienso, es una cuestión que los gobernantes aprovechan gloriosamente —convencen al electorado de las bondades de sus objetivos, como el que todos tengan casa propia sin importar su condición y todos en el país se intoxican: ven no más allá de sus narices y ni siquiera los mismos gobernantes entienden que no se pueden regalar casas.

Muchos efectos de las medidas de una administración no se verán hasta la siguiente y esto es un incentivo a la irresponsabilidad del corto plazo.

Las personas se acomodan a las condiciones creadas —cuando un gobierno cambia una ley, crea un programa, las personas tratan de aprovecharlas. Eso es lo que hizo Wall Street, con irresponsabilidad, pero la mesa fue puesta por el gobierno. Si acaso un gobierno cierra fronteras a las mercancías extranjeras, las personas se acomodarán a un nuevo negocio, el del contrabando.

Las personas actúan evaluando la situación en la que se encuentran, a la que aprovecharán en su beneficio —no es malo esto en sí mismo, pero llega a crear en algunos la mentalidad de que todo se vale. Este es un gran tema en el que no entro, pero que supone que un mercado libre requiere leyes claras y una cultura moral sustentada en reglas éticas universales.

Los avisos de crisis y las advertencias de peligros son, por sistema, desechados —la situación es demasiado buena como para hacer caso de los mensajeros con malas noticias. Fue en 2001 cuando la administración de Bush señaló que Fannie Mae y Freddie Mac constituían peligros y pidió la elevación de capital en ellas, que las empresas pelearon por no tener. De haberse logrado limitar las actividades de esas dos empresas, esta crisis habría sido sustancialmente menor.

Los ideólogos entran al juego y echan culpas a diestra y siniestra —los “análisis” ignoran la realidad y se concentran en culpar al villano que odian. Muy claro ha sido esto entre quienes rescatan la profecía marxista del fin del capitalismo para ser los oráculos del nuevo socialismo.

Y en esto, de nuevo surgen los clisés —esas herramientas tan útiles para expresar opiniones falsas. McCain hizo esto al hablar de que la crisis había sido causada por la codicia de Wall Street y Carlos Fuentes se deshizo por probar que el culpable de todo, sin excepción había sido Bush.

Un columnista de El Norte, por ejemplo, escribió que, “… el poder político, con Rahm Emanuel y Joe Biden, el poder financiero con la trilogía sionista… la política exterior con Hillary Clinton y el poder militar con la ratificación de Robert Gates confirman al lobby judío que realmente gobernará a los Estados Unidos a partir del 20 de enero” (A. Elizondo, 10 enero 2009).

Lo dicho, cada quien toma a su enemigo preseleccionado sin preocuparse de examinar la realidad, con la consecuencia de oscurecer las oportunidades de solución real.

Addendum

No es posible dejar de considerar un texto de La Jornada, del 19 de enero de 2009, que muestra la idea de los clisés y que apareció en la primera plana:

Considerado el peor presidente de Estados Unidos de los últimos tiempos, George W. Bush dejará este martes la Casa Blanca con una estela de engaños, abusos y errores que han causado graves consecuencias para su país y el mundo. Su asunción ocurrió enmedio de acusaciones de fraude electoral, y los atentados del 11 de septiembre de 2001 le dieron el pretexto para desatar las guerras contra Irak y Afganistán. Los expertos subrayan que creó una ‘‘presidencia imperial’’, con poderes extraordinarios, para realizar operaciones militares donde sea, aplicar torturas y espionaje sin orden judicial. No hubo rama que no fuera afectada por su ideología fundamentalista. Con él se vinieron abajo las ilusiones sobre el libre mercado, ya que deja en herencia la peor crisis financiera y económica desde la gran depresión. También desdeñó acciones en favor del medio ambiente, la salud y la educación


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