Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Aprender a no Aprender
Eduardo García Gaspar
19 noviembre 2009
Sección: ESCUELAS, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Existen colecciones de principios, cuasidogmas, que son tomados como incuestionables bases de pensamiento. Uno de ellos es el de la necesidad de crear autoestima en los niños y jóvenes. El otro es el de también crear en ellos una admiración absoluta por la diversidad y la tolerancia.

Ambas creencias, creo sinceramente, han sido tremendamente exageradas.

Tomemos la idea de las grandes ventajas que tiene el elevar la autoestima de los estudiantes universitarios. Nada de malo tiene el hacerles entender que son personas valiosas y con capacidades potenciales notables.

Todos los seres humanos somos únicos e irrepetibles, tenemos dignidad y valor simplemente por el hecho de existir. Pero, la exageración de la autoestima lleva con facilidad a la regla de censurar toda crítica al estudiante y a la de alabar lo que sea que él haga. Es decir, no importa lo que haga, siempre debe decírsele que es bueno y admirable.

En un salón de clase esto puede llegar a lo ridículo, como el no señalar los errores que el alumno tiene, ni apuntar sus malos hábitos. Si algún alumno dice alguna barrabasada en clase, el profesor estaría obligado, para no herir su autoestima, a decirle que eso puede ser una buena idea incluso una gran idea, quizá mal expresada, pero jamás se le permitiría decirle que es una burrada lo que ha dicho o hecho.

La otra idea, que es la colocación de la diversidad y tolerancia en un nicho intocable, tiene efectos similares. Llevada a la exageración, lo que crea en el alumno es una admiración por todo, no importa lo que sea, puede ser lo más sublime, pero también lo más idiota y tonto.

En combinación ambas ideas crean un terrible efecto: el alumno aprende a no tener juicios y a aceptar todo sin condiciones ni limitaciones.

Si él cree que todo lo que dice es admirable y digno de encomio, y que al mismo tiempo todo lo que dicen y hacen los demás también merece las más altas loas, termina siendo una persona sin habilidad para emitir juicios ni distinguir entre la verdad y la mentira. O mejor dicho, acaba aceptando un juicio único: todo vale lo mismo, todo es igual.

Es decir, el profesor que toma como misión personal elevar la autoestima y consagrar a la tolerancia y la diversidad, en la realidad está promoviendo el cese del uso de la razón en sus alumnos. Les enseña a que ellos pueden decir y hacer todo lo que quieran, que siempre serán admirables no importa lo que hagan o digan… y  a que no deben emitir juicios de nada que digan o hagan los demás. Todo es admirable y digno del más amplio respeto.

La posición de ese profesor es contradictoria, porque al final de cuentas lo que está haciendo es enseñar un juicio y una forma de intolerancia. Decir que todo es admirable y aceptable es en resumen emitir un juicio, el de no hacer una diferenciación.

Lo que pienso que bien vale una segunda opinión es el efecto neto que esas dos ideas, llevadas a su exageración, tienen en la formación académica. El efecto neto es una incapacidad mental absoluta para diferenciar entre una buena explicación y una mala, entre una opinión razonada y una débil.

Para los alumnos educados por esos profesores, no hay diferencia entre Tomás de Aquino y Dan Brown, ni entre J. Lovelock y Al Gore, ni entre Cervantes y una telenovela. Es más, no sabrían quienes son Aquino, Aristóteles y el resto que le sigue. En una encuesta reciente, 13% de niños escoceses pensaron que Hitler inventó la gravedad y 7% que era un entrenador alemán de futbol.

Mi temor es que una proporción importante de jóvenes ya graduados y por graduarse de una universidad, están educados en la irracionalidad. No menciono la falta de conocimientos y cultura histórica, que debe ser grande, sino la falta de desarrollo del razonamiento que produce la exageración de la autoestima y la diversidad / tolerancia.

Es ese segmento de personas el que más expuesto está a sucumbir a lo que sea que tenga enfrente y les presente una solución mágica a su vida. Son los que sucumben sin pensarlo a las promesas políticas de quienes prometen paraísos terrenales, los que creen en los complots más descabellados y se nutren de lo que la televisión les vomita en una serie supuestamente histórica.

Lo que ellos pierden es el arte y la habilidad de pensar, de diferenciar a la chatarra de lo que sí vale, de encontrar diferencias entre J.J. Benitez y Voltaire. Son los que toman a la ONU como la fuente de todo valor y no saben de Orwell, Kafka, Shakespeare. Han aprendido a no aprender.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.


1 comentario en “Aprender a no Aprender”
  1. Celia Palacios Dijo:

    Entiendo su comentario. No se debe absolutizar ninguna idea. Tiene razón en que hay que aprender a aprender y a pensar por uno mismo… Coincido con usted en eso, pero no me ha tocado ver (y convivo con adolescentes y niños) que la tolerancia se aplique en los niveles que usted indica. La idea aquí se ha llevado a la caricatura, y planteada así resulta incorrecta, por supuesto. Pero la verdad es que incluso así, en un mundo ideal donde todo se ha polarizado, prefiero uno en donde se exagere la tolerancia y NO la intolerancia.





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