Aprendizaje económico. Puede aprenderse Economía en un bar. También en un supermercado. En cualquier lugar existe aprendizaje económico. Todo lo que se necesita es pensar.

Aprendizaje económico: un bar, un vodka

Pide usted al mesero un vodka en las rocas. El trago cuesta 100 pesos. Usted se pone a pensar. Navega por Internet y encuentra que un litro líquido equivale a 33 onzas de líquido.

Es decir, esa botella de vodka es vendida por el bar en 3,300 pesos (faltando descontar pérdidas y desperdicios). Sin embargo, usted sabe que esa marca de vodka, en el supermercado, cuesta 500 pesos.

La comparación es inevitable. El bar la vende en 3,300 y su costo es de 500 (seguramente menos en precio de mayorista). La «utilidad del bar» es la diferencia: 2,800 pesos si cada onza es vendida en 100 pesos.

Un abuso, ganancia excesiva, propietario ladrón

La primera impresión es esa, la de haber sufrido un abuso pagando un precio exhorbitante. Pero, pensándolo más, hay un aprendizaje económico.

¿Acaso no ha comprado usted en el bar algo más que una onza de vodka a 100 pesos? Por supuesto. Usted ha comprado mucho más que eso.

Ha comprado agua tónica, hielo, limón, vaso, silla, mesa, mesero, luz aire acondicionado, piso, techo, servilletas, limpieza. Muchos elementos tangibles e intangibles que en total el propietario del bar creyó que el cliente estaría dispuesto a pagar con 100 pesos por onza.

La reacción del destilador de vodka

El fabricante de la bebida tampoco puede quejarse de que el bar vende su vodka en 100 pesos la onza en ese bar. Él podría hacerlo si abre un bar similar al otro y ofrece lo mismo. Al contrario, está contento que ese bar compre y venda su marca de vodka.

El aprendizaje económico del bar y otros casos

El productor de café está en la misma situación. No puede alegar que las cafeterías venden su café a precios mucho mayores que su precio de venta. Cada uno vende cosas diferentes.

Uno vende el café en grano, pero otro vende el café en un establecimiento, que es muy distinto.

Si alguien quiere tomar una onza de vodka a 15 pesos, que vaya al supermercado, lo compre y luego abra la botella y sin vaso, al aire libre, beba de la botella. Si va a su casa, usa un vaso, hielo, agua quina, el costo será mayor, aunque no se dé cuenta.

Lo mismo va para una hamburguesa. Tomemos un kilo de carne molida a 150 pesos, con la que se hacen 10 piezas, con uno costo unitario de unos 15 pesos.

Si la misma hamburguesa se vendiera en un restaurante a 60 pesos, se creería, erróneamente, que la utilidad es de 45 pesos. Se olvida el pan, los aderezos, el cocinero, la parrilla, el gas, el empaque, la cajera, el mesero, las sillas.

Más aprendizaje económico

Para la segunda onza de vodka que usted ha bebido en el bar ya ha llegado a esas conclusiones anteriores. Pero, siga pensando y verá otro de esos pequeños detalles que todo lo cambian.

Los costos no le importan un comino

Y la cosa se ve mejor esa pieza de aprendizaje económico: en realidad a usted poco importan los costos de producción de un bien.

Lo que en verdad usted toma en cuenta es su valoración del la onza de vodka en ese bar. Si piensa que vale 100 pesos la onza, usted la comprará. No le importará si ella tuvo un costo de 70 pesos o de 140.

Conviene aclarar estas cosas porque aún predomina la idea de que los costos de producción son los que determinan los precios de venta de los bienes y que los precios justos son los que suman una utilidad razonable a los costos de producción.

Los precios que el comprador está dispuesto a pagar determinan los costos

Son los precios que el comprador está dispuesto a pagar lo que determina los costos. El dueño del bar cree que puede vender sus tragos a cierto precio y sobre eso calcula sus costos. No al revés como suele creerse.

Por eso es irrelevante ver el costo del vodka en un bar sin considerar los costos adicionales, pero sobre todo porque lo que vale es la disposición del cliente a pagar esos 40 pesos, quizá más, quizá menos.

Aprendizaje económico y gobernantes

Ahora, tomando la tercera onza de vodka, y la última, un par de horas después, usted ha llegado a un punto clave de aprendizaje económico.

Ya comprende por qué es común entre gobernantes que se cometan dos errores.

Uno es el creer que el costo de un filete de pescado en un restaurante es igual a lo que vale ese mismo pescado en un mercado a la orilla del mar.

El otro error, aún mayor, es creer que los costos de producción determinan los precios que los bienes deben tener.

Sería como pedirle a un pintor famoso que pusiera precio a sus cuadros de acuerdo con lo que le costaron la tela y las pinturas que usó. Imagine usted que se venda una pintura de C. Monet al costo de producción más 25% de ganancia.

Todo esto prueba que un viendo la realidad de un bar y con un poco de perspicacia es posible estar en una clase de Economía.

Un aprendizaje económico muchas ocasiones más provechoso que sentarse frente a un profesor que traza curvas incomprensibles y anota fórmulas enigmáticas.

La Economía es una ciencia del comportamiento humano que está al alcance de todos y que resulta en extremo agradable cuando ella se examina con un vodka frío esperando que lleguen los amigos.

Y unas cosas más…

Un concepto de moda, el de comercio justo, ha sido empleado para mostrar supuestas injusticias en los  precios.

La cuestión no es tan simple, como se demuestra en ¿Ayuda a Los Pobres El Comercio Justo? Hay una crítica a la creencia de los costos de producción como base del precio en Venta: Dalí al Costo.

No sólo los bares pueden ofrecer clases de Economía, también la Milagrosa Lata de Jugo.

Quizá la herencia intelectual del marxismo sea la culpable de creer que los costos son los que determinan los precios, concretamente el costo del trabajo, dejando de lado los otros costos, pero sobre todo ignorando incomprensiblemente la valoración subjetiva de los bienes.

[La columna fue revisada en 2019-07]