Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Así no, al Contrario
Eduardo García Gaspar
19 marzo 2009
Sección: EFECTOS NO INTENCIONALES, Sección: Una Segunda Opinión
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Una de las consecuencias prácticas de la crisis económica, es la natural: los gobernantes sucumben a la tentación, para ellos irresistible, de emitir disposiciones que persiguen remediar cualquier problema. Un reporte (6 marzo 2009) del Overseas Security Advisory Council, en los EEUU, da un ejemplo fascinante de regulación estatal.

No se trata de EEUU, sino de Honduras. Comienza hablando de una situación criminal. En ese país se tuvieron reportados cinco secuestros en 2005. Para 2008, se reportaron 121, con rescates pagados por cerca de un millón de dólares totales en 40% de los casos.

Lo interesante que hace el reporte no es tanto dar esas cifras, sino intentar explicarlas como producidas por otra situación en ese país. Una situación que en apariencia nada tiene que ver con lo de los secuestros.

El presidente de Honduras es Manuel Zelaya, quien en enero decretó una elevación del salario mínimo. Antes era de 181 dólares al mes y el presidente lo elevó a 289 dólares. En esta decisión pueden verse dos rasgos de Zelaya. Uno es el de sus innegables buenas intenciones. El otro es el de una ignorancia económica fuera de serie.

Una elevación como ésa, del 60%, es un caso de primer curso de economía. Cuando se eleva el precio de un bien, el que sea, puede predecirse con seguridad que la cantidad demandada de ese bien se reducirá. Si aumenta en ese porcentaje el precio de la cerveza, el consumo de ella se verá reducido. Lo mismo para el trabajo: ese aumento producirá una reducción en la cantidad demandada de trabajo: desempleo.

No es posible predecir la cantidad de la reducción, pero sí que ella se producirá. Esta ley económica es inevitable, pero en el mundo real puede ser afectada por otras variables. Si por ejemplo, la productividad se eleva en un porcentaje similar, el precio más alto del trabajo no produciría una cantidad menor de trabajo demandado.

Los datos del mismo reporte indican que, desde esa fecha del decreto, en las zonas urbanas ha sucedido lo esperado: 15,000 despidos. Las empresas no pudieron soportar la elevación de los costos y mantenerse vivas. Y el desempleo creado, ha abierto la oportunidad de cometer delitos, según dice el reporte.

Lo que hizo Zelaya es claro: decretó el precio de un bien, el trabajo, colocándolo en un nivel alto. Su objetivo fue similar al que se persigue en los EEUU ahora mismo: que la gente tenga dinero para gastar. Uno decretó salarios mínimos, otros crean facilidades de crédito y elevan el gasto gubernamental. En esencia son lo mismo.

Lo que ambas medidas suponen que la economía es una máquina que puede manejarse al antojo del gobernante. También, ambas piensan que el caballo debe ponerse detrás de la carreta. Lo que causa realmente una elevación del ingreso de las personas no es una colocación artificial de más dinero en manos de ellas.

Si eso pudiera hacerse, ya no existiría pobreza en el mundo. Habría bastado con que Zelaya, Obama y senadores mexicanos gobernaran el mundo y decretaran que todos en el planeta tuvieran un salario mínimo de 100 dólares la hora, una tarjeta de crédito con tasa de 0.5 por ciento anual y un gasto gubernamental deficitario.

El tema bien vale una segunda opinión para señalar que es una lástima que eso no pueda hacerse, pero así es nuestra realidad. Nuestro mundo tiene leyes y con ellas debemos vivir. No podemos ignorarlas sin consecuencias, como la crisis actual, o el desempleo en Honduras, al que el reporte culpa del incremento en actividades delictivas.

Pero sí podemos aprovecharlas para lograr elevar los ingresos de las personas. Es el camino opuesto al que se ha seguido en esos casos.

Los economistas le llaman acumulación de capital y no es lo que uno se imagina de entrada. Es el facilitar la libertad económica que crea tecnología, máquinas, herramientas, fondos, tiempo, gente preparada, lo que en total eleva la productividad y eso es lo que eleva los ingresos.

No hay recetas mágicas. Creer en reducir tasas de interés, en elevar el gasto gubernamental, en decretar salarios altos, todo eso es más o menos equivalente a hacerle caso a un libro que Harry Potter escribiera sobre economía. Y esto es lo que resulta interesante de señalar, la increíble ignorancia económica que afecta a los gobernantes en todas partes, en todos los tiempos.

Post Scriptum

El reporte de Overseas Scurity Advisory Council, intenta asociar a la elevación del salario mínimo con el desempleo y a éste con el aumento de los secuestros. Si bien es razonable hacerlo, la cadena de eventos en la realidad está afectada por otras variables.

Es muy razonable esperar que un nuevo salario mínimo produzca desempleo en la medida en la que eleve los costos por encima de la productividad. Suponer que ese desempleo eleve la criminalidad supondría la influencia de otras variables no reconocidas expresamente en el reporte, como un un sistema policiaco ineficiente que significara escasas probabilidades de captura.

Aún así, se demuestra que existen efectos colaterales no previstos por las medidas gubernamentales. En el caso de Honduras se percibe con facilidad. En el caso de la crisis, es menos fácil, pero es obvio que la manipulación de variables monetarias produjo un boom artificial, que llevó a la crisis.

El 29 de junio de 2009, el WSU envió un boletín de alerta: “Honduran army soldiers stormed the house of leftist President Manuel Zelaya in a pre-dawn raid, arresting him and removing him from power. Mr. Zelaya was flown to Costa Rica and was safe, the Costa Rican government said”.

El 26 de junio, la AP reportó que, “With backing from Fidel Castro and Hugo Chavez, Honduras’ leftist president pushed ahead Friday with a referendum on revamping the constitution, risking his rule in a standoff against Congress, the Supreme Court and the military”.


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