Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Atkinson, Willoughby
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7 julio 2009
Sección: Sección: Listas, Y CONTRAPEDIA
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Nadie es profeta en su tierra y nadie lo puede demostrar de manera más clara que Juan López Arroyo, una de las mentes más geniales en el combate contra el crimen.

Entre sus casos más sonados, destaca el del Marqués de Cirimiri, quien desapareció mientras leía un voluminoso libro. Fue localizado el Marqués por Juan López Arroyo, natural de México, cerca de la boca de la Mona Lisa dos semanas después que alguien había descuidadamente cerrado el libro, con el pequeño marqués adentro, pensando que nadie lo leía.

Del caso del Mono Tití, nunca ha querido hablar.

Agobiado por su éxito en el extranjero e ignorado en su país de nacimiento, Juan López Arroyo decidió cambiar su nombre. Optó por tomar el primer nombre extranjero con el que se encontrara. Afortunadamente, sus colaboradores pudieron convencerle de las desventajas de llamarse Felicia Cumberland.

Pero no pudieron disuadirle de llamarse Willoughby Atkinson. El éxito nacional de Atkinson fue inmediato. ¡Al fin sus compatriotas de Pitiquito, México, reconocían su talento!

Una de las grandes cualidades de Atkinson, además de su habilidad para tocar con fagot los conciertos para piano de Rachmaninoff, es su poder de inferencia. Cuentan que un día se presentó en sus oficinas un joven. Tras escasos segundos Atkinson dijo: “Excepto por el hecho que usted es soltero, acaba de leer los Hermanos Karamazov, es católico, le gusta el chorizo y su teléfono no sirve, no sé nada de usted. ¿En qué le puedo servir?”

Posteriormente sus colaboradores lo interrogaron sobre cómo pudo averiguar tanto acerca ese joven. Él contestó:

“Es católico porque más del noventa por ciento de la población en esta ciudad tiene esa religión, las probabilidades de equivocarme eran menores al diez por ciento y decidí correr ese pequeño riesgo. Lo de ser soltero es todavía más obvio. Este joven no tiene más de catorce años, lo que según el censo le da una alta probabilidad de no haber contraído matrimonio. Su manera de vestir indica que su madre compró la ropa de marinerito. Lo del chorizo fue fácil, ya que las comisuras en sus labios tienen un tinte peculiar que da el pimentón. En cuanto al teléfono, no hubiera venido hasta aquí si su teléfono sirviera. Finalmente, pude inferir lo de la lectura de los hermanos Karamazov por la expresión de su rostro, reflejo de una mente preocupada por recordar todos los nombres y apodos de los personajes”.

La aventura de Los Caballitos Brincadores comenzó cuando Pietrabio Hattilan, el campeón yugoslavo de ajedrez, buscó en un diccionario la palabra perroquete, encontrando el significado “mastelerillo de juanete”. Este hecho le enfureció tanto que juró venganza contra toda la humanidad. Fue así que Hattilan, confabuló con Lucas Sánchez, su secretario noruego, un horripilante plan.

Sin aparente conexión con el hecho anterior, 1995, empezaron a suceder extraños acontecimientos: Juan Gabriel, el compositor y cantante mexicano, se coronó en un campeonato de ajedrez en Manila y se enfrentó en la final mundial de ajedrez contra Michael Jackson, el que a su vez había vencido con inolvidables jugadas a Sue Smith, una hasta entonces desconocida bailarina exótica en Baluchistán.

Miembros de la Comisión Internacional del Ajedrez se entrevistaron con Atkinson y le manifestaron su impresión sobre la posibilidad de que algo tal vez sospechoso estuviera sucediendo. Atkinson aceptó el caso porque así tendría la oportunidad de conocer a esa bailarina.

Lo primero que hizo Atkinson fue viajar a Portugal, por cuenta de su cliente, y entrevistarse con Orlando Baptista quien le debía algún dinero. Posteriormente presenció un sinnúmero de partidos de ajedrez, donde para poder mantenerse despierto consumía más de doscientas tazas de café por partida.

Al principio fue solo una sospecha, pero poco a poco la intuición de Atkinson fue convirtiéndose en certeza… mandó investigar todas las fabricas de resortes del mundo.

Extrañados, los de la Comisión quisieron saber la razón del sesgo que tomaban las pesquisas. Atkinson se mostró cordial pero enigmático. El resultado de la investigación de los resortes arrojó más de veinte mil nombres que fueron introducidos en una computadora. A esa computadora se le alimentó con otra información: localización de las fabricas de piezas de ajedrez, listas de viajeros a las ciudades donde de esas fábricas y las ventas de salchichón español de exportación.

Días después, Atkinson dijo a sus clientes: “Señores, tal vez quieran acompañarme hasta el número 224 de la calle Maple en Macedonia, Iowa “. Lo demás es historia.

Atkinson había descubierto pequeños brincos en los caballos de ajedrez que así cambiaban de lugar en el tablero sin conocimiento de los jugadores, lo que destrozaba su estrategia. Los brincos eran producidos por resortes introducidos en la base de las figuras.

Los resortes correspondían a los usados en los bolígrafos. Dijo Atkinson: “Fue cuestión de averiguar qué envíos de resortes eran hechos que individuos que viajaban a las ciudades donde se fabrican los juegos de ajedrez”.

Hattilan y Sánchez fueron capturados cuando se les sorprendió experimentando poner resortes en pinos de boliche.

Interrogando a Atkinson sobre el papel que jugaban las ventas de salchichón español en este asunto, respondió: “Muy poco, fue un truco para poner misterio. Mi agencia en relaciones públicas me ha sugerido introducir elementos llamativos. En mi próximo caso tengo planeado utilizar un manojo de perejil en el ojal de mi chaqueta “.


ContraPedia tiene un antecedente en los 80, cuando fueron publicadas una serie de propuestas de palabras y personajes que no existían. Eran muy breves. Esta versión respeta la idea original, jamás publicada antes, con textos más amplios. Las sugerencias son bienvenidas a editor general@contrapeso.info. En caso de publicación se dará crédito a su creador, pero podrán ser ampliadas y corregidas, consideradas como cartas o comentarios a la redacción.




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