Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Buenos Motivos, Pero…
Eduardo García Gaspar
23 diciembre 2009
Sección: EFECTOS NO INTENCIONALES, Sección: Una Segunda Opinión
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Hay, en demasiadas ocasiones, una desconexión entre nuestros sentimientos y nuestras acciones. Nos pueden poseer los más elevados sentimientos, pero los actos que en ellos se inspiran son los incorrectos. Es decir, hacemos cosas malas por motivos buenos.

Una historia quizá ilumine las palabras anteriores. Un compañero de universidad, terminando la carrera, se casó para sorpresa de todos. Nadie lo esperaba. Más sorpresa aún fue saber quién era su esposa: mayor que él, con dos hijos, sin ingresos, madre soltera… y él aún no trabajaba.

Hasta donde supe, tiempo después, se había separado. De lo que él nos contó como motivos de su matrimonio, tengo el recuerdo de grandes sentimientos de compasión por el caso de la mujer que se encontraba en una realmente mala situación. Sería difícil encontrar a alguien que no se conmoviera ante la situación de la pobre mujer.

No podía yo explicar cuál había sido el error de mi compañero de universidad, aunque sabía que había cometido uno. Fue hasta hace una semanas que leyendo un libro, encontré la explicación a la conducta de ese compañero. El libro establecía una diferencia entre buena y mala compasión. Me explico.

Si quiero dar una explicación de lo que compasión significa, primero hay que reconocer que se trata de una virtud. Es decir, una de esas cualidades morales que se expresan en rasgos personales de conducta y que llevan a realizar lo bueno. Y ésta es la palabra clave, “realizar lo bueno”.

La buena compasión es, por tanto, un sentimiento bueno que lleva a considerar las situaciones ajenas y realizar las acciones buenas para ayudarles. Sin duda mi amigo había sentido compasión por el caso de esa mujer y eso es bueno, parte de la virtud de la compasión. Pero, ¿hizo él lo correcto casándose con ella y así ayudarla?

La gran pregunta es ésa, la que plantea dos niveles de la compasión: sentir empatía por lo situación lamentable de otros y, segundo, hacer lo correcto para ayudarles. Si no se hace lo correcto, se trata de un caso de compasión falsa. La idea es tan fácil de comprender como es difícil de pronunciar el nombre del autor que leí, Budziszewski (bud-shi-seus-ki).

El autor aplica su idea a casos similares al de mi compañero de universidad, apuntado casos en los que jóvenes se enamoran más por compasión hacia otro que por amor. Son casos que ilustran muy bien esa distinción entre un buen sentimiento y la posibilidad de acciones correctas, pero también incorrectas. Algo que en esta época del año debe recordarse.

En el caso de mi compañero, ahora lo veo con mayor claridad: en realidad él no ayudó a la mujer, quizá incluso empeoró la situación por no casarse por amor y, además, no tener un ingreso suficiente. Pero no sólo en estos casos se queda la posible aplicación de la idea de Budziszewski.

Piense usted en la gran cantidad de personas que se conmueven ante la existencia de buena cantidad de personas viviendo en condiciones miserables, indignas de un ser humano. No creo que exista persona a la que no inspire esa realidad un sentimiento de compasión. Hasta aquí, muy bien… pero falta el paso siguiente.

El sentimiento de compasión nos mueve a querer hacer algo para ayudar a quien padece una mala situación y ahora se trata de tomar una decisión, la de qué hacer. Se trata de hacer lo adecuado, lo que en verdad remedie el problema que nos ha causado esa compasión. Queremos evitar a la compasión falsa y para hacerlo debemos pensar en las acciones correctas.

Si no las hacemos y, en su lugar, realizamos las acciones malas, esa situación que nos ha conmovido empeorará y terminaremos dañando más a esos a quienes queremos ayudar. Esta es la explicación de por qué tantos programas de ayuda a los pobres acaban por dañarlos aún más.

El tema bien vale una segunda opinión porque explica lo malo que existe, por ejemplo, en programas sociales de ayuda a los pobres. La explicación es fácil de ver y consiste en comprender que el sentimiento de compasión no basta y que incluso es dañino si no va acompañado de las acciones correctas.

Y, no sólo es aplicable a cuestiones de gobierno, también lo es en la vida personal.

Post Scriptum

El libro al que hice referencia es el de Budziszewski, J. (2008). Ask Me Anything 2: More Provocative Answers for College Students. NavPress, p. 78.

La evidencia de malos resultados en programas contra la pobreza es el clásico de Murray, C. A. (1994). Losing ground : American social policy, 1950-1980. New York: BasicBooks. Véase, Los Pobres No Son Todos Iguales.


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