Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Burócratas Tercos
Selección de ContraPeso.info
16 febrero 2009
Sección: LEYES, Sección: Asuntos
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Existe, se dice, un problema serio de obesidad, que tiene consecuencias en la salud y que, por supuesto, da una excusa para la intervención gubernamental —y también, da vuelo a una imaginación sin límites, como regulaciones del número de agujeros en los saleros, la aclaración de que las salchichas marca Dragón no tienen en realidad carne de ese animal y el tamaño del escote de las meseras.

Una de las medidas propuestas para aliviar el problema de la obesidad es la de elevar el costo de comer fuera, con impuestos mayores—creyendo que existe una relación causal entre el comer en un restaurante y la gordura. La ventaja de esta hipótesis es que puede ser probada con un estudio o varios.

Y es grandioso que ya se tenga alguna evidencia al respecto. Ha sido reportado por el Center of Consumer Freedom que no hay tal relación.

Dos profesores de economía en los EEUU realizaron un estudio titulado Are Restaurants Really Supersizing America? y que responde a esa pregunta: no existe una asociación entre comer en restaurantes y padecer obesidad. El estudio concluye lo siguiente:

… Well-established cross-sectional and time-series correlations between average body weight and eating out have convinced many researchers and policymakers that restaurants are a leading cause of obesity in the United States. But a basic identification problem challenges these conclusions… The results find no evidence of a causal link between restaurants and obesity… We conclude that public health policies targeting restaurants are unlikely to reduce obesity but could negatively affect consumer welfare.

En palabras sencillas, las regulaciones gubernamentales, como elevación de impuesto al comsumo en restaurante, que persigan reducir el problema de obesidad no tendrán los efectos que persiguen —porque la hipótesis de la que partieron es falsa, o al menos cuestionable. Esas regulaciones, como muchas otras, serán un desperdicio de recursos.

Se trata de otro caso más de regulación gubernamental innecesaria y sustentada en creencias falaces, algo que es costumbre burocrática de larga tradición. Sigue un proceso secuencial claro:

1. Los gobernantes y burócratas andan en busca de problemas a resolver.

2. Seleccionan uno, el que sea y que generalmente es poco importante en relación a otros.

3. Crean hipótesis sobre la causa del problema seleccionado —como en este caso en los EEUU: las personas engordan porque comen fuera de casa.

4. Y proponen medidas para regular la supuesta causa —elevar los impuestos al consumo en restaurantes o cosas similares. En la UE, por ejemplo, se han calculado diez regulaciones nuevas diarias en promedio.

5. Si acaso confrontan opiniones opuestas, se retraen y las ignoran —es un fenómeno de terquedad y obstinación.

6. Las medidas gubernamentales se implantan, no dan resultado, producen problemas colaterales y se concluye que lo que se necesita es mayor regulación. Es lo mismo que seafirma con la crisis, que ella se remediará con más regulación, la que sea.

No creo poder agregar más —excepto quizá por lo extraño que es que a pesar de las evidencias encontradas una y otra vez en contra de estas intervenciones fallidas, las medidas propuestas sean aprobadas con gusto por los ciudadanos, quienes no parecen en su mayoría haber comprendido la necesidad de tener hipótesis demostrables.

Addendum

En México fue reportado hace poco que, “La Secretaría de Salud impulsa un proyecto para desalentar el consumo excesivo de sal en los restaurantes… [retirando] los saleros de las mesas de esos establecimientos, de forma que quienes deseen utilizar ese condimento lo tengan que solicitar… [se quiere] contribuir a reducir las altas prevalencias de hipertensión arterial y obesidad… relacionadas, entre otros factores, con el consumo excesivo de sal” (Grupo Reforma, 8 febrero 2009)

Añado otra prueba, la señalada en Niños Regordetes —en donde se examina otra de las regulaciones gubernamentales propuestas para resolver el problema de obesidad infantil. El gobierno propone evitar la publicidad de comida rápida, creyendo que al cancelar sus anuncios, los niños dejarán de ingerir esos alimentos. No es una hipótesis lógica, pero si hay una que lo es: los niños que comen en familia tienden a padecer menor índice de gordura y hay evidencia que lo prueba.

Las medidas gubernamentales no sólo tendrán escasos o nulos resultados, sino que producirán efectos colaterales dañinos —como el daño a quienes comen en restaurantes y no son obesos, quienes pagarán más por el impuesto adicional. Y quien quiera sal adicional en su comida, producirá una caminata adicional al mesero.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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