Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Buscando un Ángel
Eduardo García Gaspar
26 agosto 2009
Sección: LIBERTAD POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión, Y FABULAS E HISTORIAS
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La democracia, ese sistema tan mal comprendido, ha atolondrado a demasiados.

Me refiero a quienes creen que ella es un instrumento para la búsqueda y el encuentro de un gobernante salvador de la nación.

Se sufre en México como en Venezuela y EEUU.

Me recuerda una de las fábulas de Esopo, la de las ranas que vivían en una laguna. Llevaban una buena vida, sin mayores problemas, con libertades y una prosperidad razonable y constante.

Su población de multiplicaba y las ranas eran la envidia del resto de los animales que habitaban en sus alrededores.

Así pasó mucho tiempo, hasta que un grupo de ranas, educadas en las mejores universidades de la laguna, formaron un grupo que se dedicó a propagar la idea de que su comunidad necesitaba un gobernante sabio que mejorara su sociedad.

Ya que la prosperidad abundaba, tenían ellas buena cantidad de tiempo libre para dedicarse a cultivar la razón y desear una sociedad racional que fuese planeada de acuerdo con los mejores estándares del conocimiento.

Una vez convencida la mayoría de las ranas de que necesitaban un gobernante que guiara a la sociedad, y fuera responsable de la felicidad y el bien común de todas, formaron un comité, al que enviaron al dios Júpiter con tal encargo, el de que les nombrase un rey sabio.

Júpiter las oyó y juzgó la petición como algo insensato ante la prosperidad de la que gozaban los animalitos, por lo que en tono de broma, arrojó sobre el lago un gran tronco de árbol.

Fue tal el espanto que ocasionó la caída del tronco desde el Olimpo, que las ranas se asustaron y escondieron. Obviamente, pensaron, era el rey enviado por Júpiter y que llegaba con gran estrépito.

Al cabo del tiempo, la laguna recuperó su vida normal, y las ranas se acercaron al tronco, incluso subiéndose encima de él. Le perdieron el respeto y se reunieron otra vez.

Ese tronco no les daba orden alguna, les permitía vivir como antes sin interferencia en su vida, que continuaba siendo la envidia de los vecinos.

En otra nueva reunión, otra comisión fue formada y enviada a Júpiter con la misma misión, que les enviara un rey. Fueron recibidas por el dios, el que molesto juzgó como chaladas a las ranas, pero les concedió su deseo.

“Tendrán un nuevo rey”, les dijo Zeus.

En esta ocasión, les mandó una anguila de buena naturaleza, gran inteligencia y buen humor. La anguila gobernó a las ranas estableciendo muy pocas leyes, muy concretas, y encargándose de solucionar los conflictos que entre ellas rara vez surgían y no podían solucionar por sí mismas.

Al cabo del tiempo, las ranas comenzaron a inquietarse, pues tanto el tronco como la anguila resultaban seres un tanto inertes y ellas querían un gobernante más fuerte y más poderoso.

Seguían deseando un gobernante que fuera responsable de la felicidad y el bien común de la colectividad.

No tardó mucho en formarse otro comité de ranas descontentas que manifestaron su deseo de un rey enérgico, influyente que mejorara su nación por medio de leyes estrictas que regularan toda su vida e hicieran posible una vida feliz para todas.

Formaron otra comisión que enviaron a Júpiter por tercera vez.

Volvieron a pedir un rey pero uno diferente a los anteriores, a los que consideraban inactivos e indolentes, con poco trabajo. Júpiter oyó la petición y accedió a sus deseos, les enviaría otro rey, el tercero y último que les concedería.

Mandó a la comisión de regreso a la laguna y con ira ante la chifladura de las ranas, les envió al nuevo rey. “Les enviaré el rey que merecen”, les dijo Júpiter al despedirlas.

Y así fue que les envió el nuevo rey. Era una garza, blanca y hermosa, con un pico gallardo y una postura real. Las ranas al verla, se llenaron de emoción, y se inclinaron ante ella quien miraba a sus nuevos súbditos con desprecio, que las ranas juzgaron que era inteligencia.

La primera promesa de la garza a sus súbditos fue prometerles un gobierno como el que las ranas habían pedido, un monarca fuerte, poderoso, enérgico y que se haría responsable de su felicidad desde su nacimiento hasta su muerte… lo que produjo aplausos en casi todas ellas, especialmente entre las más intelectuales de las ranas que al fin veían cumplidos sus sueños.

Las siguientes palabras de la garza, mencionaron que tal gobierno como el que querían necesitaba recursos para mantenerse en el poder y para que el nuevo monarca viviera muchos años pudiendo cumplir totalmente con el logro del bienestar colectivo.

Después de decir esto, la garza se lanzó a la caza de ranas, su alimento favorito.

Después de varios días de banquetes opíparos, la garza acabó con la nación de ranas que antes había vivido en la laguna y que tanto envidiaba el resto de los animales.

La historia, a la que he modificado sustancialmente, para hacer más clara su idea, muestra esa distorsión de la democracia: haberla convertido en un sistema de búsqueda del gobernante ideal (el que por supuesto no existe)… con el gran inconveniente de que en esa búsqueda encontrarán no al ángel que quieren que los hagan felices sin esfuerzo, sino al demonio que terminará con ellos uno por uno.

Post Scriptum

Demasiados razonan de manera equivocada en regímenes democráticos. Piensan que la situación en la que viven, buena o mala, puede ser mejorada cambiando de gobernante o de partido en el poder. De tal manera se obsesionan con la búsqueda del mejor gobernante que olvidan que es en ellos en los que en verdad recae la responsabilidad de lograr su felicidad personal, no en el gobernante.

Este síndrome es muy padecido en México, donde es persistente la creencia de que el país mejorará si se llegara a elegir al mejor gobernante posible. Incluso se piensa que con cambiar de partido en el poder las cosas serán mejores.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas. 





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