Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Cambio de Paradigma
Santos Mercado Reyes
10 junio 2009
Sección: Sección: Asuntos, SOCIALISMO
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El mundo de hoy no es el mismo de hace tres décadas. Hace 30 años todavía existían muchos países declaradamente socialistas y no pocos mexicanos creían que el camino de México debía ser hacia el socialismo, todo el poder al Estado.

La caída del Muro de Berlín y la desaparición de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas indicaban que el socialismo no era el camino correcto, que las naciones debían buscar otras alternativas. Pero no había muchos caminos a elegir.

La ruta opuesta al socialismo es la economía de mercado, es decir, el sistema que confía en la libertad del hombre para que sea él quien decida, bajo sus propios riesgos, lo que debe producir o consumir.

Es así como se inicia un proceso largo, tortuoso y doloroso por desmantelar a los Estados centralizadores. Ya no sería el gobierno el agente que  tomaría las decisiones económicas de lo que se debía producir, distribuir o consumir en la sociedad. Todas estas responsabilidades pasarían a manos del individuo, del empresario u hombre de negocios.

De esta manera, el Estado se retiraría de la economía y su papel se reduciría a cuidar, como un árbitro de futbol, que el juego funcionara bien, que nadie violara las reglas básicas del mercado.

El papel de gendarme que tomaría el Estado implicaba que no interfiriera  las decisiones de los individuos, salvo cuando dañaran a alguien. El ciudadano, de manera individual o colectiva tendría toda la libertad de formar empresas, bancos, escuelas, carreteras, puertos, etc. Emplearía sus propios recursos o captaría los de otros ciudadanos que apoyaran su proyecto. Si este empresario obtenía éxito en sus negocios, sería dueño de los beneficios y podría invertirlos en lo que se le ocurriera. Pero si tenía fracaso, debía afrontar las pérdidas sin ayuda del gobierno.

Estos cambios de paradigma se empezaron a reflejar en nuestro país desde 1982. La política de privatizaciones, los tratados de libre comercio y la apertura a las inversiones extranjeras son algunas muestras de esta tendencia.

Algunos gobiernos del mundo se empeñaron en buscar “la tercera vía” y sólo se  ha llegado a la conclusión de que no existe esa tercera vía.  Ahora los países deben saber que eligen la vía del mercado o se aferran al estatismo (socialismo)

Los cambios de un paradigma a otro no son fáciles. Por ejemplo, hay gente (la nomenclatura, los burócratas consolidados) que se ha beneficiado muy bien del sistema estatista y se opone, por todos los medios, a romper el status quo.  Seguramente lograrán su cometido por un tiempo, usando marchas, plantones, huelgas, paros y otros actos violentos, pero al final la historia los pondrá en su lugar.

Los viejos paradigmas se dejan no por capricho, sino porque demuestran su ineficacia para resolver los problemas de la sociedad. Se abandona el socialismo porque la experiencia muestra que si se elimina la propiedad privada se acaban los incentivos de progreso.

Se deja el keynesianismo porque si se permite que el Estado intervenga y controle todas las actividades económicas, termina por corromperse y estorbar al desarrollo. Aún cuando no se corrompiera, es imposible encontrar a un puñado de hombres sabios capaces de manejar todos los recursos de la sociedad y decidir lo que la población debe consumir, vestir, estudiar o disfrutar.

La experiencia muestra que  los gobiernos son malos tomadores de decisiones, que despilfarran los recursos, pues a fin de cuentas, no son de ellos.

Por otro lado, se constata que nadie cuida mejor las cosas que aquél que es dueño, propietario. Por tal razón, el gran cambio de paradigma consiste en abandonar los modelos centralizadores, llámese socialistas, comunistas, nazis, keynesianos o de estado benefactor y en su lugar sustituirlo por economía de mercado, donde la competencia obligue a cada uno a hacer bien su trabajo o quedarse sin comer.

Este proceso de cambio de paradigma es el que vive el mundo desde hace dos décadas. Algunos países lo han entendido muy bien: China, después de haber sido comunista ahora esta liberalizando su economía y crece a tasas nunca antes vistas. Hong Kong, Singapur, Nueva Zelanda, Escocia entre otros también están abrazando el sistema de mercado.

Otros países, han perdido la brújula: Estados Unidos de América está ahora mismo sufriendo graves crisis por abandonar los principios del sistema de mercado.

Pero también hay  gobiernos que no han querido comprender los errores de la historia y están conduciendo a sus pueblos a un doloroso abismo. Piénsese en Cuba, Venezuela y Bolivia. No tienen buen futuro y pronto lo comprenderán.

El parto es doloroso, pero lo haremos menos traumático si logramos comprender los grandes cambios de paradigmas. Una vez que los comprendemos, debemos tomar una posición personal: estorbamos o ayudamos para que nazcan y se desarrollen con más facilidad. Hoy nuestros políticos (diputados y senadores) se empeñan en no comprender este proceso y se han convertido en un verdadero lastre.

Pero hay hombres buenos en nuestro país que tienen que decidirse a salir del armario y entrar a la esfera política para ayudar y ser buenos parteros de la historia.

Nota del Editor

No es una exageración del autor hablar de paradigmas, verdaderos cambios de maneras de pensar, reales cambios de visión. Desde Platón no ha cambiado mucho el paradigma estatista, que considera a los gobiernos los ejes alrededor de los que debe girar el ciudadano. El paradigma de la libertad cree que es el gobierno el que debe girar alrededor de la persona libre y responsable.

El tema ha sido comentado en Entre Liberales y Socialistas. Para una reflexión sobre paradigmas puede verse, Paradigmas sin Quererlo.

La obra que creó el concepto es la de Kuhn, Thomas S. The Structure of Scientific Revolutions. Univ of Chicago Pr (T), 1970. Según Kuhn, un paradigma es una serie de logros científicos ampliamente reconocidos y que durante un tiempo ofrecen problemas y soluciones que son modelo a una comunidad de académicos. Es como una especie de gran teoría que provee una gran explicación en alguna ciencia y plantea problemas a solucionarse. Como una explicación global.

El paradigma rige durante un tiempo hasta que gradualmente surge otro que va tomando el lugar del anterior por pensarse que provee una mejor explicación de alguna ciencia. No es un cambio acumulativo, sino uno que cambia ejes y formas de entender las cosas. Muchas veces surge de las anomalías de un paradigma, las realidades que no puede explicar, pero sí lo puede hacer otro paradigma.

Los debates entre paradigmas no pueden resolverse, dice el autor, por medio de pruebas científicas o razonamientos. Sus partidarios ven las cosas de manera diferente, las entienden de manera distinta. No usan los mismos significados y si hay convencimiento, ello es más una conversión de fe que un acto racional o científico. Quizá esto sea lo que sucede entre liberales y socialistas: sus posiciones son más paradigmas que opiniones sujetas a pruebas y confirmaciones


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