Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Cangrejo Da Mal Ejemplo
Eduardo García Gaspar
15 octubre 2009
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión, SOCIEDAD, Y FABULAS E HISTORIAS
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El poder del ejemplo es mayor que el de cualquier otro tipo de educación. La realidad es mejor profesora que la de un salón de clases. Y eso lo aprendió muy bien un par de cangrejos, madre e hijo, que un cierto día sostuvieron una curiosa conversación en una playa.

La madre aleccionaba al hijo sobre los modos y maneras de capturar comida, de nadar soportando las olas. Todo iba bien, hasta que la madre conminó al hijo a caminar correctamente. Le dijo, “¡Ay, hijo mío! Cuánto mejor te verías caminando derecho, hacia adelante, con determinación y firmeza, en cambio, caminas de lado, de manera curiosa y que no va contigo ni con lo que tu padre y yo esperamos de ti”.

Dicho eso, el hijo se sintió mal. Aunque era un pequeño cangrejo muy adelantado para su edad, entusiasta y de mente brillante, lo que su madre le dijo produjo un gran desánimo. Lo pensó unos minutos, y respondió, “¡Ay, madre! Cuánta razón tienes, quizá quieras ayudarme en este menester y mostrarme también con tu ejemplo, cómo caminar hacia adelante”.

Por supuesto, la madre hizo intentos, muchos de ellos. Todos en vano y admitió al final a su hijo que no podía ella enseñar lo que no hacía. El cuento es de Esopo, una de sus fábulas, o al menos de la colección que a él se atribuye. Saque usted la moraleja que quiera.

Por mi parte, desde luego, muestra la vitalidad que tiene el ejemplo en situaciones familiares y el bien o mal que causa en los hijos. Pero esto todos lo saben y quiero dar un paso o dos adelante de eso que es tan obvio y tan verdadero.

Creo que es real el aceptar que existen otras fuentes de ejemplos, de los que las personas nos nutrimos, especialmente los de menor edad. Son las personas célebres, las de fama, las que aparecen en los medios con frecuencia. Lo que ellas hacen y dicen tiene consecuencias. Si acaso un futbolista mete un gol con la mano y se vanagloria de haber engañado al árbitro, eso es un ejemplo.

Ejemplo de lo que no debe hacerse, pero ejemplo al fin. Demasiados aprenderán una lección, la de que ser fraudulentos obtiene resultados. El futbol está lleno de estos ejemplos de jugadores a los que los aficionados admiran, pero que durante el juego dan ejemplos terribles. Y eso tiene consecuencias. Malas, pero consecuencias. Han predicado con el ejemplo erróneo.

Lo mismo sucede con los gobernantes en cualquier nivel. Cuando se ve que un gobernante obtiene una riqueza inexplicable y el que antes se quejaba de falta de dinero ahora goza de varios autos de lujo… ese personaje debe también ser entendido como un profesor que en su clase enseña a los alumnos lo bueno que es la corrupción.

Mi punto es mostrar como cada uno de nosotros es un profesor de escuela. No estamos en un salón de clase, pero andamos por todas partes dando clases a todos los que nos rodean. A todos. El jugador de futbol puede enseñar a otros cómo ser un jugador limpio y caballeroso, pero también puede enseñar cómo engañar al árbitro y dar patadas sin que se note.

Igual que los padres enseñan a los hijos con el ejemplo, los gobernantes hacen lo mismo con su conducta. Cada acto de corrupción de un policía de tránsito es una clase particular que él da a alguien, exaltando las bondades de la deshonestidad. Cada acto de corrupción de los políticos de gran jerarquía es una lección nacional al país, como si en el pizarrón el maestro escribiera: “cometer fraudes es bueno, hazlo tú también”.

Pero una mención especial merecen otros personajes cuyo papel los hace crear expectativas más altas que el resto. Unos de ellos son los gobernantes, de los que se espera una conducta no estándar, sino ejemplar. Pero también existen otros personajes que esas altas expectativas, como los maestros, los ministros religiosos, los jueces, los policías.

Es razonable pensar que una persona es cualquiera de esas posiciones sea alguien con más altos estándares que el resto. Si encuentro una mala conducta en el chofer de un camión, eso no me sorprende tanto como encontrar una mala conducta en un juez, o en un sacerdote. Es decir, hay personas que deben aceptar que su mal ejemplo puede ser en verdad dañino.

El punto es, al final, uno de supervivencia: la comunidad en la que predominen esos malos ejemplos será educada de tal manera que será debilitada y eventualmente desaparecerá en medio de la depravación.


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