Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Capitalismo de Davos
Textos de un Laico
27 marzo 2009
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta una idea de Michael Miller. Agradecemos al Acton Institute el amable permiso de publicación. La idea central del escrito es establecer una cosa en claro: la libertad económica es necesaria y ella no se tiene en el mundo recreado por Davos. Los énfasis son del editor.

En La Riqueza de las Naciones, Adam Smith adivirtió, “Gente del mismo negocio rara vez se reúne, incluso por diversión y entretenimiento, sin que la conversación termine en una conspiración en contra del público, o algún artificio para elevar los precios”.

Los trucos de los líderes de negocios durante el año pasado, que llevaron a una seria pérdida de confianza en los mercados y llamaron a más intervención estatal, es una prueba triste de la idea de Smith. Desafortunadamente, el problema va más allá de Fannie Mae, Freddie Mac, Merrill Lynch, AIG, o cualquier otra empresa que haya aparecido en las noticias del día.

Smith, quien publicó su célebre obra en 1776, previno sobre la colusión corporativa, pero estamos ahora experimentando algo mucho más insidioso —no sólo las empresas, sino las empresas y el gobierno y un puñado de otros, reunidos, coludiéndose, en el lujoso resort de Davos. Es la pesadilla de Smith.

Esto no es un capitalismo de mercado libre. Es capitalismo de Davos, un capitalismo gobernado por una elite ilustrada de políticos, líderes de negocios, genios de tecnología, burócratas, académicos y celebridades. Todos reunidos tratando de hacer al mundo más inteligente o más humano.

Puede incluso ser, como lo dijo Bill Gates en su famosa frase en Davos el año pasado, que sea un capitalismo más “creativo”.

El fallecido ya, Samuel Huntington acuño la frase Hombre de Davos —un hombre sin alma, tecnocrático, sin nación ni cultura, separado de la realidad. La Economía moderna que ciñe al capitalismo de Davos es igualmente uno sin alma, un capitalismo administrativo que reduce a la economía a las matemáticas y la separa de la acción y la creatividad humanas.

Admirábamos al Hombre de Davos. ¿Quién no se sentiría impresionado con las reuniones anuales del Foro Económico Mundial, en Davos, un lugar de vacaciones para esquiar? Vestidos con elegancia, elocuentes, ricos, famosos, republicanos, demócratas, tories del Labour Party, conservadores, socialistas, con muchos contactos, poderosos y siempre brillantes.

Y entonces, toda la economía administrativa cayó por tierra, los administradores y tecnócratas perdieron su fe en los mercados. Pero no en ellos mismos y ahora quieren que les confiemos aún más a ellos la economía.

Si se salen con la suya, deberán agradecerlo a una confusión fundamental: el capitalismo de Davos ha sido hecho equivalente a los mercados libres.

Aunque éste sea un asunto bipartidista con raíces que van muchos años hacia atrás, mucho de esta confusión actual proviene del trabajo de los Nuevos Demócratas y del New Labour del principio de los 90. La URSS había desaparecido. Y la economía keynesiana en los EEUU y Europa había fallado.

Era políticamente inaceptable usar el lenguaje de la planeación central, así que políticos astutos como Bill Clinton y Tony Blair usaron un lenguaje amigable al mercado. Hablaron de capitalismo más inteligente, de globalización administrada, de gobierno trabajando con las empresas y de sociedades públicas/privadas. Usaron un lenguaje de mercado mientras perseguían un capitalismo administrado.

Fueron un señuelo y cambio preciosos, un golpe político maestro que embaucó a muchos partidarios del libre mercado. Como consecuencia, en las mentes de muchos, la libertad económica ha fallado. En realidad, no. El paso vital para la recuperación es describir de nuevo el problema.

La fascinación con el capitalismo de Davos es comprensible: gente brillante resolviendo nuestros problemas, acabando con la pobreza global y las vicisitudes del mercado libre.

Es el sueño, en palabras de T. S. Eliot, “de sistemas tan perfectos que nadie necesitará ya ser bueno”. Esos sistemas no existen. La moralidad es indispensable. Ni habrían funcionado si en verdad los hombres y mujeres reunidos en Davos hubieron sido los mejores y más brillantes, porque ningún grupo es lo suficientemente bueno, inteligente, o profético para manejar centralmente las oportunidades y decisiones que forman el mercado.

Tendemos a pensar en el mercado como una fuerza inanimada y en la Economía como si fuese Alquimia, en donde unos pocos conocedores brillantes saben lo que pasa. Pero los mercados no son inanimados; son relaciones entre personas. Los esquemas tecnocráticos de Greenspan y Paulson y Geitner y Bernanke y de las administraciones de Clinton-Bush-Obama manejando a la economía, han hecho claro que quienes están a cargo saben menos que nosotros.

Hemos intentado la tercera vía engañosa —llamada Davos—y ha fallado.

Existía una alternativa, pero ella no fue intentada. De haberse dejado operar a los mercados libremente, ellos habrían reaccionado y reflejado la realidad. En su lugar, la política gubernamental ha escudado a empresas e individuos de las consecuencias de nuestras acciones y al hacerlo, han perpetuado una sociedad de adolescentes egoístas.

El fin de la libertad económica no es una sociedad de productores y consumidores en equilibrio. La libertad económica es importante porque crea espacios para que la gente viva su libertad, cuide a sus familias y satisfaga sus responsabilidades.

La libertad económica es necesaria porque permite a la gente tomar riesgos y crear prosperidad material para una vida floreciente. Se necesita porque sin ella no puede haber libertad política. Ambas requieren virtudes individuales y una cultura moral para el sustento.

No son adecuadas ni una cultura de adolescente caprichoso, ni una sin alma, aislada de sus raíces históricas, de los sacrificios y luchas de nuestros padres cuyo espíritu y dedicación a la libertad que la hizo posible.

Lord Acton escribió, “La libertad es la delicada fruta de una civilización madura”. Debemos comenzar de nuevo el trabajo de reconstruir una cultura moral —comprometida con la verdad, la responsabilidad y una profundidad espiritual que el Hombre de Davos no puede proveer. Nuestra libertad depende de ello.

Nota del Editor

Pocos escritos tan breves y directos como éste, para establecer que las reuniones de iluminados para dirigir a la economía son contrarios al espíritu de la Economía de Mercado. El enorme mérito de M. Miller es apuntar hacia la idea de F. Hayek, la de que es imposible planear centralmente, señalando otra instancia de ese intento: la reunión de mentes brillantes en Davos. Quien defiende la libertad humana no puede sino señalar los peligros inherentes a las reuniones de ilumninados que creen saber lo suficiente como para decir a otros lo que deben hacer.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



No hay comentarios en “Capitalismo de Davos”
  1. Renher Dijo:

    Es un gran punto resaltar lo parecido que es la planeación socialista de la economía y lo que se tiene hora con los brillantes de Davos haciendo lo mismo. Es el mismo problema que se planteó la escuela de los austriacos y que dice que nadie tiene el conocimiento que se necesita para administrar una economía. Cuando la economía no se planea por parte de los gobiernos, ella no produce bums económicos fabricados y falsos.





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