Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Caridad No, Comercio Sí
Leonardo Girondella Mora
10 julio 2009
Sección: PROSPERIDAD, Sección: Asuntos
Catalogado en: ,


Lo que se necesita es ayudar a los agricultores. Lo que se necesita es ayudar a los pequeños empresarios. Lo que se necesita es ayudar a los países pobres. Lo que se necesita es ayudar, ayudar, ayudar —eso es lo que pasa creyendo ser el secreto de la prosperidad.

¿Quiere usted ayudar a África? Acuda a un concierto que recolecta fondos para ayuda a algún país pobre. La ayuda —como condonación de deudas y envíos masivos de fondos— es el camino al desarrollo. Se necesita más caridad, más dinero que darles a los pobres, más programas de ayuda. Eso dicen y eso suelen hacer.

Si fuera eso la clave, África estaría hoy por encima de EEUU en prosperidad —sus naciones encabezarían las listas de países más desarrollados. La causa: el total de la ayuda dada a África es igual a cinco veces el Plan Marshall, esa ayuda que EEUU dio a países de Europa Occidental después de la Segunda Guerra Mundial.

La considerable ayuda, por lo que se sabe, no ha tenido resultados —ni siquiera dignos de mencionar. La situación sigue más o menos igual. Es sensato considerar que la clave del progreso no está en mandar dinero y más dinero. Esta clase de caridad puede tranquilizar conciencias, pero no hace mucho más.

La ayuda, cuando se concede sin prudencia, tiene efectos contraproducentes —cultiva la dependencia, fomenta la pasividad, genera corrupción, crea oportunidades de negocios improductivos. Una caridad sin sensatez se vuelve causa de eso que pretende remediar —a los gobernantes les es de provecho seguir teniendo ciudadanos pobres, igual que a las ONGs que de eso se sostienen.

La compasión con cautela, la ayuda con discernimiento —eso es lo que se necesita, en África y donde sea que se desee lograr prosperidad. En México, como en otras parte, sectores como el campesino han recibido ayudas gubernamentales imprudentes por décadas. Aún las piden y reclaman. No han salido de su atraso.

Debe pensarse bien, debe suponerse que no hay malas intenciones —que nadie maquina complots para mantener la pobreza y seguirla explotando como un negocio que produce beneficios: esas ayudas. Pero eso es lo que logran en el saldo final, nada —la pobreza sigue allí.

Quiero cambiar el plano en el que funciona la ayuda imprudente. Ella supone que el remedio de la pobreza está en una sola variable externa, la ayuda del exterior —esos cinco planes Marhall que van de los países desarrollados a las naciones pobres de África. Presuponer eso es igual a tener un modelo mental simplista y univariable.

La ayuda prudente tiene más variables y no sólo externas —en realidad, las soluciones más efectivas consideran variables externas y también internas. Por ejemplo:

Variable externa: ayudas. Es la que en la actualidad se concentra el esfuerzo —no es ella suficiente y creer que sólo ella tiene poder de solución produce lo contrario que busca, fomenta la pobreza. Ella es necesaria en casos aislados, en los que haya rendición de cuentas.

Variable externa: comercio. De enorme impacto —consiste en abrir fronteras a los bienes producidos por los países pobres, una acción que es con frecuencia negada por los mismos gobiernos que otorgan ayuda externa.

Variable interna: estado de derecho. Es responsabilidad de los gobiernos de las naciones pobres lograrlo —hablo de leyes y su respeto, derechos de propiedad, facilidad de apertura de negocios, corrupción baja, aplicación de justicia, división de poderes políticos, respeto a contratos. Es la lista obvia y conocida. Es la variable principal.

Todo se reduce a modos de pensar.

La mentalidad predominante establece un mecanismo irreal que supone que la prosperidad de A es producida por la ayuda que recibe de B y que eso es todo lo que se necesita para que A deje de ser pobre. Pensar esto es tan absurdo que ni merece considerarse —y sin embargo, es lo que se hace.

La mentalidad más razonable es la que considera más factores externo e internos, especialmente los internos —se trata de que A, el que recibe la ayuda, también haga algo y se convierta en un agente activo, no un receptor pasido dependiente. Más, por supuesto, medidas más efectivas externas como la apertura de los países ricos a las mercancías del resto.

Sin implantar el modelo de la caridad prudente, no hay salida de la pobreza —se podrían dar otros diez planes Marshall a África o a cualquier otra región, que sin cambios internos, la situación empeoraría.

Addendum

En un ejemplo más cercano, esta es la misma situación que tiene la familia con el hijo que es un problema y a quien todos ayudan dando dinero —el flujo de efectivo seguirá sin resolver el problema hasta que el hijo haga algo por sí mismo.


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