Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Cazadores y Pescadores
Eduardo García Gaspar
12 noviembre 2009
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Una Segunda Opinión, Y FABULAS E HISTORIAS
Catalogado en: , ,


La historia comienza con un cazador que todos los días regresaba a su pueblo. Había estado en el bosque y cazando conejos. Iba de vuelta con la comida del día, la que su familia ya empezaba a odiar por ser lo diario.

Pero un día, por el mismo camino, se encuentra a un pescador, con el que conversa sobre las tareas del día. Y encuentran que en común tienen un problema. La familia del pescador come todos los días pescado y la del cazador, conejos. Ambas familias están cansadas de lo mismo todos los días.

Y como si los dos pensaran lo mismo al mismo tiempo, deciden hacer lo obvio, intercambiar pescados por conejos. Lo hacen y prometen realizar lo mismo al día siguiente. El intercambio se realiza día tras día, hasta que otro hombre del pueblo que ha sido testigo de los intercambios, les da un consejo.

Les dice, “Sin duda el intercambio os produce placer y gozo, pero debéis recordar que los placeres se agotan de tanto realizarse. Llegará un día en el que serán añorados los productos de vuestro trabajo y el que cazaba conejos querrá de nuevo los conejos para sí. Y quien pescaba, querrá los pescados para sí”.

La historia que es de la colección de las fábulas de Esopo, tiene una moraleja clara que el autor ha señalado: la abstención del placer es buena. Un placer repetido una y otra vez llega a cansar y deja de ser placer. La moraleja es buena, los placeres sacian, pero el caso que seleccionó Esopo es pésimo.

El trueque, intercambio, o como quiera llamársele nunca ha dejado de realizarse. Produce un beneficio, un gozo, pero uno que no ha producido saciedad. Probablemente, el intercambio de bienes fue uno de los primeros actos humanos… y lo sigue siendo. Los intercambios, notó Adam Smith, son parte de la naturaleza humana.

Somos los únicos seres que intercambian bienes de una manera sistemática y ordenada, basada en la apreciación de los bienes en un mutuo acuerdo. ¿Cuántos conejos vale un pescado? Nadie lo sabe, a excepción del pescador y del cazador que se ponen de acuerdo según la propia evaluación de sus necesidades.

Lo que sea que ellos determinen por mutuo acuerdo, eso es el precio justo, la tasa correcta de intercambio de pescados por conejos en el momento en el que se realiza. Y el gozo de los intercambios es de tal magnitud que por mucho que se realicen, no se sacia uno de ellos.

Es posible pensar en otro personaje, el agricultor que cosecha trigo y que le gustaría tener otros alimentos. Más que gustoso acudirá con el cazador y el pescador a ofrecer su trigo a cambio de conejos y pescados. Con cada personaje adicional, los intercambios se volverán más complejos, como lo son en un mercado de pueblo.

Subterráneo en ese proceso de intercambio, está algo difícil de notar: la especialización. Cada uno de los personajes realiza una labor en la que tiene ventajas de productividad. El cazador estaría perdido si fuera él quien pescara, o el que cultivara trigo. Esto es lo que difunde los beneficios en otros de la especialización personal.

Todos en el pueblo se verán beneficiados de los talentos del pescador, del cazador, del agricultor, del zapatero, del sastre, del carpintero. Y serán beneficiados aunque ninguno de ellos lo quiera. La situación los fuerza a ser efectivos en su labor, porque ésa es la única manera de que consigan las otras cosas que quieren.

El pescador quiere tener más pescados, el cazador más conejos, pero quieren más no para comerlos, sino porque con ellos es que obtienen trigo, calzado y otros bienes. Es decir, si quieren vivir mejor ellos saben que tienen que trabajar para dar gusto al resto.

Hablar de esto es un tanto penoso. Pero hacerlo es una obligación por una causa: muchas personas ignoran estas cuestiones básicas de experiencia diaria y de sentido común. Por ejemplo, esos que pretenden limitar el comercio ignoran que es precisamente ese intercambio lo que causa bienestar en la gente.

Si se entorpece o evita el encuentro del pescador con el cazador, los dos saldrán lastimados y vivirán peor de lo que podían. No son estas cuestiones ideológicas. Son asuntos de mero sentido común y que nos indican lo que debemos hacer para elevar el bienestar: facilitar esos intercambios entre personas.

Esopo, en este caso, erró. Los intercambios no son gozos que dañan, pero el mismo error cometen los gobiernos que obstaculizan la libertad de intercambio.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.




esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras