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CerriquínCon esta palabra se pretende dar un apelativo a las partes salientes de las chapas o picaportes de puertas, o incluso la lengua que cierra cuando se encuentra salida. Es frecuente que estas protuberancias no sean notadas por incautos que así ven parte de sus vestiduras atoradas en ellas, mismas que son rasgadas sin piedad. Los fabricantes de cerraduras en la actualidad parecen admitir este defecto en sus productos, razón por la que la mayoría de las chapas o picaportes en la actualidad son redondas y no tienen partes que pueden atorar a vestidos y sacos. Esas protuberancias de las chapas y picaportes han sido reconocidas en algunas obras de la literatura universal, incluso como partes principales de la historia narrada. Por ejemplo, en Ulises Junior de James Goicegoitia hay un párrafo que es digno de notar:
CuenbardíaDícese que esto padece la persona que expresa un alto nivel de cobardía cuando enfrenta la posición incómoda de pagar una cuenta, típicamente en un restaurante o un bar. Tales situaciones de cobardía son manifestadas por los seres humanos de maneras muy diferentes, siendo la ida a los sanitarios la más común de ellas; es decir, la persona que siente una probabilidad de tener que sufragar la cuenta de un restaurante emerge con el pretexto de tener una necesidad de la vejiga para poder ausentarse de la mesa en el momento que esa persona presiente que llegará la cuenta. De esta forma, la persona no estará presente en el momento climático del pago y más tarde mostrará sorpresa al saber que la cuenta ya ha sido liquidada por el imprudente que permaneció en la mesa. La cuenbardía, desde luego, presenta diversas facetas siendo la anterior la más común. Sin embargo, existen otros pretextos que persiguen el mismo objetivo, como el alegar que se ha dejado la cartera en casa o que la tarjeta de crédito está hasta el tope, lo que por lo general demuestra una enorme falta de imaginación. Existen, obviamente, diversos y muy variados pretextos para pasar el peso de la cuenta de un consumo a otros, como el alegar que el cónyuge examina los gastos, o bien que uno fue el que pagó la ocasión anterior cuando eso es una mentira. Este asunto ha sido examinado con gran profundidad por la señora Mounique González de Garza en su libro La Etiqueta de la Mesa, donde el capítulo correspondiente señala que es de mala educación el hacer cuentas en la mesa, pues lo correcto es tomar el total de la cuenta y dividirlo en partes iguales que cada persona cubrirá con cargo a su bolsillo, sin preocuparse por “quien pidió la ensalada con langostinos”, aunque esa ensalada tenga un costo superior. Desde luego, esa autora considera un error grave de educación el levantarse de la mesa cuando llega el momento de pedir la cuenta. Un fenómeno relacionado con éste es del de la cuencusión y que se refiere a la serie de arrebatos de papel que realizan las personas que se disputan el pago de la cuenta de un restaurante. Por lo común, la situación es la siguiente: el mesero lleva a la mesa el papel en el que se indica el total del consumo realizado, muchas veces con el análisis correspondiente de los platillos consumidos, acto que de inmediato produce el movimiento de los brazos de varias personas que intentan tomar el mencionado papel, cada una de ellas alegando que es una invitación personal, lo que a su vez produce una reacción idéntica en la otra persona. Aunque por lo general estos conflictos tienen soluciones pacíficas, se sabe de casos en los que la violencia física se ha presentado. Un diálogo clásico de la cuencusión es el siguiente:
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