Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Ciclo: Ilusión-Desencanto
Eduardo García Gaspar
7 diciembre 2009
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
Catalogado en: ,


El suceso se repite con tanta frecuencia y consistencia que llama la atención. El último que escuché de esa serie, fue un comentario en la radio: el presidente Calderón había usado la frase electoral “presidente del empleo” y la realidad era otra muy opuesta.

Comentarios iguales se han repetido por decenas sobre Calderón y eso es todo un fenómeno digno de una segunda opinión, por una razón.

Quien hace el comentario suele usar el tono de haber tenido una gran revelación única digna de señalar. Como si fuese un descubrimiento portentoso hecho por una mente profunda.

La realidad es que eso que se supone es todo un descubrimiento es el patrón estándar y normal de todo político. Ninguno de ellos suele cumplir con lo que promete.

Los mexicanos podemos recordar la frase de Echeverría, “arriba y adelante”. Los gobernantes son una larga cadena de promesas incumplidas. Recuerde el desempeño de Fox y compárelo con sus promesas, o a López Portillo.

Por eso es que admira, y mucho, que demasiados sientan haber descubierto algo único ahora con Calderón y su falta de cumplimiento de creación de empleo. Basados en experiencias pasadas cualquiera habría pronosticado con buena probabilidad de acertar que no se lograría esa promesa. La regla es fallar. La excepción es lograr.

No creo que nadie en su sano juicio pueda esperar que las promesas electorales sean cumplidas. Sorprenderse de que no lo han sido es tan absurdo como el descubrir que los árboles tienen hojas.

Y, sin embargo, por alguna extraordinaria razón, sucede. Muchas personas, demasiadas, creen esas promesas de campaña y se tragan íntegros los discursos del político.

Siendo así la realidad, no extraña que una forma de evaluación del gobernante sea su arte al hablar. Quien lo domina, tiene ya una ventaja sobre su opositor.

Es el arte de la forma, no del contenido (algo de lo que Obama es un gran ejemplo). Pero eso se sabe y conoce, lo que no se ha examinado tanto es la credulidad del electorado.

Entiendo que en un ataque político el PRD señale la falla de Calderón al no cumplir con su promesa de empleo. Pero lo que no alcanzo a comprender es que personas más o menos razonables, como ese comentarista de radio, se sientan sorprendidos por el incumplimiento de promesas electorales cuando ésa es la regla y no la excepción.

Examinemos esto. Imagine usted que su vida depende de ser o no elegido a un puesto de elección popular. Usted hace una campaña cuyo objetivo es lograr más votos que sus opositores. ¿Cómo lograrlo? Persuadiendo de que votar por usted le representará un bien al elector.

Muy bien. Entonces va usted a una reunión con cantantes de música ranchera y les tiene que prometer algo, como dar subsidios a sus grabaciones. Luego se reúne con gente de una cierta parte de la ciudad y les promete la construcción de parques.

Si sus consultores le dicen que la gente considera que la falta de empleo es el gran problema, usted prometerá crear más empleos que sus opositores.

Así, las campañas electorales se transforman en una escalera de promesas cada vez mayores y más atrevidas. No sólo se promete hacer crecer a la economía a cierto nivel, sino que quiere dar gusto a todos… con otro problema: usted va a evitar hablar de las cosas desagradables.

No se le ocurrirá mencionar que los subsidios requerirán más impuestos, ni que los parques por hacer significarán menos escuelas.

Y, si usted o yo ganamos haciendo todas esas promesas, una vez en el poder la realidad nos alcanza en dos sentidos.

Uno, no podremos hacer todo lo que prometimos, era demasiado y la oposición nos lo impedirá en las cosas grandes para beneficio general.

Dos, nos encontramos en una posición de poder y en muchas cosas pequeñas ya no tenemos frenos: podemos hacer casi lo que nos convenga personalmente, para nuestro beneficio… al fin que ya estamos en el poder hasta la siguiente elección.

La variable oculta en todo el proceso no es el político en campaña, sino el electorado que cree las promesas. Hablo de una creencia literal en ellas y que más tarde produce ese desencanto al no realizarse. Pero el proceso se repite en la siguiente elección: vuelve a pensarse en que las nuevas promesas de los candidatos serán ahora sí cumplidas.

Lo que es admirable en verdad es que el ciclo de ilusión a desencanto se repita en cada elección sin notarlo y sorprendiéndose ante las nuevas promesas no cumplidas.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



2 Comentarios en “Ciclo: Ilusión-Desencanto”
  1. Ni Siquiera a Ése | Contrapeso
  2. Tormenta Casi Perfecta | Contrapeso




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