Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Coincidir en Opiniones
Eduardo García Gaspar
10 febrero 2009
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


No creo que percibamos mejor sensación personal durante alguna conversación que el constatar que la persona con la que hablamos sostiene opiniones similares a las nuestras. Si usted, por ejemplo, comenta que tal o cual película le pareció una tontería, y alguien más piensa lo mismo, ambos se sentirán bien.

No sé muy bien por qué nos pasa esto, pero puedo suponer que es porque nos agrada encontrar a personas con las que compartimos opiniones similares sabiendo que otros tienen opiniones diferentes. Sin esa condición de saber que otros opinan lo contrario, el sentimiento de bienestar no existiría.

Es como el hallazgo de un camarada en medio de personas que no piensan igual que uno. Eso sucedió mucho en México durante las elecciones de 2006. Quienes apoyaban a uno de los candidatos celebraban encontrar a otros que también lo apoyaban y esa alegría existía por saber que otras personas favorecían a otros candidatos.

Si acaso pudiese existir una situación en la que todos pensaran igual, ya no habría esa celebración del encuentro de un camarada de ideas. Preguntaría usted, por ejemplo, sobre la opinión que alguien tiene sobre la música clásica, sabiendo de antemano la respuesta. No tendría sentido siquiera el preguntar. No existirían opiniones.

Ellas existen porque son diferentes, o porque tienen la posibilidad de serlo. Recientemente estrenada, la película Che (cuatro horas, dividida en dos filmes) muestra una opinión de Guevara, el revolucionario. La maravilla es que hay otras opiniones, que lo muestran con una cara muy diferente.

Más aún, eso genera otras opiniones sobre la posibilidad de que una película pueda ser una forma de aprendizaje real. Estoy seguro de que después de ver esa cinta, algunos saldrán creyendo que han aprendido algo sustancial, mientras que otros pensarán que han idealizado a un personaje que fue un matón.

Y quien encuentre que otro piensa como él lo celebrará, por lo que he dicho, porque sabe que hay otros más que opinan de otra manera e incluso lo opuesto. Pero, la celebración de encontrar a gente que piensa igual, tiene una consecuencia negativa: puede uno encerrarse en las opiniones propias, sin enfrentar a las contrarias y, por eso, dejar de mejorar.

Si alguien ve la película y piensa que el Che es una personalidad admirable tiene la posibilidad de vivir en un error si no enfrenta a las opiniones opuestas. Este paso, el de conocer a las opiniones contrarias y, más aún, concederles atención, es al menos difícil. Es más placentero permanecer entre quienes piensan igual que uno.

Un caso que me llamó mucho la atención. Fue una entrevista en la radio, no hace mucho, en la que un biólogo defendió al evolucionismo diciendo que quienes no lo aceptaban eran unos fundamentalistas retrasados (o algo similar). La actitud de la persona me impresionó lo suficiente como para ponerme a leer sobre el tema y ambas posturas, que tienen argumentos dignos de ser explorados racionalmente.

Todos nos beneficiaríamos de esa discusión pausada entre los expertos, pero no de sus defensas emocionales, ni de su preferencia por mantenerse entre quienes piensan igual. Pero eso no sucede con la frecuencia que debiera, lo que nos impide un placer aún mayor que el de encontrar a alguien que piensa como nosotros.

Me refiero al placer de una discusión ordenada entre quienes sostienen dos opiniones diferentes, pero a quienes domina una opinión aún mayor, la de encontrar una opinión mejor. Lo que en la realidad sucede es otra cosa, fascinante, a la que han llamado guerras culturales.

Son exposiciones de ideas o tesis opuestas, como la del evolucionismo y el creacionismo, o la del calentamiento global, o la del intervencionismo estatal contra el liberalismo. Estas guerras funcionan así: los partidarios de cada postura lanzan sus argumentos a las personas en general y no expertas, esperando convencerlas de su opinión.

El problema es que ese mecanismo no es satisfactorio. La realidad sobre el Che Guevara, por ejemplo, no puede dirimirse por medio de opiniones mayoritarias derivadas de películas bien o mal producidas. La realidad no está determinada por la calidad de impresión de un libro, o de producción de una cinta. Es necesario razonar, no maquillarse.

Post Scriptum

Un reciente artículo trató el tema de la película, Hollywood’s Radical Che Chic. El artículo de A. Vargas Llosa resulta básico para el interesado en el personaje.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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